¿Qué dirá la ONU sobre la bomba atómica iraní?

Año 5. Edición número 191. Domingo 15 de enero de 2012
Debido a la cantidad de mentiras que las grandes potencias utilizaron para justificar invasiones y guerras, hay muchas suspicacias sobre el caso iraní. Sobre todo, porque Irán tiene petróleo y sus autoridades no ceden ni un ápice ante las políticas de los Estados Unidos y la Unión Europea.

El reciente asesinato del científico iraní Mustafá Ahmadi Roshan, segundo a cargo de la planta de enriquecimiento de uranio que Irán tiene en Natanz, agravó la tensión que se vive en esa región. Además, aceleró la fecha de visita de una delegación del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA, un departamento de las Naciones Unidas) a Teherán.El viaje, tal cual publicaron varias agencias de noticias desde Viena, Austria, donde está la sede de la OIEA, se realizaría el 28 o el 29 de este mes de enero. Es decir, apenas unos días después de la reunión de los representantes de la Comunidad Económica Europea que se llevará a cabo en Bruselas el lunes 23 destinada a firmar un embargo petrolero contra el gobierno de Mahmud Ahmadineyad, precisamente porque los gobiernos europeos dan por sentado que Irán no sólo desarrolla uranio enriquecido, sino que está avanzando aceleradamente en la fabricación de armas nucleares. Si eso se comprobara, Irán estaría incurriendo en una falta gravísima. Sin embargo, debido a la cantidad de mentiras que las grandes potencias utilizaron para justificar invasiones y guerras, hay muchas suspicacias sobre el caso iraní. Sobre todo, porque Irán tiene petróleo y sus autoridades no ceden ni un ápice ante las políticas de los Estados Unidos y la Unión Europea.
La prohibición de fabricar armas nucleares forma parte de un convenio que se firmó el 1 de julio de 1968, en plena Guerra Fría. Se trata del Tratado de No Proliferación Nuclear, que restringe la posesión de armas nucleares al selecto grupo de países que ya habían usado bombas atómicas (Estados Unidos) más aquellos que habían realizado ensayos nucleares (Gran Bretaña, Francia y la Unión Soviética). Años después, se sumó a China. Por la importancia trascendental del tema, del cual depende probablemente el futuro del planeta, se trata de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
Este tratado, que fue ratificado varias veces por la mayoría abrumadora de los Estados miembro de las Naciones Unidas, no fue firmado por Pakistán, India e Israel, que sí poseen armas nucleares. Varias naciones que hacían ensayos o ya tenían armas atómicas (caso Sudáfrica) decidieron desmantelar sus laboratorios. Corea del Norte había firmado el Tratado (durante los años de la Guerra Fría fue muy obediente a la política dictada desde Moscú), pero en 2003, al tiempo que George Bush se lanzaba sobre Irak, el presidente de ese país pobre pero belicista, Kim Yon-il, desafiaba a Occidente retirando su firma del Tratado. Curiosamente, Kim acaba de morir del corazón hace un mes mientras viajaba en tren. Se trataba de un mandatario sin pelos en la lengua para amenazar con tirar la bomba atómica. Asumió el gobierno su hijo Kim Yon-un, quien dio señales de acercamiento a Corea del Sur, un país que también era pobre y tuvo un crecimiento notable en la última década y, en estas semanas de tensión sobre el tema nuclear iraní, Kim Yon-un no hizo ninguna declaración pública de acercamiento a Teherán. No por nada, el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, es surcoreano y acaba se ser reelecto en el cargo.
El otro país que llenó de dolores de cabeza al Consejo de Seguridad es Irán, porque, pese a ser signatario y no haber renunciado al Tratado, está sospechado de desarrollar programas de uso pacífico que encierran la realización de los pasos necesarios para fabricar armas atómicas. Las primeras denuncias en tal sentido datan de 2004. Más allá de los fundamentos de las denuncias, la OIEA nunca emitió un informe que confirmara o desmintiera las versiones.

