La historia en debate

Un anticipo de la entrevista a Oscar Martínez y Carlos Gabetta que se podrá ver hoy, a las 23 horas, por CN23. El periodismo en tiempos de dictadura, la profesión en el exilio y los desafíos de la transición democrática.

La historia en debate
Durante la presidencia de Raúl Alfonsín, Oscar el Chino Martínez y Carlos Gabetta regresaron a la Argentina después de años de exilio. Martínez ocupó puestos de gran responsabilidad en medios públicos: se hizo cargo de la Secretaría de Télam, luego de la dirección del noticiero de ATC y después de Radio Nacional. Gabetta estuvo en una de las mejores revistas de los últimos años, El Periodista de Buenos Aires. –Chino, vos formabas parte de la comisión interna del diario Clarín. Oscar Martínez: –Durante cinco años fui secretario general de la comisión interna del diario Clarín. Ahí constituimos la intersindical con el sector gráfico y fuimos parte de un movimiento muy significativo. Hubo un proceso de evolución muy importante de los periodistas, de los trabajadores de prensa, del sector gráfico y allí también aprendimos muchísimo. Sólo el golpe de Estado pudo romper con ese proceso de evolución y con la traición de adentro, que la hubo. –¿Te echan en febrero del ’76? O. M.: –El 3 de febrero del ’76 nos echan diciendo que éramos de todo menos bonitos, y quedamos un poco a la deriva. Conducíamos el gremio de hecho, porque al mes siguiente de la muerte de Perón, el gobierno de Isabel mandó una intervención armada a lo que era la Apba, la Asociación de Periodistas de Buenos Aires. A partir de allí, las comisiones internas decidimos la conducción en un comité ejecutivo que era absolutamente representativo de la gente, por eso tuvo éxito durante ese lapso hasta el golpe de Estado. Después vino la debacle, secuestros, torturas y todo lo que conocemos y todo lo que todavía falta por conocer. –¿Te fuiste a España? O. M.: –No, me fui a México, entre otras cosas porque México siempre fue una tierra de asilo, un país muy generoso, el conjunto de su sociedad. Allí se estaba fundando por esos días, estoy hablando de agosto del ’76, la Federación Latinoamericana de Periodistas de la que la Argentina era parte activa. El comité ejecutivo había designado que fuera Héctor Demarchi el representante argentino para la fundación, y un ratito antes lo secuestraron en la puerta de El Cronista Comercial. –Carlos, vos también te fuiste de la Argentina, en situación de persecución… Carlos Gabetta: –Así es. Yo era jefe de redacción de un quincenario que se llamaba Discusión, más o menos adscripto al frondizismo, que no era mi elección política. Pero en ese momento militaba en el Partido Revolucionario de los Trabajadores y hacía –lo que decíamos entonces con cierta presunción– inteligencia para el partido. Un día, en enero de 1976, llegó a mis manos una lista de todos los periodistas y sindicalistas –algo así como 25 personas– que eran candidatos a ser asesinados por el golpe de Estado, que ya era inminente. En la revista donde yo era jefe de redacción no se podía publicar porque estaban más o menos adheridos a esa ideología. Entonces, se lo pasé al partido que no tuvo mejor idea que publicarlo en Estrella roja y en El Combatiente. Tuve que pasar a la clandestinidad con mi compañera María Elena Amadío, que era jefa de internacionales de esa publicación. Después del golpe, a ella la mataron en un enfrentamiento armado y yo me tuve que exiliar, primero estuve unos meses en Italia y después me fui a Francia. –¿Cuánto aprendieron ustedes, no solamente de la militancia sino de la profesión, para que a la vuelta de la democracia hayan ocupado lugares de una responsabilidad extraordinaria? –O. M.: –Con Carlos compartimos la experiencia de haber trabajado en la profesión durante el exilio. Y, por otro lado, hicimos algunas experiencias muy valiosas, como el periódico Sin Censura que se editaba en Francia. Carlos de hecho era el director, el jefe de redacción, el hombre que motorizaba el número. Constituíamos un comité ejecutivo que había delegado expresamente esa tarea en Carlos, que estaba formado por Hipólito Solari Irigoyen, Julio Cortázar, Osvaldo Soriano y Gino Lofredo. C. G.: –Era un periódico esencialmente destinado al exilio exterior. El comité de patrocinio estaba formado por Gabriel García Márquez, Hortensia Bussi de Allende, Cortázar, Sanguinetti, un almirante francés que se expresó mucho contra las dictaduras del Cono Sur. Las películas se hacían en París e iban por correo postal a Washington, ahí Gino los imprimía y los metía en sobres de distintos colores, incluso el Chino me recordó hace un momento que llegaron a venir sobres de la Ford Motor Fundation. O. M.: –De ese modo, la censura y la Side, que funcionaba en el Correo Argentino, al ver esos sobres no los abrían, y algunos ejemplares llegaban a destino. C. G.: –Ésta fue una de las tantas iniciativas en el exilio. También creamos en París la Unión de Periodistas Argentinos en Francia, con la que denunciamos ante la Federación Internacional de Periodistas la represión a cronistas. Oscar la reprodujo en España, el pelado Silberkasten la reprodujo en Caracas junto con su mujer Dolores Valle. Es interesante ver que no sólo crecimos profesionalmente en ese sentido, sino que además, viviendo en los países desarrollados y democráticos europeos, también aprendimos cosas que en nuestros países no se veían ni se ven, que son por ejemplo la relación de los periodistas con la dirección de cada medio. En Europa, por ejemplo, en casi todos los países existe la cláusula de conciencia que le permite al periodista ser indemnizado e irse del medio si el periódico, la televisión o la radio donde