Por Eduardo Blaustein
Por mejores aspiraciones institucionalistas que contenga, ninguna ley puede resolver lo que no produzca por sí misma una sociedad tan compleja como la argentina. Menos aún, en un país cuyas representaciones vienen estalladas desde antes del 2001, atravesado, además, por parecidos fenómenos de licuación de identidades, de fragmentación al infinito y de conflictos que atraviesan a tantas sociedades contemporáneas. Leer mas »