Allanan las casas de dos ex jefes militares por el crimen de Alberte

Año 5. Edición número 214. Domingo 24 de junio de 2012
Alberte. Lo mató un comando del ejército la madrugada del 24 de marzo de 1976.
La causa judicial por la primera víctima de la dictadura. Se trata de Carlos Alberto Martínez, titular de la Side durante la dictadura. Y Alfredo Sotera, ex jefe de Inteligencia en Santa Fe.

La causa por el crimen de Bernardo Alberte, la primera víctima de la dictadura, avanza semana a semana, luego de haber estado parada por más de 35 años. Por orden del juez federal Daniel Rafecas –que investiga los delitos de lesa humanidad cometidos en el Primer Cuerpo de Ejército– hubo esta semana dos allanamientos en los domicilios de dos ex militares que, se sospecha, están relacionados con el asesinato. Primero una delegación judicial fue a la casa de Carlos Alberto Martínez, jefe de Inteligencia del Ejército al momento del golpe y titular, desde 1977, de la Secretaria de Inteligencia del Estado (Side), cargo que ocupó hasta 1983. Y el viernes le llegó el turno a Alfredo Sotera, segundo de Martínez en el Estado Mayor y luego mandamás del Destacamento de Inteligencia 121, en Rosario, provincia de Santa Fe.
Los domicilios de Martínez allanados están en Pardo 2112 y España 865, ambos en el partido bonaerense de San Miguel. Participaron funcionarios del juzgado y de la Policía Federal. “En los procedimientos se secuestró documentación relacionada con los delitos que investiga Rafecas. También partes de inteligencia y documentos de aquel entonces relacionados con el crimen de Alberte”, señaló a Miradas al Sur una fuente con acceso a la causa. El mayor Alberte tenía una relación fraternal con Juan Domingo Perón: fue su edecán, delegado personal y secretario del movimiento justicialista. Lo mataron horas después de consumado el golpe del 24 de marzo de 1976. Un comando del Ejército fue a su casa y lo tiraron por una ventana de su departamento del sexto piso.
No es la primera medida que ordena Rafecas en la causa. Hace unas semanas ordenó allanar la casa del ex jefe de Inteligencia y general retirado Jorge Eugenio O’Higgins. Está sospechado de ser quien ideó el operativo. Hay una prueba que lo compromete: en 1981 se hallaron en su edificio cartas entre Alberte y Perón. O'Higgins las había tirado a la basura, pero las encontró de casualidad un vecino en el palier compartido de sus departamentos. Esos papeles habían sido robados la noche del crimen. O’Higgins fue subordinado directo de Martínez en la Jefatura de Inteligencia del Ejército y luego participó en la Operación Centroamérica como agregado militar argentino en Honduras.
La familia Alberte denunció judicialmente el asesinato y el robo de las cartas en junio de 1976. Ningún juez la quería investigar. Todos se declaraban incompetentes: la causa pasó por 14 juzgados en seis años. Se cerró en 1985 y se reabrió en 2003, tras la derogación de las leyes de impunidad. La familia, hoy querellante en la causa, acusa como jefe de la comisión militar que ejecutó el crimen al general retirado Oscar Enrique Guerrero. Guerrero era entonces jefe de Operaciones del Ejército y luego comandó la Policía Bonaerense. Guerrero fue reconocido por la mujer de Alberte y una de sus hijas como integrante de la patota. Aún no fue citado a indagatoria ni allanada su casa.
En 2007, la familia Alberte ya había solicitado a la Justicia la detención de O’Higgins y Guerrero. “No me cabe la menor duda de que O’Higgins participó en el operativo militar que asesinó a mi padre. Tenía en su poder parte del botín que se robaron de nuestra casa la noche en que se cometió el crimen. En ese entonces, tanto O’Higgins como Guerrero eran jefes del Ejército: de Inteligencia el primero, y de Operaciones del Estado Mayor el segundo”, denuncia Bernardo Alberte hijo, impulsor de la causa por el crimen de su padre.

