No compre trabajo esclavo

Cuáles son las marcas textiles y agrícolas que abusan de su poder para explotar inhumanamente

No compre trabajo esclavo
Probablemente, el presidente de la Sociedad Rural Argentina, Hugo Biolcati, haya tenido en mente Piratas del Caribe cuando puso en duda que hubiera trabajo esclavo en Argentina. En el capitalismo posneoliberal, la esclavitud no requiere de grilletes, cadenas ni látigos para amansar a los efebos. Como dijera la Relatora Especial de la ONU para Formas Contemporáneas de Esclavitud, Gulnara Shahinian, “la servidumbre doméstica o la esclavitud es una situación en la que un individuo vulnerable es forzado, por coerción física y/o moral, a trabajar sin una remuneración financiera real, cuando es privado de su libertad, y se encuentra en una situación que es contraria a la dignidad humana”. Claramente las condiciones casi avícolas (dormían en una especie de tumba de chapa sin aislante, para pájaros) a las que se vieron forzados a trabajar los 140 jornaleros en Paraje Monte del Rosario, en Córdoba, para Pioneer Argentina SRL, son una forma de esclavitud contemporánea. El trabajo forzoso (tal la nomenclatura tibia de la OIT) se explaya en sectores económicos con mano de obra intensiva, elevada rotación del personal y con cambios estacionales. La agricultura, la construcción, la minería, los rubros textiles y gastronómicos son el ámbito subterráneo e ilegal donde al menos 12,3 millones de personas en el mundo (1 millón en América latina) están sometidas a una forma de coerción laboral. En el documento The cost of coercion (El costo de la coerción), de la OIT, se estima que el mundo pierde en costo de oportunidad 20 billones de dólares. Dinero que debería ir al bolsillo de los trabajadores y por transición a la rueda de la economía. Hace una década, en Argentina se vienen denunciando casos de reducción a la servidumbre y trata de personas. La avanzada de la Afip contra la ilegalidad inhumana en el sector agrícola de este 2011 se suma a la pelea de vanguardia que viene dando la ONG La Alameda contra los talleres clandestinos de confección textil en Buenos Aires, contrataciones abusivas en el sector de la fruticultura y horticultura (sobre todo, de Mendoza) y la trata de blancas con fines de explotación sexual. La esclavitud no es contraria al capitalismo, sino la pelusa ominosa del sistema que justifica los ciclos de crecimiento. En 2009, según Afip, la evasión fiscal del sector agropecuario fue de alrededor de 650 millones de pesos. La industria textil argentina facturó en el mismo año 6 mil millones. El problema de la erradicación de la esclavitud contemporánea no reside sólo en una voluntad política, sino jurídica. Ningún juez federal osó aplicar la responsabilidad penal que les cabe a las marcas según la Ley 12.713, que establece en su artículo 4º que la marca “es solidariamente responsable de las condiciones laborales”. “Esta ley es mal conocida como ‘de trabajo a domicilio’, porque en realidad regula todos los procesos de tercerización laboral”, dice Ariel Lieutier, ex subsecretario de Trabajo del gobierno porteño durante el mandato de Jorge Telerman.“Es una ley preperonista, de la Década Infame. Quiere decir que ni siquiera es una norma que reconoce el avance de los derechos sindicales, sino que se fundamenta en el horror cristiano de algunos legisladores conservadores a los que las condiciones de explotación de entonces se les hacía demasiado aberrantes”. Los artículos 35 y 36 establecen penas de cárcel de entre seis meses a dos años para el empresario, intermediario o tallerista “que por violencia, intimidación, dádiva o promesa” pague sueldos menores a los establecidos por ley. “Hay resistencia de los jueces federales a aplicar la figura jurídica de la trata de personas”, explica Gustavo Vera, presidente de la Ong La Alameda, que es querellante en el caso de la muerte del niño de seis años Ezequiel Ferreira contra la empresa Nuestra Huella. “El juez Oyarbide, en el fallo del caso de la empresa de ropa Soho advirtió que se trataba de pautas ancestrales de los pueblos originarios, en ese caso de los ayllú. Hasta ahora hay 17 dueños de talleres procesados a la espera del juicio oral. Ni un sólo ejecutivo de las marcas, lo que demuestra que la Justicia en Argentina es claramente clasista. El capital librado a su propia suerte es sinónimo de esclavitud, ya sea en Yemen, Bangladesh o Buenos Aires.” Fojas cero. El primer gran escándalo de trabajo esclavo fue en 2000: el Defensor Adjunto del Pueblo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Alejandro Nató, denunció 80 talleres clandestinos en un radio de diez cuadras. Con el gobierno de la Alianza a nivel nacional, las facultades de inspección (el poder de policía) pasó por un convenio (ley 1.033) de Nación a Ciudad –gobernada por Aníbal Ibarra–, salvo el de trabajo a domicilio. Pero el Ministerio de Trabajo, Empleo y Formación de Recursos Humanos que tenía al frente a Patricia Bullrich decidió desmantelar el cuerpo de inspectores de trabajo a domicilio. De 2001 a diciembre de 2007, la Ciudad, en materia de inspección laboral, fue tierra de nadie. Así pasó Cromañón el fatídico 29 de diciembre de 2004 y poco de un año después, el 30 de marzo de 2006, la muerte de seis trabajadores bolivianos calcinados en un taller clandestino de la