Alcira Ríos: “Los expedientes de adopción estaban totalmente armados”
–¿Recuerda lo que ocurrió el 30 de abril de 2001, cuando presentó el primer recurso por la causa Noble?
–La denuncia se realizó porque había numerosas denuncias anónimas y escritas que decían que los hijos que tenía la señora Herrera de Noble eran hijos de desaparecidos. En ese momento pensamos en una denuncia porque había una adopción plena de por medio y al presentar la denuncia saqué de archivo los expedientes de adopción de menores de edad. Cuando vimos esos expedientes y el juez profundizó la investigación, era evidente que estaban armados y se probó que fue una supresión de identidad. El acta de nacimiento de los chicos es directamente la de adopción por parte de Herrera de Noble, no tienen acta de nacimiento anterior y por ende no se sabía el tiempo exacto en el que habían nacido los chicos. Como era obvio que eran de 1976, lo que hicimos fue buscar aquellas familias más cercanas a esas fechas que figuraban de la aparición de los chicos. Luego de ver cuáles eran las familias que tenían posibilidades por la cercanía del mes o lugar, la abuela Miranda fue querellante en un principio –ahora la abuela falleció y sigue Carlos, su hijo- y el abuelo Gualdero. Pero cuando hubo que querellar se presentó la hija porque él también había fallecido.
–¿Qué expectativas tenían en ese momento de conocer la verdad?
–Teníamos muchas porque eran demasiadas las denuncias y además porque los expedientes de minoridad que facilitaron la adopción estaban totalmente armados. Felipe figura como que una madre lo va a entregar porque no lo puede mantener y en el documento que presentó resulta que esa mujer no existe, no existió nunca, y el documento es de un masculino muerto unos años antes. En el caso de Marcela, Herrera de Noble dijo que la encontró en el jardín de su casa de San Isidro en un canastito. Resulta que ella no vivía en San Isidro sino que la casa era de una amiga y se la prestaba cuando se iba a Europa. Además ella puso que la vecina fue testigo junto a su jardinero y resulta que el jardinero de la vecina no era otro más que su chofer de toda la vida.
–Teniendo en cuenta que son tan claras las pruebas, ¿por qué cree que se dilató tanto la causa?
–Porque está es una causa que está politizada, manoseada, no es una causa jurídicamente hablando. Después de ocho años empezamos de cero de nuevo. Es impensable pero es la realidad. Es sencillo, lo único que hoy falta es saber quiénes son, probar la identidad de los chicos porque todo lo demás está hecho. Si queremos dilatar la causa podemos hacer muchas cosas, seguir llamando testigos, pero la realidad es que la única y fundamental prueba es la del análisis.
