Al lado de Macri, Aníbal fue un titán
Por Eduardo Blaustein
Un repaso de la gestión de Ibarra a propósito de la discusión sobre kirchnerismo y progresismo en Capital.
La discusión acerca de qué candidato del Fpv es el mejor para ganar las elecciones en Capital no se puede escindir de la necesidad de garantizar una campaña que interpele a sectores no kirchneristas para ganar sus votos. Hay quienes sostienen que apuntar al imaginario progresista de la ciudad, a la difusa ideología progresista, no aporta nada. En parte tienen razón: tal como dicen las encuestas muchos votos que irían a candidatos macristas para la jefatura de gobierno porteño hoy optarían a la vez por Cristina Kirchner como Presidenta. Pero quienes impugnan de un saque al progresismo no tienen tanta razón cuando se trata de sopesar un voto con fuerte tradición en el distrito o cuando se trata de repasar y comparar gestiones. Destituido por la tragedia de Cromañón, la gestión de Aníbal Ibarra, vista a la distancia, queda revalorizada si se la compara con el desierto y el vaciamiento de lo público de la era Macri. El gran problema de Ibarra, amén de Cromañón (cuando quedó al desnudo su casi nulo armado político en la Legislatura) fue político: sobreviviente de los años de la Alianza, quedó disminuido y encerrado entre la potencia del primer kirchnerismo y la emergencia de la “nueva política” prometida por el macrismo, por entonces creíble para muchos votantes. Sin embargo, poco antes de Cromañon la imagen positiva de Ibarra superaba el 40 por ciento.
Cuando comenzaba a calentar motores el gobierno de Ibarra debió desenvolverse en el contexto de la crisis del 2001, una ciudad devastada. Ese año la recaudación cayó a 2.927 millones en términos nominales, siendo que en 1998 se recaudaban 3.200 millones de pesos. Pese al estallido el gobierno porteño, al contrario de lo sucedido en la mayoría de las provincias, no emitió papelitos tipo Lecop o Patagones. Ibarra concentró los recursos en paliar los efectos sociales de la crisis: creó un sistema de becas estudiantiles que pasaron de cero a 42 mil en 2006 y pasó a entregar de 267 mil desayunos, almuerzos y refrigerios en 2001 a más de 300 mil en 2003. Aunque hoy Macri lamente y maldiga la cantidad de conurbanos y bolitas que se atienden en el sistema público de salud, a Ibarra le tocó hacerse cargo de los miles de caídos del modelo privado. Desde 2000 a 2004 hubo un incremento de 11,2% en la cantidad de consultas externas en los hospitales: fueron 8.321.685 en 2000 y pasaron a 9.375.117 en pocos años. En sus años de gestión inauguró cinco nuevos Centros de Salud y 37 nuevos Centros Médicos Barriales (contra cero existentes en el año 2000). También remodeló el hospital Elizalde. Macri había prometido en campaña un gran hospital en Lugano que terminó siendo un centro de salud.
Si Daniel Filmus ganó prestigio como ministro de Educación, eso comenzó en ese período. Además de la creación del sistema de becas, para el 2005 la gestión llevaba doce escuelas inauguradas, se habían creado 26 nuevas escuelas plurilingües, 16 escuelas primarias pasaron de jornada simple a completa.
Ibarra afrontó la emergencia con una serie de políticas sociales que padecieron de fragmentación (distintos planes, becas, comedores, colonias en las escuelas). Comenzó a paliar esa fragmentación con el programa Vale Ciudad que fue puesto en marcha en enero del 2003 y en 2005 era recibido por 25.000 familias. Hacia finales de su gobierno puso en marcha un programa más novedoso que fortaleció Jorge Telerman y que aún sigue en pie, el de Ciudadanía Porteña, que es un antecedente local de la Asignación Universal por Hijo, incluyendo las contraprestaciones (controles sanitarios y de escolaridad). Ese programa, al que los beneficiarios pudieron acceder mediante una tarjeta emitida por el Banco Ciudad, impactó sobre la calidad de vida de cerca de 70 mil hogares, 252.061 personas que ya hacia 2006 podían adquirir alimentos, productos de limpieza o combustible en una red de comercios conformada por cerca de 1.400 establecimientos. Macri no se metió con ese programa, pero sí redujo la proporción de partidas en otras políticas sociales.
