La pelea entre Alfano y Pachano en lo de Tinelli y el desconocimiento al hablar del virus
“Tenés las orejas llenas pero te sentís vacío, vas ofreciendo tu corazón a gente que en realidad no le importa cómo estás. Te vi demasiado, tengo el cerebro virtualmente muerto... Entonces dame más café y tv... vi tantas cosas que me estoy quedando ciego.”
Coffee and Tv, Blur
De sida, no. En este programa, no. De la enfermedad de una persona, no”, dijo Marcelo Tinelli cuando la pelea mediática llegó a su momento cúlmine –la vedette declaró a la prensa que Pachano le había pegado una cachetada y él denunció que Alfano lo trató de “sidoso de mierda”–. Desde el otro lado, los productores arengaban. Por el minuto a minuto sí que entregamos hasta la madre.
En principio, Tinelli se vio en el apuro de bajar la tónica de los cruces entre la vedette y el coreógrafo, pero hace más de un año que desde el programa de baile y todos sus programas satélites se viene hablando de VIH. De la peor manera. Ponchemos por dos segundos declaraciones anteriores: Alfano manifestando temor de hablar por el mismo micrófono de Pachano, Alfano no queriendo tomar del mismo vaso, Alfano asustada si le tosen cerca, etc. Inevitable no linkear con la ya conocida anécdota que cuenta Mirtha Legrand –se la contó a Pachano como para devolver una “confesión” cuando lo tuvo en su mesa a raíz de este tema–: la vez que un invitado con VIH la desafió a tomar de su vaso en cámara y la señora “se quedó helada y dudó”.
Desde la televisión, a toda hora y en todo canal se viene hablando del VIH de la peor manera. De ahí la gravedad de la controversia mediática. Se reproducen los peores mitos sobre el VIH una y otra vez sin asumir la responsabilidad que implica el estar frente a un micrófono o a una cámara de tevé. Los peores mitos. Siempre partiendo desde el desconocimiento, la falta de respeto y todos los prejuicios. La televisión se presta y refuerza esta situación instalada en el seno de una sociedad que todavía se mantiene bastante ignorante respecto de algunos temas.
Alfano le dijo “sidoso de mierda”, y los programas de espectáculos se encargaron de la riña igual que hubieran hecho si se trataba de otra pelea armada entre vedettes. Atrás del “sidoso de mierda” está el intento de descalificación de los que se presumen mejor, por no vivir con el virus. No se puede decir mucho más de una mujer que habló del VIH en términos de “Pobre Pachano, por algo será que fue castigado de esta manera”. El VIH entendido como un castigo.
También lo insultó apelando al “puto”, comunicando en la televisión otro de los mitos en torno del virus: si tiene VIH, entonces es homosexual. Desinformación. El 87% de la transmisión de VIH se da por relaciones heterosexuales, según datos oficiales. En Argentina se estima que 120.000 personas viven con VIH, que el 50 por ciento ignora esta situación, y más aún, que hay una feminización de las epidemias: de diez personas con el virus, cuatro son mujeres. Desde la Fundación Huésped se afirma que se trata de una epidemia cada vez más femenina, cada vez más joven y cada vez más pobre. El VIH no es gay.
La chicana televisiva, (clonaze) pan y circo, la búsqueda de más minutos de aire y más puntos de rating, se vuelve perversa cuando del otro lado de la pantalla hay miles de personas que viven con VIH. Personas que deciden no hablar del tema por miedo a perder el trabajo, por ejemplo. Más de 800 personas consultan el área de promoción de derechos de Fundación Huésped por haber sufrido algún tipo de discriminación.
Entre contar y “confesar”. Pachano relató en la mesa de Mirtha Legrand que fue el Chato Prada, productor general de Bailando por un sueño, quien le había pautado una entrevista en el programa de Viviana Canosa. Allí fue donde por primera vez “confesó” poseer VIH, como si se tratara de un delito o un pecado sancionable moralmente. Ya se sabía que Marcelo no, no quería hablar de “eso” en su programa. Pero claro que se necesitaba de un programa satélite donde se efectuara la “confesión”, para que de rebote le caigan los puntos de rating. Después, sí, se desarrolló la declaración en exclusiva, ampliada, llorada, en otro programa de la misma productora Ideas del Sur. Una vez más se lo pudo ver a Pachano al son de “confieso mi enfermedad” y a partir de ese momento, microturismo por todos los programas, el título de “valiente” otorgado por los diversos conductores de TV, y la coronación mayor para la Señora, que fue quien más tiempo lo tuvo al aire, rodeado de su familia, chorreando los tenedores con sus lagrimas, y “qué difícil, qué difícil hacer una entrevista así, cuando en la mesa también estaban su hijo y su mujer, qué gran mujer es Ana Sanz”, punto en el cual todos, pero todos hicieron hincapié. Porque una se recibe de buena mujer si tuvo una pareja que posee el virus, si fue la esposa de un hombre en la mira de todos los escándalos y aun así mantiene el perfil bajo.
La necesidad de “defenderse”. En su momento, cuando Pachano todavía no quería “confesar” que tenía VIH, salía a contestar al “puto” de Alfano diciendo que él tenía una hija y que había estado casado. Con respecto a lo de “sidoso de mierda”, se la pasó ofreciendo la radiografía de sus pulmones evidenciando un enfisema.
Pero no fue todo. “Si decís que tengo sida vas a tener que traer el análisis. Pero traé el tuyo también, quiero verlo. Y el de tus hijos. Porque en este país seis de cada diez hombres tiene VIH”, dijo Pachano, el reciente “embajador de los enfermos de VIH” devenido en “victima”. No se debería hablar de “victimas del Sida”, “personas que sufren de Sida” (ver recuadro). Vivir o no con VIH no es un motivo para avergonzarse. Y pretender agredir a las personas por el hecho de vivir con VIH sólo denota la rotunda ignorancia de quien lo hace.
La pelea Alfano-Pachano, como toda pelea mediática, tiene fecha de vencimiento y puede terminar en una, dos semanas. El VIH debería estar en la agenda de los medios. Los comunicadores deberían estar en condiciones de poder abordar la realidad de la enfermedad. No sólo se trata de una problemática de “salud”, es una problemática social, política, cultural y económica.
La decadencia cultural de la Argentina a 200 años de su nacimiento es evidente, y claro que sí, se mira por tevé.

Comentarios
Jimena Arnolfi, realmente un gusto leer una nota tan bien enfocada y con una refleccion tan amplia. Gracias por comunicar responsable y seriamente.
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