¿Elecciones anticipadas en España?
José Luis Rodríguez Zapatero rechaza adelantar las elecciones generales –previstas para marzo de 2012– y ha dado instrucciones expresas a los barones de su partido, el Psoe, para que cierren filas con ese discurso. Pero no todos lo han obedecido, más de uno ha reconocido públicamente que tal vez un adelanto sería lo mejor.
Tras la rotunda derrota del Psoe en las elecciones municipales y regionales del pasado 22 de mayo, el opositor Partido Popular ha arreciado con sus demandas para que Rodríguez Zapatero dimita y convoque a elecciones anticipadas. Máxime cuando el presidente ya ha anunciado que no se presentará a su reelección, sino que apoya decididamente la candidatura de su segundo, el vicepresidente primero y ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba.
Ya no es sólo la derecha, sino también buena parte de la izquierda parlamentaria, que entiende que no tiene sentido que Rodríguez Zapatero alargue la agonía de su Gobierno, que ya es algo insalvable.
Desgastado por una crisis económica que ha hecho que España tenga hoy el número de desempleados más alto de toda la Unión Europea, cinco millones, más del 20% de su población activa, el Gobierno de Zapatero viene acelerando en el último tiempo la aprobación de distintas reformas, económicas, laborales, de pensiones, confiado en que con ello logrará calmar a los mercados y recuperar la economía. A partir de esa suposición, a todas luces irrealista, ZP estima supuestamente que esa recuperación le permitiría aflojar la política de ajuste que ha aplicado en el último tiempo, con lo cual podría volver a contar con el apoyo de esos millones de trabajadores, jubilados y otros sectores afectados, electores que fue perdiendo por el camino. Como perdió el apoyo de la izquierda parlamentaria, que después de secundarlo durante su primer mandato en todas las reformas que le dieron un perfil claramente progresista y rupturista, se negó a seguirlo en su sometimiento a los dictados del FMI, del Banco Central Europeo y los mercados, a su política claramente neoliberal.
La mayoría de la población parece ver esa carrera contra reloj del presidente como algo patético, algo que, en definitiva, no logrará salvar al Gobierno y que dejará el terreno más allanado para su sucesor. El nuevo Gobierno salido de las urnas, no será ya socialista, según coinciden todas las encuestas desde hace meses, sino del Partido Popular, dirigido por Mariano Rajoy, el mismo partido que bajo el liderazgo entonces de su predecesor en el cargo, José María Aznar, metió a España en la guerra contra el terror de Bush en 2003 y, a partir de ahí, en blanco prioritario de Al Qaeda.
Políticos de la oposición –e incluso del propio Psoe–, columnistas de medios de comunicación españoles y corresponsales extranjeros acreditados en España, empiezan a especular con que José Luis Rodríguez Zapatero no podrá resistir semejante presión y que, finalmente, tendrá que resignarse a convocar a elecciones anticipadas, a su pesar. La fecha más probable de la que se habla, otoño europeo, noviembre.
