¿El “segundo mejor” otra vez?

Año 3. Edición número 126. Domingo 17 de octubre de 2010
(TELAM)

Retomaremos, a la luz de algunos datos del proyecto de presupuesto para 2011 que se presentó, el tratamiento de una cuestión clave, como lo es la referida a la denominada “ancla de inflación”, incluyendo diversas vertientes en la que aquélla pueda manifestarse. Por otra parte, esa cuestión repercute en la dinámica general de la economía.
Penetramos en el último trimestre de 2010. Se avecina el nuevo año y una muestra al respecto es aquella presentación presupuestaria. El año que va expirando registra en el país un alto ritmo expansivo, en medio de una recuperación internacional que no está libre de algunos interrogantes. Naturalmente, un primer reto tiene que ver con la importancia de que se prolongue esa expansión en 2011 (aunque dejaremos de comparar con antecedentes deprimidos como los de 2009). Pero, también existe un desafío mayor, que va más allá de 2011, y que se liga al tópico de la sustentabilidad económica más extendida.
La Argentina, con sus más y con sus menos, verificó una primera década del nuevo siglo muy intensa en crecimiento, y lo recomendable es reafirmar, en lo esencial, esa senda. Aquí es donde gravita el asunto de la sustentabilidad, con sus serias implicancias en materia de competitividad, aprovisionamiento de divisas, diseño de la estructura productiva, dinámica de inversión y de empleo, entre otros vitales aspectos.
Respecto de lo recién manifestado, el tópico del ancla de inflación traduciría una incidencia más perentoria. Pero, a la postre, la perspectiva más larga también es influida. Como decía Lao Tse (parafraseado por Mao Tse-Tung): “el camino de las mil millas empieza con el primer paso”. O sea: no es desgajable la perspectiva larga de los pasos iniciales de una trayectoria.
En rigor, como los señalamos reiteradamente en esta columna, la política económica cuenta hoy con un ancla o “cable a tierra” de la inflación, que es el dólar nominal fijo o casi. Pongámoslo así: más o menos desde agosto de 2009 a la fecha, el dólar “recorre”, oscilando, una banda que, en “punta a punta”, se extiende un 4%.
También examinamos cómo gravita esa ancla, sobre todo en las condiciones vigentes. Evita que la inflación efectiva se espiralice, pero, en lo inmediato, es incapaz de anular la palpable inercia de inflación en danza. El ancla de inflación por vía cambiaria, en tanto se la preserve, opera en principio como una “promesa a tiempo vista” de que la conducta del promedio de inflación interna llegará a coincidir, o “por ahí”, con la del promedio mundial (pongamos un 3/4% anual). Sin embargo, el “a tiempo vista” puede ser algo dilatado. Con lo que cabe acumular bastante diferencial de inflación.
Surge, en consecuencia, el delicado dilema cambiario entre la funcionalidad del tipo de cambio como factor “locomotora”, asociado a la visual competitiva y pro desarrollo como aconteció en el lapso 2003(2002)-2007, y la funcionalidad como “ancla” ahora ejercida. Cuando el tipo de cambio es visto como locomotora y no como ancla, el reto abierto en perspectiva es dónde hallar los resortes no cambiarios que encaucen la inflación; cuando es visto como ancla –“clavada en los transables”-, el reto en el devenir es acerca de cuál será la fórmula para resolver la competitividad y la vital afluencia de divisas.