Mentidas y desmentidas. A principios de noviembre de 2011, una misión de ese organismo fue a Irán y realizó un reporte de su visita. Reporte que dataría del 7 de noviembre y del cual muchos medios de comunicación dijeron haber recibido copias por fuentes que no revelaron. No sólo la prensa se hizo eco del informe reservado, sino que varias naciones dieron por cierto su contenido. Tal es el caso de Francia, cuyo ministro de Relaciones Exteriores, Alain Juppé, hizo una declaración al día siguiente del supuesto informe, al que Juppé da como oficial. En sus dichos, Juppé le atribuye a la OIEA tener “profundas inquietudes” sobre el programa nuclear iraní, y afirma que esa misión pudo verificar que Irán hace “todo lo necesario para perfeccionar un arma nuclear: trabajo en componentes de metal de uranio, los explosivos, los experimentos hidrodinámicos, los códigos de cálculo, la iniciación neutrónica, los preparativos de pruebas nucleares y la integración de todo este material en un misil.” Asimismo, según Juppé, el informe “reitera que Irán desarrolló su programa nuclear en condiciones de clandestinidad, tal como lo confirmó el descubrimiento, por parte de la comunidad internacional, del sitio de Qom en 2009”.
El texto francés le atribuye al informe de la OIEA la realización de “los programas sensibles” que se hacen en Natanz (cuyo segundo responsable fue asesinado sin que la CIA y la Mossad se hayan desmarcado de la autoría, tal como lo indicó el gobierno iraní), “en particular, con la instalación de centrifugadoras en Qom este verano y el anuncio de la triplicación de las capacidades de enriquecimiento en un 20 por ciento. Todas estas actividades violan las resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y del Consejo de Gobernadores del OIEA. Estas actividades no tienen ningún fin civil creíble.”
El informe, al final, advierte: “Francia considera que debe rebasarse una etapa en el fortalecimiento de la presión diplomática sobre Irán. En caso de que Irán se niegue a apegarse a las demandas de la comunidad internacional y rechace toda cooperación seria, estamos dispuestos a adoptar, junto con todos los países que se sumen, sanciones de una envergadura sin precedente.”
Algunos medios por esos días habían avanzado con informes confidenciales provistos por organismo de inteligencia que afirmaban la presencia de científicos procedentes de Rusia y Corea del Norte en los programas iraníes.
Apenas 48 horas después, con la firma del director general de la OIEA, salió un largo informe. Crítico con Irán, por no haber detenido las actividades sugeridas. En su resumen final, dice: “Aunque el Organismo sigue verificando la no desviación de materiales nucleares declarados en las instalaciones nucleares y los LFI (instalaciones donde se usa el material nuclear) declarados por Irán en virtud de su acuerdo de salvaguardias, puesto que Irán no está prestando la cooperación necesaria, entre otras cosas al no aplicar su protocolo adicional, el Organismo no puede ofrecer garantías fidedignas de la ausencia de materiales y actividades nucleares no declarados en Irán y, por consiguiente, concluir que todo el material nuclear presente en Irán está adscrito a actividades pacíficas”. Alta preocupación pero ninguna confirmación. Sigue así: “El Organismo está seriamente preocupado por las posibles dimensiones militares del programa nuclear de Irán. Tras haber evaluado detenidamente y con espíritu crítico la amplia información de que dispone, el Organismo considera que la información es, en conjunto, creíble.” Se refiere a la evaluación de sus propias misiones. “La información indica que Irán ha realizado actividades relacionadas con el desarrollo de un dispositivo nuclear explosivo. La información también indica que antes del final de 2003, estas actividades se realizaron en el marco de un programa estructurado y que es posible que algunas actividades sigan en curso.”
Este informe termina con una exhortación al gobierno de Ahmadinejad y no con una confirmación de las sospechas: “Habida cuenta de las preocupaciones antes señaladas, se pide al Irán que colabore de forma sustantiva y sin demora con el Organismo, a fin de ofrecer aclaraciones sobre las posibles dimensiones militares del programa nuclear de Irán. El Organismo está trabajando con Irán con miras a resolver la discrepancia advertida e insta a Irán, conforme a lo requerido en las resoluciones vinculantes de la Junta de Gobernadores y las resoluciones de cumplimiento obligatorio del Consejo de Seguridad, a adoptar medidas para la plena aplicación de su acuerdo de salvaguardias y sus demás obligaciones, entre ellas la suspensión de actividades relacionadas con el enriquecimiento; la suspensión de actividades relacionadas con el agua pesada; y, como se señala antes, la aclaración de las serias preocupaciones del Organismo sobre las posibles dimensiones militares del programa nuclear de Irán, a fin de establecer la confianza internacional en la naturaleza exclusivamente pacífica del programa nuclear del Irán.”

