Más bien era al revés

Récord. en 2010, 36 leyes fueron vetadas por el jefe de gobierno, Mauricio Macri.

Por Eduardo Blaustein.
Si un año y pico atrás, ante otro escenario y clima político, se les hubiera preguntado a los porteños quién vetó más leyes, si Mauricio Macri como jefe de Gobierno o Cristina Kirchner como Presidente, la respuesta mayoritaria hubiera sido “Cristina”. El fantasma de un gobierno nacional “vetócrata” se agitó en épocas del Grupo A, especialmente luego de que Cristina sumara dos vetos importantes: el de la Ley de Glaciares y el relacionado con el 82 por ciento móvil para los jubilados. Sin embargo, y muy al contrario de lo que se sostuvo durante un par de años, la Presidenta no sólo vetó mucho menos que el jefe de Gobierno sino que sus vetos totales se redujeron a ese par de casos. Los vetos acumulados por Macri demuestran el caso inverso: por lejos, muchos más vetos totales que parciales. El cambio de escenario, en el que juega el hecho de que hoy circule información más diversa, explica que unos días atrás hasta el diario La Nación se permitiera un buen gesto de equilibrio editorial publicando un artículo crítico acerca de los vetos acumulados por Macri (hoy 97). La actitud de Clarín es distinta, de franco ocultamiento; son otros y mejores los negocios que lo ligan al gobierno porteño.

Alguna vez Daniel Filmus calculó que Macri vetaba una ley cada quince días. Del informe elaborado por el equipo de Filmus se desprende que en 2010 batió todas las marcas acumuladas: 36 vetos en un año. Cuando comenzó el año siguiente llegó a la docena en siete días. Semanas después, cuando se le consultó a Macri la razón del veto de la ley que creaba los foros de seguridad, respondió:
–Esa no sé por qué se vetó, porque eso también lo deciden los ministros.
A falta de mejores precisiones de Macri habrá que interpretar que vetó “esa” porque, antes que estimular algún tipo de participación vecinal que transparente y haga más eficientes las políticas de seguridad, prefiere una política comunicacional, ganavotos, dirigida especialmente contra conocidos molestos: trapitos, manteros, usurpadores del espacio público, pobrerío general. Dicho sea de paso: la dilación en el tiempo del conflicto con los manteros de la calle Florida –típicamente “municipal” aunque esté ligado a la economía informal, al desempleo y eventualmente a ciertas mafias– debería instituirse en clase de instrucción cívica, en demostración didáctica de lo complejo que es gobernar, más allá de qué política específica se dé el macrismo sobre el tema. De tiempos de la gestión Ibarra queda sobre la avenida de Mayo una galería aún poblada por artesanos y comerciantes que negociaron mudarse ahí.
También en aquellos tiempos del gobierno de Aníbal Ibarra el discurso opositor de Macri repetía hasta el hartazgo un par de caballitos de batalla: el “despilfarro en publicidad oficial” y la ridiculez presunta, igualmente derrochona, que significó para el líder del PRO la creación de la señal Ciudad Abierta. Esa señal fue inicialmente conducida por la dupla Mariano Cohn/Gastón Duprat, mucho más fascinada en ciertas exploraciones estéticas que en hacer algún “uso político” del canal. Desde los primeros días de la gestión Macri Ciudad Abierta agoniza repitiendo los viejos contenidos (algunos muy valiosos) generados en el período Ibarra-Telerman. En cuanto a la publicidad oficial, fue Mauricio Macri el que vetó en febrero de 2010 nueve artículos cruciales de una ley que había sido aprobada por unanimidad por los 56 legisladores que estuvieron presentes en la votación, es decir incluidos los PRO.
Ese es otro rasgo original de Macri: vetar cantidad de leyes que habían consensuado sus propios legisladores. En el caso de la ley de publicidad oficial para la ciudad, el proyecto original incluso tomaba propuestas de la diputada PRO Diana Martínez Barrios, que fue nada menos que presidenta de la comisión de Comunicación Social. Suceden esas cosas con el macrismo, pero el discurso de los medios (que ya no son tan) dominantes identifica verticalismo sólo con kirchnerismo. Y cuando se exige, razonablemente, de la necesidad de sancionar una ley de publicidad oficial, se toma la escala nacional exclusivamente. Otro detalle: la ley prohibía hacer publicidad oficial en los 30 días previos a las elecciones. Macri vetó el artículo correspondiente diciendo que ese plazo le parecía “excesivo”. Cuando compitió electoralmente en 2007, sin embargo, había prometido no solamente no emitir publicidad oficial en ese plazo sino además no inaugurar obras públicas.

Dime lo que vetas… Alguna vez Macri explicó que la mayoría de leyes que vetó “conllevaban gastos, sacrificando inversión”. Ajá, ponele que sí, pese a que su gobierno disfruta de presupuestos y recaudaciones récord que no tuvieron sus antecesores (algunos de los cuales gestionaron casi en crisis económica permanente). El método de “Dime lo qué vetas y te diré quién eres” (ver nota principal) da respuestas más precisas que la contestación esgrimida por el jefe de Gobierno: vetos referidos a la defensa de las fábricas recuperadas, a la creación o sostenimiento de centros culturales, a mínimos avances contra los intereses de los laboratorios. Las cuestiones en juego son ideológicas y de defensa de los dineros privados: temas ligados con la defensa de los derechos humanos (incluyendo el derecho a la vivienda, la salud, el trabajo o el acceso a la comunicación), valoraciones determinadas acerca de lo que es el espacio público.
Cristina Fernández de Kirchner vetó totalmente las dos leyes mencionadas más arriba y parcialmente otras 14 normas. Mauricio Macri, hasta hace cerca de un año, llevaba acumulados nada menos que 51 vetos totales sobre 77. Si es por juzgar sólo la compulsión al veto, ¿quién de los dos tendría más rasgos “monacales”, según el adjetivo aplicado por la derecha?
Fue Cristina misma la que alguna vez salió al cruce de la leyenda sobre la vetomanía. Lo hizo al inaugurar el año legislativo 2010. Dijo: “¿Se acuerdan que decían que esto iba a ser una vetocracia? Parecía que yo iba a ser Betina, en vez de Cristina. Déjenme decirles que esta Presidenta, en tres años de gestión, proporcionalmente ha hecho vetos por el 0,70%; solamente superada en menor cantidad de vetos por el presidente Kirchner”.
Según datos procesados por el Programa de Estudios Electorales y Legislativos (Peel) de la Universidad Torcuato Di Tella, efectivamente Cristina Kirchner es la presidenta que menos vetos totales aplicó desde 1983. El mayor promedio lo encabeza el bueno de Fernando de la Rúa (sobre 325 leyes aprobadas) con 23 vetos por año, seguido por las dos presidencias de Carlos Menem (18,16 y 21,5, sobre 835 y 713 leyes) y luego por la de Eduardo Duhalde, con 18,5 (181 leyes). El promedio de Alfonsín es de 8,16 (sobre 645 leyes aprobadas), el de Néstor Kirchner 9,5 (600 leyes), el de Cristina 6 (303 leyes hasta el 2010). Más curioso aún, si lo que se toma es el porcentaje de vetos totales sobre todas las leyes sancionadas, el presidente más “vetador” es quien debería –ya sea por presunta tradición radical o delicado progresismo frepasista– el más republicano: Fernando de la Rúa. Le siguen Duhalde, Menem, Alfonsín y Néstor Kirchner.

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