Operación conjunta en Mar del Plata

Patotas platenses y marplatenses de la Concentración Nacional Universitaria secuestraron y asesinaron al militante del peronismo revolucionario Víctor Hugo Kein y al adolescente Jorge Del Arco el 12 de junio de 1975.

Operación conjunta  en Mar del Plata
La presentación de una querella por el secuestro y el asesinato de un militante de la Juventud Peronista en Mar del Plata obligará a la Justicia a investigar, por lo menos en un caso, las conexiones operativas entre los grupos de tareas platenses y marplatenses de la Concentración Nacional Universitaria (CNU), unificados por la misma dirección política, actuando en zonas liberadas por la Policía Bonaerense y amparados por el gobierno nacional de María Estela Martínez de Perón y el provincial del sindicalista de la ultraderecha peronista Victorio Calabró. Se trata de la presentación realizada por Susana Ure - patrocinada por el abogado Eduardo Soares –por la muerte de su marido, Víctor Hugo Kein, secuestrado el 12 de junio de 1975, cuando tenía 28 años, junto con el adolescente Jorge Del Arco en un estudio de arquitectura de la ciudad atlántica por un comando conjunto de la CNU platense y marplatense. Sus cadáveres acribillados aparecieron la madrugada siguiente en diferentes lugares de las afueras de Mar del Plata. Un militante inquebrantable. El Flaco Víctor Hugo Kein era un reconocido cuadro de la Juventud Peronista de La Plata. Con su compañero y amigo Néstor Sala había sido, en 1966, uno de los miembros fundadores de la primera agrupación peronista que funcionó en la Universidad Nacional de La Plata, cuyo núcleo original se formó en la Facultad de Arquitectura. Poco después, en 1968, con la orientación ideológica del latinista Carlos Alberto Disandro, la conducción operativa de Alejandro Giovenco (Buenos Aires), Patricio Fernández Rivero (La Plata) y Ernesto Piantoni (Mar del Plata), y la participación de antiguos integrantes del Movimiento Nacionalista Tacuara haría también su aparición pública la ultraderechista Concentración Nacional Universitaria (CNU). Por su actuación en la resistencia a las dictaduras de Onganía, Levingston y Lanusse, el Flaco Kein fue detenido y torturado en 1971, y estuvo preso hasta que fue liberado por la amnistía resuelta por el gobierno de Héctor J. Cámpora el 25 de mayo de 1973. Para entonces, el enfrentamiento entre las agrupaciones del peronismo revolucionario y la derecha peronista –con fuerzas de choque formadas por las patotas sindicales y las bandas de la CNU que pronto serían amparadas y dirigidas desde el Estado– ya eran abiertos y declarados. “Ese año se fue a vivir a Mar del Plata. El 20 de febrero de 1974 nos casamos y yo me fui a vivir con él. Continuó con su militancia política, participó de todos los grandes actos y movilizaciones, y es factible que los grupos de la derecha marplatenses lo empezaran a identificar, o que ya lo conocieran por los estudiantes marplatenses de la CNU que estaban en La Plata, como Eduardo Cincotta y Gustavo Demarchi. Los grupos derechistas de La Plata sí lo conocían bien, y con ellos había tenido más de un enfrentamiento por su condición de militante del peronismo revolucionario y por su apellido de origen judío”, recordó Susana Ure para Miradas al Sur. Se instalaron en un departamento de Santiago del Estero 2097, que consiguieron a través de un amigo platense, Domingo Toti Barilaro, que tenía un estudio de arquitectura en la ciudad. En los primeros meses de 1975, Kein comenzó a trabajar en una Empresa Constructora marplatense. Por la mañana iba a la oficina o a visitar obras, y por la tarde se dedicaba a la política. A fines de 1974, Néstor Sala y su mujer, Mirta Clara, también se mudaron a Mar del Plata, por razones de seguridad. La situación en La Plata se había vuelto insostenible. “La CNU de La Plata, comandada por Patricio Fernández Rivero, nos empezó a perseguir. En los primeros días de diciembre, una patota armada fue a buscarlo a Néstor a su trabajo en la Dirección de Arquitectura del Ministerio de Educación. Ese día se salvó porque llegó tarde a trabajar, pero sabíamos que volverían. Ya habían asesinado a (Rodolfo) Achem y a (Carlos) Miguel. Tuvimos que dejar nuestra casa porque no sabíamos cuánta información exacta manejaban sobre nosotros. Nos fuimos a