Enero caliente. Todo este minué se da mientras el Estrecho de Ormuz se convierte en un foco de tensión de alto voltaje. Pueden tener razón quienes afirmen que Irán tiene armas nucleares –o que está en proceso acelerado de fabricación– o que sólo tiene un programa con fines pacíficos. Lo que no debería aceptarse es que la misión de la OIEA que llegará el 29 de enero a Teherán tenga en sus espaldas la presión de un embargo petrolero –dictado por los países europeos– o el cierre del Estrecho –decidido por el gobierno iraní–. Cualquiera de las dos, o ambas, o algunas otras cosas más, dejarían al único organismo que puede dar un informe de bases científicas creíbles en un rol secundario. Todo indica que el director general de la OIEA, el japonés Yukiya Amano, que ya vivió la crisis de Fukushima con muchos flancos, hará todo lo posible para que la visita del organismo tenga peso propio, independientemente del contexto violento que la rodea. El equipo que viajará a Irán estará encabezado por el inspector jefe y director adjunto de Controles, el belga Herman Nackearts, y lo acompañará el argentino Rafael Grossi, director asistente de Asuntos Políticos y jefe de Gabinete del director general.

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  • Irán se encuentra otra vez en la encrucijada por la naturaleza militar del programa nuclear. No es una sorpresa que el informe del Organismo Internacional de Energía Atómica insista, en veinte páginas, que Irán ha desarrollado una línea de investigación científica y de producción de material nuclear fisionable que sólo puede conducir a la fabricación de una bomba. La información es abundante. Todas las indicaciones reafirman que se encuentra embarcado en aplicaciones que no tienen un uso pacífico reconocido ni técnicamente justificado.

  • En una entrevista con la revista alemana Der Spiegel Online del 19 de abril de 2011, le preguntaron al doctor Mohamed El-Baradei, ex director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (Oiea) y premio Nobel de la Paz, si había sido engañado por Estados Unidos y sus aliados cuando estaba investigando sus afirmaciones sobre el programa nuclear de Irán. Respondió: “Los estadounidenses y los europeos retuvieron importantes documentos e información. No estaban interesados en un compromiso con el gobierno en Teherán, sino en un cambio de régimen, por cualquier medio”.

  • Hay que prepararse para una tanda de “inteligencia” satelital poco clara de almacenes genéricos de todo Irán descriptos frenéticamente como segmentos de una línea de montaje de una bomba nuclear (¿recuerdan una famosa “instalación nuclear secreta” en Siria no hace mucho? Era una fábrica textil). Hay que prepararse para una tanda de diagramas burdos que muestran artefactos sospechosos, o los contenedores que los ocultan, todos capaces de llegar a Europa en 45 minutos.

  • Tamir Pardo dice que Israel utiliza diversos medios para frustrar el programa nuclear de Irán, pero si Irán obtiene armas nucleares, en realidad, no significaría la destrucción de Israel.
    Un Irán con armas nucleares no constituye necesariamente una amenaza para la continuidad de la existencia de Israel, insinuó supuestamente el jefe del Mossad, Tamir Pardo, a principios de esta semana.

  • Un reciente acuerdo en materia de reprocesamiento de combustible nuclear entre Estados Unidos y la India es una mala noticia para el Tratado de No Proliferación. La reciente Conferencia de Examen de dicho Tratado fue un ejercicio diplomático complejo para lograr un resultado de consenso que mantuviera vigente los propósitos y objetivos que persigue el instrumento. Numerosos fueron los problemas que se tuvieron que negociar para obtener un resultado razonablemente satisfactorio.

  • Ayer hubo al menos 27 muertos y 16 heridos en una base militar al noroeste de Teherán que, según la agencia oficial iraní Irna, se habría debido a la explosión del polvorín. Las víctimas eran miembros de los Guardianes de la Revolución, cuerpo especial de las Fuerzas Armadas. Hasta el momento es difícil saber si esta explosión pudo deberse a algún atentado en el marco del recalentamiento del conflicto entre Irán e Israel. Un comité iraní investiga las causas.