trabaja cambia de repente de orientación política o porque algún gobierno en particular le puso la pata encima. Yo trabajé en la agencia France-Presse durante la guerra de Malvinas y cuando nuestros pilotos hundieron a la fragata inglesa Sheffield, la BBC de Londres, que es una empresa del Estado, mandó la información tal cual: “Nos hundieron un barco”. Y Thatcher quiso intervenir, quiso decir no estamos en guerra, en fin lo que hace cualquier gobierno en cualquier parte del mundo, que cuando encuentra una buena excusa se precipita sobre los medios estatales y si puede sobre los privados. En la BBC la sacaron carpiendo. –Chino, a vos te tocó estar en Clarín hasta un mes antes del golpe y te tocó estar en España en el momento en que se produjo ese intento de golpe de Estado conocido como el Tejerazo del año 81. O. M.: – El 23 de febrero del 81 yo era corresponsal de la radio y televisión de México y allí estaba cubriendo un cambio de gobierno: había renunciado Adolfo Suárez y estaba por darse el voto de confianza a otro diputado, otro miembro del partido oficialista. Hay que recordar que fue muy traumático todo eso, inclusive se llegó a plantear casi formalmente que a Adolfo Suárez lo habían conminado a que presentara la renuncia con una pistola arriba de un escritorio, una cosa muy fea. Allí estábamos, tratando de hacer un régimen parlamentario, cuando se empieza a escuchar en el edificio un ruido cada vez más fuerte de golpes de hierro. En ese momento el presidente de la Cámara le ordenó a su personal que cerrara las puertas para que no hubiera ruido, cuando intentaron hacer eso apareció (Antonio) Tejero de la guardia civil, pistola en mano. Se paró en el estrado y empezó a los tiros contra el techo de la Cámara. La guardia civil entró y copó absolutamente todo, y a los periodistas extranjeros acreditados que estábamos en el palco nos pusieron un guardia civil con una ametralladora más grande que su cuerpo. Al rato nos dijeron que nos fuéramos. Quiero subrayar la actitud y el comportamiento de la prensa frente a un episodio como ese: esa misma tarde–noche hasta la una del día siguiente cuando la cuestión se terminó resolviendo, El País, el diario de mayor circulación de España, titulaba “El país con la Constitución”. A partir de allí hasta que se resolvió el golpe de Estado, iba largando cada dos, tres horas, una edición, siguiendo la cuestión y con la misma posición, no la cambió en ningún momento. Veamos lo que pasó en la Argentina el 24 de marzo de 1976 cuando Clarín, el diario de mayor tirada, publicó “Nuevo gobierno”, como si un grupo de señores presuntamente iluminados pudiera bajar como si nada a un gobierno constitucional. –Carlos, vos regresás al país y te encontrás con El Periodista de Buenos Aires, sin saber que iba a ser una revista de semejante magnitud. C. G.: –Cuando llegó la democracia, Andrés Cascioli, que era el director de la revista satírica Humor, con buen olfato periodístico se dio cuenta de que había que hacer una revista de información general en serio. Yo ya venía colaborando desde el exilio con Humor y volví para hacer El Periodista de Buenos Aires, junto con Osvaldo Soriano, y no teníamos idea del éxito que iba a tener. Llegó a vender casi 100.000 ejemplares por semana. Fue un momento especial y una redacción de lujo: estaban Tomás Eloy Martínez, Rogelio García Lupo, Dolores Valle, Osvaldo Soriano, Carlos Alfieri, Osvaldo Bayer. Además éramos todos mucho más jóvenes. Tengo poco mérito en esa revista; para dirigir esa redacción lo único que tenías que hacer era poner un poco de orden porque había mucho talento ahí. Fue una experiencia maravillosa, muy linda y creo que positiva. –Chino, ese momento glorioso vos lo viviste en los medios públicos. ¿Cómo era el clima que encontraste en ATC? O. M.: – La transición de la dictadura a la democracia al interior de los medios públicos era difícil porque había de todo, inclusive había gente que se disfrazaba de periodista y prestaba otro tipo de servicio, servicio muy inteligente. Más los parientes, alguna novia que había quedado por ahí olvidada de algún funcionario de la época anterior, con todo eso había que hacer una agencia o un canal de televisión o radio nacional. Radio Nacional en aquella época pertenecía al correo. Hacer una radio con empleados del correo no era fácil. Después la cosa fue evolucionando. En Radio Nacional arrancábamos el informativo de las seis de la mañana, que lo conducía Mario Portugal, con un millón y medio de oyentes en todo el territorio nacional. Yo jamás recibí del gobierno, en aquel momento de Alfonsín, ninguna indicación de ninguna índole. Ahora bien, al final prácticamente de ese período –hay que recordar que Alfonsín debió resignar casi seis meses de su gobierno por el nivel de crisis que había–, un funcionario de baja categoría política me dijo que en Radio Nacional había que volver a la música clásica. Conmigo no, le dije, con lo que le ha costado y le cuesta a esta sociedad transitar el proceso democrático… Y no fue conmigo. –¿Por qué se cerró El Periodista? –C. G.: –Es una pregunta difícil de contestar porque el responsable está muerto, Cascioli. Él tuvo el enorme mérito y el coraje de enfrentar a la dictadura mediante esa revista maravillosa, valiente, que fue Humor. Cascioli era un individuo muy personalista, era un talentosísimo dibujante y un gran diagramador. Pero era un pésimo administrador. Cuando se cerró El Periodista, en mayo del ’89, yo ya me había ido a España, había renunciado en agosto de 1988. Cuando se cerró, Cascioli no había pagado los aportes jubilatorios a casi nadie, fue una administración desastrosa, muy mal gerente de sus propios asuntos.