Mauricio Macri irrumpió en la escena política en una carrera meteórica que lo llevó de la presidencia de Boca a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad. La particularidad de su discurso fue situarse en un lugar superador de la política tradicional centrándose en la eficiencia de la gestión como paradigma, la que en manos de equipos técnicos de excelencia, construiría la matriz de una nueva forma de hacer política.
Dos años y medio después, Mauricio Macri, procesado en segunda instancia por ser parte necesaria de una red de espionaje estatal, no sólo desnuda los peores vicios de la política tradicional, sino que ha llevado hasta límites inéditos su declamado republicanismo, al solicitar su autojuzgamiento sabiendo de la garantía de impunidad que le brindarán sus legisladores para absolverlo. Una herramienta cuyo fin es buscar las responsabilidades y la verdad de los hechos, quedará inutilizada si se la usa para satisfacer los intereses personales, políticos y electorales del jefe de Gobierno. Analizar las responsabilidades políticas mediante la sensatez y la prudencia nos llevó a apoyar la creación de un Comisión Investigadora en el marco de la Legislatura e invitar al jefe de Gobierno a que concurra a informar de su accionar a los legisladores. Es de una manifiesta incoherencia considerar que la legislatura procura la desestabilización institucional por crear un ámbito que investigue las responsabilidades de Macri cuando sus mismos legisladores solicitaban el juicio político con el único objetivo de cerrar el debate lo más rápido posible.
Pero asimismo esta crisis nos ha permitido ver que Mauricio Macri dejó de ser aquello que quiso que creyéramos que es. Si su defensa institucional hace agua entre acusaciones vacías de fundamentos serios, la evaluación de su gestión al frente del ejecutivo de la ciudad no deja lugar a dudas lo lejos que ha quedado de la nueva política.
Nadie que asuma el gobierno en nombre de la nueva política pondría al frente del área de educación a un escritor como Abel Posse. Nadie que quiera, en nombre de la nueva política, enfrentar la conflictividad y el delito, nombra como jefe de la policía a Jorge Fino Palacios, procesado y detenido por encubrimiento en el caso Amia. Nadie que en nombre de la nueva política quiera defender el espacio público y defender el lugar de un Estado igualador y activo frente al mercado designa en su gabinete a funcionarios más preocupados por garantizar la rentabilidad empresarial que las demandas de los ciudadanos.
La crisis que vive nuestra ciudad no es sólo institucional, sino también política y de gestión. No afrontamos sólo el autojuicio político del jefe de Gobierno, sino que es la política, y ello implica el espacio de participación ciudadana, la que ha sido puesta en jaque por una gestión que no sólo es ineficiente, sino que también ha comenzado a vulnerar el sistema institucional, en nombre del oportunismo y las apetencias personales de Mauricio Macri.