calle Luis Viale. Cuando la Ciudad pudo recobrar el poder de policía en la materia, al mes siguiente asumió la ANG (administración no gubernamental) PRO de Mauricio Macri. En ese contexto, crecieron las denuncias por talleres clandestinos contra las marcas de ropa hoy concentradas en la megacausa (no por mega va rápida) que dispone el juzgado federal de Norberto Oyarbide. Están Puma, Adidas, Le Coq Sportif, Cheeky, Akiabara, Awada, Claudia Larreta, Yagmour, Mimo & Co., Hill, Ona Sáenz, 47 Street, Bensimon y un larguísimo etcétera de alrededor de 130 marcas. La vasca Zara no está incluida porque produce afuera, pero fue denunciada varias veces por contratar a talleres que apelan a trabajo infantil, como el denunciado por el semanario portugués Expresso. Levi’s no está denunciada formalmente en Argentina, pero fuentes del sector aseguraron a Miradas al Sur que la central que opera en Brasil hizo quemar la producción de 30 talleres argentinos que confeccionaban artículos alternativos a los famosos jeans (remeras, camisas). Un caso emblemático de la serie de denuncias oficiales de 2011 fue el de DuPont, que a través del paquete accionario de Pionneer Hi Bred International es dueña de Pioneer Argentina SRL, de la que se comprobaron ya varios cónclaves esclavistas, entre ellos, el de Salto, provincia de Buenos Aires. La denuncia pública sobre los artículos de DuPont son engorrosas, porque sus marcas sirven de insumos para otras marcas que llegan a las góndolas de los supermercados. Por ejemplo, Kevlar o el poliparafenileno tereftalamida, es un producto que se utiliza en los chalecos antibalas. En 2009, la Policía bonaerense compró 27 mil de estos chalecos con ese material. En enero del año pasado fue clausurada una fábrica de chalecos antibalas con Kevlar en Mar del Plata, la Targea Security Services, de cuyo dueño jamás se supo el nombre. Otro de los productos de DuPont es Teflón, un polímero parecido al polietileno que suele usarse en sartenes. DuPont es una de las empresas químicas más importantes del mundo y fue una de las 24 empresas norteamericanas que ayudó en los ’80 a desarrollar armas nucleares al Irak de Saddam Hussein, según informó el país árabe a la ONU antes de la Guerra del Golfo. Aún con la acusación de las marcas, en Argentina, sin embargo, estamos en fojas cero. La hora de los consumidores. Para combatir el trabajo esclavo, el documento Forced Labor de la OIT identifica cuatro factores ineludibles: la combinación de instituciones más sólidas de inspección laboral y del mercado de trabajo; marcos jurídicos menos ambiguos para penalizar y procesar judicialmente la trata de personas; instrumentos estadísticos más desarrollados que permitan registrar los casos de trabajo forzoso, y un uso intensivo de instrumentos, como la microfinanciación que potencien a las comunidades más vulnerables al trabajo forzoso. “La OIT no es la panacea, sino un organismo internacional de consenso”, dice Alberto José Robles, del Instituto del Mundo del Trabajo. “Hay un rol esencial de los sindicatos: la ley no se aplica cuando hay ausencia de sindicatos.” Volviendo al pseudodebate sobre si lo que sucede en los talleres textiles clandestinos y en algunos campos de la Argentina es trabajo esclavo, Robles tiene una definición sencilla: “La esclavitud es contraria al contrato de trabajo, se da cuando el empleado no tiene ni voz ni forma parte de un acuerdo. ‘Si no te gusta te vas’, le dice el empleador. Esclavitud es cuando el empleado no opina.” Y alerta que “todavía no ha entrado en debate, pero donde hay esclavitud, hay acoso sexual. Mucama en angolés quiere decir ‘esclava que tiene relaciones sexuales con su amo’”. Lo que resta a la sociedad es tan sencillo de hacer pero tan difícil de refrenar. Acostumbrados a ceder ante los impulsos consumistas del ‘salir de compras’, no nos fijamos cómo estuvo hecho, si por esa prenda de vestir, esa yerba o esa cacerola tan fancy, algún chiquito murió o una mujer tuvo que ser vejada sexualmente o un migrante pasó hambre a cambio de nada. Es hora de superar eso de “me chupa un huevo”. Que por un huevo Ezequiel Ferreyra se murió a los seis años de cáncer. Que hay 12,3 millones de personas esclavizadas en el mundo, Don Biolcati. Por eso esta nota: No compre trabajo esclavo. • TOPPER En 2007 Topper fue denunciada penalmente junto a Puma, Le Coq Sportif y Bensimon. Los empleados cumplen jornadas de 14 y 15 horas de trabajo en talleres clandestinos. • SOHO En el marco de una causa judicial se acreditó que la firma Gilmar S.A., que comercializa la marca Soho, utiliza trabajo esclavo. Los talleres estaban en Flores y Parque Avellaneda. • TARAGÜÍ La marca de té y yerba terceriza la recolección de la hoja verde que usa para sus productos. Los cosechadores están en negro y trabajan en condiciones inhumanas. • CRUZ DE MALTA Cruz de Malta también terceriza trabajo esclavo. La marca tiene vastas extensiones de yerbatales en Misiones y uno de sus principales accionistas es Ramón Puerta. • ADIDAS Según varios allanamientos hechos en 2010, muchas de las prendas de la marca de las tres tiras se confeccionan en talleres ubicados en Villa Celina, La Matanza. • MOCORETÁ En Corrientes y Misiones la firma de jugos Mocoretá utiliza trabajadores en condiciones inhumanas para recolectar limones, naranjas, pomelos y mandarinas.