La caja negra de la tercerización laboral

Año 5. Edición número 212. Domingo 10 de junio de 2012

En tiempos en que casi uno de cada cuatro trabajadores no podía realizar una hora de trabajo remunerada a la semana, ¿hubiese sido posible discutir la precarización y, más puntualmente, la tercerización precarizadora? La respuesta es negativa.
Hasta entonces, el que otorgaba sentido al trabajo era el desempleo. Vastos sectores de esta sociedad o habían perdido su trabajo o iban a trabajar diariamente sintiéndose “desempleados en potencia”.
Como consecuencia de la baja sustancial y sostenida del desempleo, las subjetividades pudieron sacudirse el miedo y la derrota para comenzar a recrear fuerza colectiva capaz de desnaturalizar las injusticias y materializar algunas transformaciones.
La precarización es el legado más persistente del desempleo y tonaliza, con distintas intensidades, el mundo del trabajo. Se expresa en formas múltiples: el no registro, que si bien ha disminuido es aún muy elevado, la gravitación del trabajador pobre, el fraude laboral, la vulneración de derechos que se produce de hecho en los lugares de trabajo cuando no se hace efectiva la representación gremial ni la inspección estatal del trabajo, y también a través de la tercerización o subcontratación.
La tercerización crece exponencialmente en nuestro país y en el mundo durante la crisis internacional de los setenta y es uno de los modos de ofensiva del capital al ciclo declinante de la ganancia que ocurría como consecuencia de la capacidad de los trabajadores para disputar salarios y mejores condiciones de trabajo y de vida. En Argentina, la tercerización nace con terrorismo de estado y se consolida durante los noventa, con las privatizaciones y en general las denominadas reformas estructurales.
Podemos decir que hasta los setenta la tercerización daba lugar a un mercado dualizado: el volumen de trabajo y de generación de valor agregado dependía de las grandes empresas y las pymes desempeñaban la función de amortiguar los ciclos económicos.
Desde entonces, la tendencia es la inversa: el mayor volumen de empleo y de valor agregado se traslada desde las grandes empresas hacia las pymes. Este proceso se produce con concentración del capital en términos económicos y en términos de capacidad de control y disciplinamiento de toda la cadena de valor. Lo que significa que quienes obtienen las mayores rentabilidades siguen siendo las grandes empresas que se aprovechan de su posición dominante en el mercado para imponer, a una miríada de empresas subordinadas, condiciones desventajosas y riesgos. Se produce entonces una suerte de nueva división del trabajo entre empresas.
Las grandes empresas, las más de las veces trasnacionales, se transforman en estructuras expulsivas, de enorme fuerza centrífuga, que externalizan hacia el resto del mundo, tanto procesos productivos como la contratación de trabajadores.
El funcionamiento de la tercerización, pensará con razón el lector, se asemeja a una caja negra.
Por un lado, un encadenamiento interminable de subcontratadas, entre las cuales coexisten desde empresas que registran a sus trabajadores hasta empresas clandestinas que los reclutan en redes de trata de personas, imponiendo los denominados regímenes de cama caliente, en definitiva, infringiendo hasta el más elemental de los derechos laborales. Esto se debe a que la tercerización convive, y muy bien, con el no registro, el fraude laboral y condiciones deningrantes de trabajo.
Por otro lado, encontramos la tercerización operando en un mismo establecimiento. Todos los días trabajadores con distintos empleadores, salarios, convenios colectivos y encuadramientos sindicales comparten la misma jornada, el mismo lugar de trabajo y la misma empresa en tanto usuaria directa de su fuerza de trabajo.
Imaginemos un hipermercado: en una misma sucursal pueden coexistir trabajadores eventuales, trabajadores de limpieza, trabajadores de seguridad y repositores externos. Cada uno de estos grupos tiene distintos empleadores. Pero también en las oficinas administrativas del hipermercado se replica la fragmentación entre trabajadores que seleccionan personal, realizan la atención telefónica de clientes, diseñan y administran una página de internet, etc.
El del hipermercado es sólo un ejemplo; la tercerización tiene lugar en todas las actividades económicas, en establecimientos privados y públicos.
La tercerización es un dispositivo económico y político. No sólo se trata de abaratar la fuerza de trabajo sino de aumentar su indefensión fragmentando a los trabajadores e impidiendo su identificación y organización colectiva.
La infiltración de la tercerización en el entramado productivo es de tal magnitud que debemos reconocerla como inherente al capitalismo contemporáneo. Opera, además, a escala global, impulsando, a través de las empresas trasnacionales, nuevas dinámicas de asimetría entre países.
¿Qué condiciones debe cumplir un trabajador para aumentar su probabilidad de sufrir la tercerización precarizadora? Si lamentablemente es poco o nulo lo que sabemos en términos de su magnitud y rasgos principales, la investigación existente es suficiente para concluir que los jóvenes y los trabajadores pobres tienen mucha más probabilidad de padecerla.
Al momento de cerrar estas reflexiones recibo a través de Pablo Ferreyra y el Cels una noticia muy importante: el próximo 6 de agosto comenzaría el juicio a José Pedraza, titular de la Unión Ferroviaria, por su responsabilidad en el asesinato del militante del Partido Obrero, Mariano Ferreyra.
En este juicio y en este asesinato queda patente la historia y la composición más tenebrosa de la tercerización: privatización de la administración de ferrocarriles; despido masivo de trabajadores; creación de empresas y cooperativas destinadas a tercerizar actividades habituales con el objetivo de disminuir costos y fragmentar a los trabajadores; dirigentes sindicales dedicados a lucrar en forma directa con la tercerización precarizadora de los trabajadores que deberían defender; ataques y hostigamiento de patotas de este sindicato empresario contra los trabajadores tercerizados; estado de indefensión por falta de intervención del Estado en materia de inspección del trabajo y, finalmente, por la liberación de la zona del conflicto por parte de las fuerzas de seguridad nacional y provincial, el día mismo en que se produce el asesinato.
Mariano, joven y laburante, con dos empleos tercerizados en su breve historia laboral, muere a los 23 años, luchando por la destercerización, reclamando solidariamente el pase a planta permanente de los trabajadores tercerizados del ferrocarril.
Hacer justicia significa, como mínimo, determinar las responsabilidades penales, volver inteligible el dispositivo tercerizador, comprometernos con las luchas por la destercerización que sostienen trabajadores de distintas actividades y regiones de nuestro país, potenciar la organización sindical en los lugares de trabajo, y finalmente, consolidar transformaciones que enfrenten la precarización que subyace a la tercerización laboral.

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