Con más plata. Hacia 2003, aún sin salir de la crisis, la ciudad de Buenos Aires a duras penas pudo recaudar 3200 millones de pesos contra un promedio de 10 a 11 mil millones que se pudieron obtener más adelante gracias a la recuperación económica nacional. Todavía en 2006 se le llamaba “presupuesto record” a 7500 millones de pesos y por entonces la participación del plan de obras en el gasto total era cercana al 21%. Ante un nuevo contexto económico y social (hacia 2005 se habían creado 110 mil nuevos empleos en la ciudad, el descenso de la pobreza era del 36,26 por ciento contra una caída media nacional del 21,5) el gobierno de Ibarra pudo pasar a una etapa más ofensiva en términos, por ejemplo, de obras públicas visibles.
Casi un 70 por ciento de la inversión pública de los últimos presupuestos de la gestión fue destinada al sur de la ciudad. Las obras del subte H (hacía varias décadas que no se iniciaba una línea nueva) fueron parte de esa estrategia, en el marco de la expansión general de la red: cuatro frentes de obra simultáneos que configuraban por entonces una ampliación de 12 kilómetros, incluyendo la extensión de la línea A hasta Flores, la B a Villa Urquiza y el desarrollo de la H en dirección a Pompeya. Fue también en el sur de la ciudad que se construyó el Centro Metropolitano de Diseño, el polo educativo en la Villa 21 de Barracas, polideportivos, la autopista 27 de febrero, centros de salud, el Parque Roca en el que se juega la Copa Davis y la primera etapa del gigantesco Parque Indoamericano. El sur recibió el grueso de las partidas destinadas a políticas sociales.
Hay dos promesas emblemáticas de la gestión Ibarra que no se hicieron realidad: el Anillo Vial para circunvalar la ciudad y el soterramiento de las vías del Sarmiento. Su política de vivienda nunca alcanzó a tener recursos suficientes ni potencia. Sin embargo, en el 2005 se hicieron 1527 viviendas en las villas, se construyeron otras 227 en cooperativas o por autoconstrucción y se benefició a 38.482 familias mediante mejoras en infraestructura (electricidad, agua, cloacas, desagües pluviales). Para cuando Ibarra dejaba el gobierno, la información oficial hablaba de 3547 viviendas en ejecución (muchas realizadas por Telerman) y 5149 a ejecutarse con una inversión que entonces se proyectaba en $465millones. La ejecución de viviendas en la gestión Macri, se sabe, fue virtualmente nula, excepto por terminar una parte menor de lo que heredaba. Macri heredó también, y hace poco lo reconoció por televisión, la arquitectura financiera iniciada por Ibarra en Washington para encarar las obras en el arroyo Maldonado, las más ambiciosas del Plan Hidráulico y de lo poco que dejará el ingeniero como marca de gestión.

Comentarios
POR FIN SE REIVINDICA A IBARRA Y A FILMUS SU GRAN MINISTRO, LOS PORTEÑOS SOMOS JODIDOS , SIMPRE NOS CREEMOS MAS PIOLAS Y YA VES, ....POR FAVOR!!!! A NO EQUIVOCARSE TANTO!!!!!!!!!!!!!!
es necesario unificar en la ciudad a ese progresismo con los que proponen la reivindicacion de lo nacioal y popular y chau macrifrh
Por fin alguien se acuerda de reivindicar una gestión que, además de haber sido infinitamente mejor que la de Macri, fue el resultado de una alianza de sectores progresistas. Y que pareciera que hay que negar, en un intento desesperado por negar la existencia misma de quien fuera su cabeza, Ibarra. Llega a tal punto el delirio que algunos ni siquiera lo proponen en las encuestas de candidatos a Jefe de Gobierno....
Enviar un comentario nuevo