Pelusa. Morocho, flaco, y de ojos inexpresivos, a Martínez sus compañeros de arma lo conocían como Pelusa. El sobrenombre provenía del pelo fino que nacía de su nuca. Era un hombre de confianza de Jorge Rafael Videla. Uno de sus principales alfiles. Desde antes del golpe mantenían un ritual cotidiano: la revisión diaria de los partes de inteligencia que Martínez le traía cada mañana. Desde ese lugar de poder, Martínez se transformó en uno los arquitectos del plan golpista. No sólo eso: sobre sus hombros estaba depositada la delicada tarea de diagramar el aparato represivo del Ejército.
“A Martínez se le atribuye haber diseñado junto con Roberto Viola los planes de ejecución del genocidio y luego la Operación Centroamérica de exportación del terrorismo de Estado. De él dependió toda la estructura de inteligencia represiva de la dictadura, incluyendo el tristemente célebre Batallón 601. Hasta llegó a representar a las Fuerzas Armadas en cónclaves secretos del Plan Cóndor en Santiago de Chile”, explica Alberte hijo.
Martínez comandó con grado de general el Batallón 601 de Inteligencia del Ejército. Desde ese lugar no sólo ejecutó la represión local. También participó del Plan Cóndor y del adiestramiento de militares derechistas en Centroamérica. Fue, como muchos de los jefes militares, un aplicado alumno de la Escuela de las Américas. Y pasó como delegado ante la Junta Interamericana de Defensa, el organismo encargado de fijar las estrategias anticomunistas en la región. Allí cultivó buenos contactos con militares de los Estados Unidos y de otros países. Tras la guerra de Malvinas pasó a ser jefe de operaciones del Estado Mayor de la fuerza. En 1989, durante el menemato, fue rescatado del ostracismo. El entonces titular de la Side, Juan Bautista Tata Yofre, lo designó jefe de la Escuela de Inteligencia de la secretaría.
Sotera, en tanto, ya está procesado por el juez federal de Rosario Marcelo Bailaque. Está acusado de 79 casos de secuestros y torturas y 22 homicidios. Ese procesamiento fue confirmado en abril último por la Cámara de Apelaciones de Rosario. Sotera fue jefe del Destacamento de Inteligencia 121 desde el 6 de diciembre de 1975 hasta el 15 de diciembre de 1976. Es el autor de un informe que “marcaba” a las personas que luego serían blanco de la represión. Ese documento fue aportado a la causa Guerrieri por el ex policía y agente de inteligencia Adolfo Salzman.
Actualmente Sotera tiene prisión preventiva con arresto domiciliario. Y un embargo por 7 millones 250 mil pesos. El diario Rosario/12 informó que Sotera había sido indagado por el juez Bailaque en el marco de la causa Feced. Sotera fue jefe del Destacamento de Inteligencia 121 de Rosario. Indagado por la fiscalía, el ex militar justificó la represión: “Si no, la subversión tomaba el país. Era un problema gravísimo. Sufrimos esas circunstancias y las resolvimos. Eran problemas que teníamos y queríamos evitar que llegaran a las casas de uno”.

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Otras notas

  • Y un día el halcón negro cayó: Carlos Alberto Martínez, uno de los principales arquitectos del plan represivo de la última dictadura, fue detenido el viernes por orden del juez federal Daniel Rafecas, a cargo de la causa que investiga los crímenes cometidos bajo la jurisdicción del Primer Cuerpo de Ejército. Tal como informó la semana pasada Miradas al Sur, Rafecas ya había dictaminado allanar dos domicilios de Martínez en San Miguel. También el de Alfredo Sotera, su segundo en el Estado Mayor y luego jefe del Destacamento de Inteligencia 121, en Rosario.

  • No fue Rodolfo Walsh el único que tuvo el coraje de escribirle una demoledora carta a la Junta Militar, para ponerlos frente al espejo de sus crímenes. Un año antes, a horas del golpe, un ex militar e histórico dirigente peronista responsabilizaba a sus ex camaradas sobre la represión ilegal y les señalaba el error histórico que iban a cometer si tomaban el poder. Lo hizo a través de una carta enviada a Jorge Rafael Videla: terminó de escribirla el 23 a la noche, pero le puso de fecha 24, día que sería entregada.

  • El ex jefe de Inteligencia del Ejército al momento del golpe de 1976, el general Carlos Alberto Martinez, quedó procesado con prisión preventiva por orden del juez federal Daniel Rafecas, quien le imputó una lista de delitos de lesa humanidad contra 1.194 víctimas. Todos los delitos se cometierono durante el período en que se desempeñó como “J-II” o jefe de Inteligencia, entre el 24 de marzo de 1976 y enero de 1978, fecha en que fue designado a cargo de la Secretaría de Inteligencia del Estado, cargo que ocupó hasta 1982.

  • La Argentina tiene el triste privilegio de haber introducido la categoría sociológica y política del desaparecido. La dictadura cívico militar ejecuto un plan sistemático de exterminio de seres, de los cuales solo debía saberse que desaparecieron. Ello pertenece a esa necesidad de que el vencido no tenga memoria, no tenga historia, no haya existido. La rememorización de estos arquetipos no es solamente una vuelta al pasado. Sin memoria, sin rememoración, el sujeto no existe.

  • El juez federal de San Nicolás, Carlos Villafuerte Ruzo, procesó con prisión preventiva al último dictador Reynaldo Bignone y al ex policía Luis Abelardo Patti, por el crimen de los militantes montoneros Eduardo Pereyra Rossi y Osvaldo Cambiaso, cometido en mayo de 1983. La medida también alcanzó al ex coronel Pascual Oscar Guerrieri, que comandaba el Destacamento 121 de Inteligencia de Rosario, ciudad donde se produjo el secuestro, y a otros seis ex militares.

  • Catorce vehículos militares de la Policía Federal y del Ejército llegaron hasta el edificio de Avenida del Libertador al 1100. Se bajó un grupo numeroso de soldados con ropa de fajina y FAL en mano. Eran las 2.15 del 24 de marzo de 1976: pocos minutos habían pasado desde que las fuerzas armadas se hicieran cargo, a sangre y fuego, del control del país. Los uniformados cortaron el tránsito desde Callao hasta el pasaje Schiaffino. Forzaron la puerta de entrada al edificio y subieron resueltos los seis pisos por las escaleras.