En las estaciones de Retiro y Constitución, amuchados en defensa propia. Surfeando los pasamanos, en las escaleras mecánicas. Trepándolas a contramano, un módico gesto contra los buenos del mundo. Compartiendo el tetra alegre o el poxirán. Yertos sobre nada, en la vereda dura, como para que no sepamos si están vivos (es sólo para jodernos). Bajo los puentes de las autopistas, en sus dormideros. Rodeados de bolsas de polietileno y de sus curiosas pertenencias. Cuanto más estragados, más difícil asignarles edad; los ojos expresan más vacío que dureza. Leer mas »