la casa de mi padre, en Mar del Plata”, relató Mirta Clara a Miradas al Sur. Los fachos salen de cacería. Mar del Plata no sería una ciudad segura para Kein, Sala y sus compañeras. El 16 de abril de 1975, a las 8 de la mañana, cuatro hombres con armas largas redujeron a una empleada que limpiaba la vereda e irrumpieron en el consultorio del doctor Fernando Clara, padre de Mirta, en 14 de Julio N° 1012. Un quinto hombre se quedó en la calle, al volante de un Peugeot 505 amarillo. Por una puerta interna pasaron a la casa, donde Mirta Clara estaba dándole la mamadera a Mariana, su hija de pocos meses. “Un joven robusto, de cabello castaño claro, de unos 25 años y aproximadamente de 1, 70 de alto, nos apuntó con un arma larga y me fue llevando hasta el comedor de la casa, preguntándome a los gritos por ‘Ricardo Sala’ y por Víctor Hugo Kein. Tartamudeando, le contesté no había ningún Ricardo Sala y que a la otra persona no la conocía. El que dirigía el operativo se identificó como del Ministerio de Defensa, mostrándome un plástico amarillento donde no se podía leer bien a quién pertenecía. Los demás también eran de cuerpos robustos, más altos que yo, de aproximadamente 1,70 o 1,75, tez blanca y cabellos castaños. Siempre apuntándome, el hombre me dijo que iba a recorrer la vivienda para ver quiénes estaban, dónde estaban las armas y los volantes. Me hizo subir primero con mi hija Mariana en brazos y él detrás, sin dejar de apuntarme. Los demás quedaron abajo, en el comedor de la casa que daba a la otra puerta de ingreso en calle Libertad 3638, buscando gente y cosas en cada uno de los ambientes de la casa”, recordó Mirta Clara más de 35 años después. La patota permaneció más de media hora en la casa. Antes de irse, el jefe de la patota le advirtió que no hablara por teléfono, porque lo había cortado. Néstor Sala llegó poco después de que se fueran. Una de sus primeras reacciones fue avisarle a Víctor Hugo Kein. “Yo estaba en La Plata, porque mi padre se casaba y yo era testigo del civil. Hugo me llamó por teléfono y me pidió que me quedara unos días, que había sucedido algo”, dijo Susana Ure a los autores de esta investigación. Menos de un mes más tarde, otro grupo de tareas de la CNU llegó en varios autos, que permanecieron en marcha en la calle, y entró violentamente en la casa de Bartolomé Sala, padre de Néstor, en Alberdi N° 168 de Berazategui. La patota estaba integrada por una docena de hombres, vestidos con uniformes azules y armas largas, inclusive ametralladoras. Amenazaron a toda la familia y preguntaron por Néstor. Hugo, el hermano, respondió que no vivía allí, que estaba viviendo muy lejos. Entonces, uno de los integrantes del grupo de tareas al que los otros llamaban el Alemán gritó una frase que revela que contaban con información obtenida mediante amenazas o torturas: –¡Esa hija de remilputas nos mintió! La investigación de Miradas al Sur permitió identificar al Alemán. Se trata de Carlos Alemán (a) Carlitos, el Pelado o el Alemán, integrante de la patota de la CNU platense. Una semana después otro grupo volvió a la casa del doctor Clara en Mar del Plata. “Una mujer que ayudaba en la casa les mostró una libreta con direcciones viejas. Robaron todas las botellas de vino añejo de mi padre, valijas nuevas donde colocaron objetos de valor de la casa, instrumentos de medicina y otros insumos de uso profesional. Partieron a buscarnos quién sabe dónde”, recordó Mirta. Néstor Sala y su compañera se fueron a vivir a Resistencia, Chaco. Néstor Sala pudo eludir la condena a muerte que la CNU le había dictado, pero fue asesinado por el aparato terrorista del Estado durante la dictadura, en la masacre de Margarita Belén. A pesar de los riesgos, Susana Ure y Víctor Hugo Kein se quedaron en Mar del Plata. 