Últimas imágenes del naufragio

Año 5. Edición número 192. Domingo 22 de enero de 2012
Bajofondo. Los buzos intentan acceder a las partes sumergidas del crucero italiano.
Una mirada humorística que asocia el accidente del Costa Concordia con la crisis cultural del Viejo Continente.

El último opus de Jean-Luc Godard, Film Socialisme, muestra el fin de un mundo, la espeluznante agonía de Europa. Se inicia a bordo de un gigantesco crucero con una máxima que dice lo siguiente: “El dinero es un bien público, como el agua”.
El viernes a la noche fue ese mismo crucero de Godard el que encalló a metros de la pequeña isla de Giglio. Ay, Italia! Perdiste todo pero supiste conservar tu tesoro más valioso, la mise en scène, para regalarle al planeta despavorido la alegoría más espectacular de la muerte ya consumada de un mundo, llámese Europa.
¡Ay, Europa! Un coloso de 114.500 toneladas, personificación inapelable de tu deriva consumista poscolonial, se cae con todos sus spas, sus piscinas, sus gimnasios, sus canchas de tenis, su solárium, su cine 4D y su casino, para agonizar de costado frente a una bonita isla de la costa toscana, como un bello recuerdo que endulza la muerte. La máxima de Godard el brujo (es que las noticias se empecinaron en alcanzar la cruel realidad exhibida por la película, ¡Ay, Grecia!) era en realidad un vaticinio: ahora sí, el dinero es un bien público, como el agua, toda la guita del blackjack en el Mediterráneo, las Mastercards flotando alrededor de las lanchas de pescadores.
En francés se usa la misma palabra para decir “encallar” y para decir “fracasar”: échouer. De hecho, ya están buscando al responsable del fracaso y se conforman con acusar al capitán que no es nada más que un fanático de Godard, pobre hombre. A los responsables, de toda manera siempre se los busca demasiado tarde. Cuando quedan restos, nomás. ¡Ay, Europa! Qué desgarrón en tu casco, te quedaste sin sangre.
Del naufragio del Joola, ferry senegalés que unía Dakar a la región de la Casamanza y que causó la muerte de 1863 personas en el año 2002, no se acuerda nadie. Pero claro, ahí adentro cero luna de miel, y total se perdió poca guita. En cambio, los del Concordia perdieron todo, che: ¡equipaje, llaves y documentos en regla!
El Mediterráneo hace rato que se llena de cadáveres. Lampedusa, otra isla bonita. Ya son miles los migrantes africanos que murieron ahogados frente al territorio italiano ubicado más al sur, aunque pertenezca geográficamente a África ya que el lecho marino entre ambos no excede los 120 metros de profundidad –suficientes para ahogarse–. Ahogados por querer forzar el ataúd, sin despertar piedad alguna en los ministerios de Roma, ocupados que están con su propia ceremonia fúnebre.
¡Ay, Europa! Te moriste dos veces, pero siempre en el mar. Llámese la mise en obscène.

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