“Los pueblos demuestran que tienen mucho para decir”

Año 4. Edición número 174. Domingo 18 de septiembre de 2011
Lucía Topolansky, citando al Pepe Mujica. “A la cultura hay que darle toda la libertad posible”.
Un diálogo con la senadora uruguaya Lucía Topolansky Saavedra sobre las posibilidades que se abrieron con el actual proceso latinoamericano y la búsqueda de los nuevos valores.

Dice: “Yo hago política por vocación. Hoy, en el Senado de la República, me defino como una luchadora social, porque yo no soy un político de esos de carrera que dicen ‘primero voy a ser edil, después voy a ser diputado, después senador, después ministro y después aspiraré a ser presidente’”. Así se define la senadora uruguaya Lucía Topolansky Saavedra en diálogo con Miradas al Sur. Antes de comenzar su disertación en la mesa redonda sobre participación popular y militancia política, junto con la directora de Radio Nacional, María Seoane, la legisladora y esposa del presidente José Pepe Mujica reflexiona: “Pertenezco a un grupo político que en los años ’60 estuvo con las armas en la mano. Perdimos, sobrevivimos a la dictadura y nos propusimos un trabajo en la legalidad y hoy nuestro presidente pertenece a nuestro grupo, algo impensable en aquellos años”.
–¿Por dónde le parece a usted que pasan hoy los debates de la participación popular de la cultura en Iberoamérica?
–Estamos viviendo un momento muy particular de la historia y no es casual que los presidentes se hayan planteado que una de las formas para derrotar la inequidad y la pobreza sea a través de la cuestión cultural. Yo creo firmemente que es por ahí que tenemos que llegar a un diálogo con sectores que han quedado más excluidos. Pero también debemos tomar su aporte, porque todas las personas tienen algo que aportarle a la cultura, algo que se teje en la peripecia de los pueblos. Éste es un momento propicio porque también hay que dar un poco de aire, hay que dar un poco de escenario a la gente para que se exprese. Voy a repetir una frase que frecuentemente dice Mujica porque creo que sintetiza bien y es que “a la cultura hay que darle toda la libertad posible y la mayor cantidad de apoyos sin condición para que florezca, para que se desarrolle”. Después será la vida la que decante lo mejor, pero eso forma parte de los procesos naturales. Y la gente tiene mucho que decir cuando se la deja expresar.
–¿Cree que sin los actuales gobiernos esa expresión popular podría haber sido posible?
–Latinoamérica es una y es diversa también. La diferencia con los gobiernos latinoamericanos anteriores es que en estos momentos miramos al otro con respeto y no como algo de segunda. Entonces, apreciar lo nuestro no es una actitud cerradamente nacionalista, porque estamos en un mundo globalizado. Las otras culturas nos pueden aportar cantidad de cosas pero no debemos ponernos en el lugar del último orejón del tarro porque la identidad y la soberanía pasan por allí y entonces nos sentimos parte de ese proceso cultural.
–¿Cómo se hace para que las bases que se han instalado en los últimos años no se disuelvan, más allá de quién gobierne en un futuro
–Yo estoy confiada en que las cosas que se están implementando hoy van a permanecer. En el Uruguay tenemos un programa por el cual se distribuyó una Laptop para cada niño de la escuela pública y cada alumno del secundario hasta tercer año. No se las pueden sacar más porque las familias no lo admitirían. Esto no tiene retroceso porque fue un avance que la gente hizo suyo y lo va a exigir a rajatabla. Ahí es donde está la prueba de fuego para todos los que estamos haciendo cosas hoy en Latinoamérica. La gente, cuando se mete en algo, tiene un poder que es fabuloso. Lo que ocurrió es que muchas veces ha estado aterrorizada y entonces no la han dejado expresarse. Pero no bien puede hacerlo, mueve montañas. En mi caso particular, durante los 13 años que permanecí presa en Punta Rieles, la canción tuvo un papel fundamental. Por ejemplo, cuando cantábamos determinado tema, quería decir que se habían llevado a una compañera o cuando estábamos muy podridos de los milicos cantábamos otra y poníamos la alarma. Habíamos armado como un idioma paralelo en el que usábamos distintas canciones como símbolos. Entonces, yo creo que el privilegio de la cultura nos dio la oportunidad de existir.

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