11 y 12 de junio de 1975. El Flaco Kein llegó alrededor de las dos de la tarde del 11 de junio al estudio de Toti Barilaro, en el décimo piso de Rivadavia 2671, de Mar del Plata. Tenía que terminar, sí o sí, una perspectiva y le había pedido a su amigo que le permitiera usar el tablero grande. Poco después llegó un joven estudiante de Arquitectura oriundo de Pehuajó, de apenas 17 años, Jorge Del Arco, que trabajaba para Barilaro. Entre las 6 y las 7 de la tarde, luego de trabajar, Susana Ure fue a visitar a su compañero. Ninguno de los tres vio a los autos que, cargados de hombres, montaban guardia estacionados en diferentes lugares de la calle. Susana Ure reconstruyó así esa tarde para Miradas al Sur: “Encontré a Hugo (así sigue llamando a Víctor Hugo Kein) trabajando, a dos chicas que deberían ser las dos amigas de la mujer de Barilaro y a otro chico más joven. No conocía a ninguno de los tres. Me quedé charlando y tomando mate, hasta que le dije a Hugo de irnos a casa. Me dijo que no, que se iba a quedar hasta terminar el trabajo para poder entregarlo al día siguiente, fuese la hora que fuese. Jorge Del Arco le dijo que se quedaba a acompañarlo y cebarle mate porque no tenía nada que hacer. Yo dudé, pero Hugo insistió en que me fuera a descansar. Yo estaba embarazada de siete meses. Me despedí y me fui caminando porque vivíamos cerca de ahí. En esa época teníamos normas de seguridad porque era peligrosa la vida en la ciudad por el accionar de las bandas parapoliciales. Una de ellas era no andar solos en la noche, llegar temprano a nuestras casas y tener una hora límite de llegada. Como Hugo me había dicho que se iba a quedar en el estudio hasta terminar el trabajo, yo no me preocupé por su tardanza. Sin embargo, dormí mal y me desperté durante toda la noche”. A la 1 de la mañana, mientras Susana Ure dormía con dificultad, una patota de alrededor de 15 hombres entró al edificio y subió, piso por piso, entrando en todas las oficinas que tenían las luces encendidas. En el séptimo piso encontraron una reunión de jugadores de rugby. Los amenazaron y los obligaron a tirarse en el suelo, bocabajo. Finalmente, en el décimo, encontraron a Del Arco y a Kein. Ambos resistieron a los golpes, hasta que pudieron reducirlos. Los metieron en autos separados, los torturaron y los fusilaron. El operativo fue escuchado por el portero y otras dos personas que salían del edificio en ese momento. Susana Ure se despertó alrededor de las 8 de la mañana, ahora sí preocupada por la ausencia del Flaco. Decidió ir a buscarlo. Apenas tocó la puerta del estudio, ésta se abrió. “Todo estaba revuelto, tirado, destrozado, con manchas de sangre. En las paredes habían pegado tapas de la revista El Descamisado donde se leía ‘Montoneros’. Recorrí el estudio, que era grande y de un solo ambiente, y pregunté: ‘¿Qué pasó acá?’. En el silencio total, mi voz tenía eco. Salí a buscar a Toti. No encontré a nadie. Quería buscar a Hugo. Pensaba que podía estar herido en alguna parte, en una comisaría, un hospital”, relató a los autores de esta investigación. Volvió a su casa y armó un bolso. No podía quedarse ahí. El cadáver de Víctor Hugo Kein, con más de treinta balazos y signos de tortura, apareció esa madrugada, en un descampado detrás de Parque Camet. El de Jorge Del Arco, también acribillado y con las manos quemadas, fue encontrado sobre la ruta 226, que une Mar del Plata con Balcarce. El joven no tenía militancia política, pero la patota decidió no dejar testigos. Fueron reconocidos la noche siguiente por Domingo Barilaro, en la morgue. Poco después, Eduardo Fromigué (a) el Oso, conspicuo militante de la CNU platense y amigo de la familia de Barilaro, visitó a un primo de Toti y le devolvió un documento de identidad que había desaparecido del estudio. “Me lo llevé para que no lo buscaran y lo mataran”, le dijo. También se habían llevado una chequera, que nunca le fue devuelta. Durante meses, Barilaro debió responder llamados de personas indignadas porque no habían podido cobrar cheques que, supuestamente, llevaban su firma. Fromigué fue asesinado ese mismo año, en una parrilla de Florencio Varela, durante un tiroteo entre patotas rivales de la ultraderecha peronista. Víctor Hugo Kein y Jorge Del Arco fueron secuestrados a pocas cuadras de la Comisaría 1ª de Mar del Plata. La patota conjunta de la CNU platense y marplatense no habría podido actuar de no mediar una zona liberada por la policía, en el marco del terrorismo de Estado implementado por el gobierno peronista. El primer fiscal de la causa fue Gustavo Demarchi, miembro de la CNU marplatense y acérrimo enemigo de Sala y Kein. Nunca llamó a declarar a los testigos y cajoneó impunemente el proceso. Ahora, con la presentación de la querella de Susana Ure, la Justicia está obligada a investigar lo que no investigó durante más de 35 años.