¿Exhumar el “segundo mejor”? A esta altura de los acontecimientos, entrando en el ciclo político-electoral de cara a los comicios de 2011, quizás convenga intentar definir el “espacio de posibilidades” que atañe a la política económica en curso, trazando algún cálculo de chances.
Por de pronto, lo que luce con chances nulas es la inversión de roles: vgr., que pase el tipo de cambio de jugar como ancla, a oficiar como locomotora. Esta, sí, era una opción viable -inserta en un marco macroeconómico integral- en la parte final de 2009. Incluso, la propiciamos oportunamente. Ahora, posee tantas chances como el resolver la “cuadratura del círculo”.
Sin embargo, cabe exhumar nuevamente –claro que según una versión almibarada- la noción del “segundo mejor”. La que, en el núcleo, consiste en explorar la hipótesis de añadir un ancla de inflación, por más relativa que parezca. La que se asocia, fundamentalmente, con algún tipo de acuerdo de precios y salarios de cara al 2011, en medio de un cierto gradualismo fiscal. Tiempo atrás ya aludimos a este enfoque.
Por supuesto que el uso solitario del ancla cambiaria luce más cómodo en lo inmediato. A la par que asegura que la inflación efectiva no se espiralice, no exige comprometerse con la responsabilidad y con el esfuerzo en torno a otras referencias de valores, dicho esto en un sentido cabal. Pero, le es concomitante el que la visible inercia en términos de precios-costos efectivos, probablemente continúe.
Analicemos lo que puede ir ocurriendo durante este último trimestre. Se avanzará en la estimación total anual -2010- de la inflación efectiva “costos-precios”, la que tenderá a rondar el 20% o algo más. Esto se plasmará, dicho imprecisamente, en el “medio social”, tomándose las referencias del Indec (incluido la pauta para 2011) como de “mera forma”. Tras cartón, atisbarán las especulaciones-expectativas generales respecto de la probable inflación para el año entrante. Si “todo lo demás sigue igual”, esas expectativas se inclinarán a “reciclar” el valor de aquella estimación, quizás, más un plus. Lo que continúa enseguida, es un primer chequeo a fines de año de lo que podrían ser los reclamos de ajuste salarial de cara a las paritarias venideras en el año próximo. And so on…Traducido: si este “eslabonamiento” no se quiebra de alguna manera, alterando en concreto y con cierta organicidad las referencias predominantes, nos exponemos a la continuidad de la inercia-persistencia inflacionaria efectiva, con expectativas sociales de inflación alta muy proclives a corporizarse en decisiones tangibles. El ancla cambiaria, como se dijo, por el momento, no puede frenar esto; luego, el reverso es el riesgo de que el nítido curso de apreciación cambiaria se afirme.

Anclas y apreciación. Nuestra actual política tiende a sostener nominalmente al dólar. En otras naciones, incluidas algunas de nuestro entorno, se encara una depreciación nominal de la divisa y la revaluación de la moneda propia. Aquí y allá hay matices. El euro llegó a revaluarse en lo nominal alrededor de un 10% con relación al dólar americano, pero, a la par, en lo que concierne a China, aunque retornó a la flotación administrada, como de hecho aquélla sigue muy ligada al dólar, su moneda se depreció un 7% frente al euro. Ante lo cual, los europeos trinan, mientras los americanos redoblan la presión sobre el yuan.
Ocurre que, en la comparativa, nuestro diferencial interno de inflación efectiva, precios-costos, es pronunciado. Por ende, como vimos en otra nota, la revaluación nominal del Real de Brasil, sí, “amortigua” el curso de apreciación del peso; pero, a la par, nuestro diferencial de inflación efectiva, acota el rigor de dicho amortiguamiento (incluido el caso del euro).
Si se lograra apaciguar la intensidad de la suba de precios-costos internos efectivos en 2011, mantenido que fuere el dólar nominal fijo o casi, el curso de apreciación real no se revertiría, pero, por lo menos, se relajaría algo su ritmo. En su defecto, nos arriesgamos a reflejar en el bienio 2010-11, aun con un descuento por productividad, un alza acumulada de costos en dólares de alrededor del 40%. No se pierda de vista, además, que en Brasil –uno de nuestros amortiguadores cruciales en materia cambiaria- se penetra en un debate ascendente sobre su política cambiaria hacia delante.
En fin: temas tales como las anclas de inflación y el exhumado (y almibarado) “segundo mejor”, y cosas por estilo, lucen como aspectos de incidencia inmediata. El fenómeno comentado, asimismo, es pasible de acelerarse en tanto se capte la presumible secuencia de instancias a desplegarse durante este trimestre, que se esbozó más arriba, con directa proyección en 2011. Incluso, se detectó que los aspectos de influencia inmediata son, a la vez, muy capaces de sedimentar efectos en planos más profundos, ligados a la cuestión de la sustentabilidad más extendida. Esto abarca la expansividad para 2011, pero también para después. Somos concientes que las sugerencias que formulamos aquí son de concreción posible, pero de probabilidad acotada, por una serie de circunstancias. Pero, nos parecía hipócrita de nuestra parte si no planteáramos con franqueza el punto.

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