Amia y los hombres de negro

Año 5. Edición número 218. Domingo 22 de julio de 2012
Razones de fe. Los judíos religiosos no pueden ver cantar a una mujer que no sea la suya. (TELAM)
Existe la percepción de que los judíos ortodoxos no van al acto de repudio al atentado terrorista contra la mutual hebrea los 18 de julio. ¿Es así? ¿Por qué?

¿Por qué los judíos ortodoxos no van al acto de repudio al atentado a la Amia? No es una pregunta retórica. Mucho menos pretende ser descortés respecto de los aludidos. A simple vista, el asistente asiduo a la calle Pasteur entre Viamonte y Tucumán, todos los 18 de julio desde hace 18 años (el atentado terrorista fue cometido en 1994), puede comprobar por la vestimenta que los religiosos son una minoría de los que se congregan para exigir el esclarecimiento del crimen y una cierta forma de justicia. Miradas al Sur preguntó a dirigentes, estudiosos y rabinos ortodoxos si la percepción era válida. Máxime cuando la masa de votantes que llevó a la ortodoxia a ganar la conducción de la Amia por primera vez en su historia –ya dos veces– estaba constituida por hombres “vestidos de negro” y mujeres “con pollera larga y peluca”.
Un viejo dirigente de la Asociación Mutual Israelita Argentina (Amia) esbozó una explicación, que luego resultaría si no errónea, al menos incompleta. “No es que la feligresía ortodoxa tomó conciencia política de repente, sino que su dirigencia se dio cuenta de que había un interés por defender en la Amia y la movilizó”, dijo. “Esa razón fue tener la potestad de decidir quién tiene derecho a ser enterrado en un cementerio judío. Si los rabinos no hacen un llamamiento a participar del acto, no va nadie.”
“No sé si estoy de acuerdo con la hipótesis”, se adelanta Damián Setton, sociólogo del Conicet y de la UBA que ha hecho un minucioso trabajo etnográfico con Jabad Lubavitch, un movimiento jasídico nacido en Rusia en el siglo XIX y nutrido hoy, sobre todo, por gente que no nació en una familia religiosa. “Los judíos religiosos que se visten de negro son una parte del mundo ortodoxo. Hay muchos judíos ortodoxos que no serían distinguibles por la fachada corporal. Aquellos que están en un negocio del Once y que usan kipá (el solideo sobre la cabeza) también lo pueden ser.”
Es imposible dar con una respuesta justa si no es consultando a las personas de las que se habla. Marcelo Krawiec es rabino de la comunidad Chalom, cuyo templo en Colegiales fue fundado por judíos de Grecia, Rodas y Salónica. Se define como “ortodoxo moderno”. “Para el Pueblo de Israel, los actos son bastante raros; los tenemos, pero tienen otra dinámica. Por ejemplo, el minuto de silencio no tiene un fundamento judío: la forma de honrar a nuestros muertos no es con el silencio, sino con tehilim, con salmos. Además, hay que homenajear a los muertos el día que se murieron según el calendario hebreo. El 18 de julio de 1994 fue 10 del mes Av; en 2012 cae el próximo domingo. De hecho, la comunidad Talpiot hace 18 años que organiza un acto interno con tintes religiosos y políticos para conmemorar el Ior Tzait, el aniversario del fallecimiento” de los muertos en la Amia.
Krawiec apunta un dato conmovedor. Hacia el mediodía del 10 de Av del calendario judío culminó la destrucción del Segundo Templo de Jerusalén por las hordas romanas del emperador Tito, en 70 D.C. El 18 de julio de 1994 era 10 de Av. “En este sentido, también es un problema concurrir al acto: los 18 de julio siempre cayeron durante Bein Hametzarim”, las tres semanas de duelo del pueblo judío (un período llamado “entre las catástrofes”), en que se recuerda la destrucción del Templo de Jerusalén y el exilio. “Durante estos días, no se puede escuchar música, y en los actos en la Amia siempre se canta. Yo voy siempre, pero me tengo que ir apenas empiezan a tocar.”
El rabino Iosi Michanie representa a la comunidad Etz Hajaim, un templo cercano a la Amia, en el barrio de Once. Michanie explica que el acto en general contradice la Halajá, la recopilación de las leyes y tradiciones de la Ley Judía que debe observarse en todos los ámbitos de la vida, “desde que amanecemos hasta que nos vamos a dormir, desde el primer día hasta el último”. “La Torá –explica– es como un manual de instrucciones acerca de cómo una persona tiene que conducirse. A la hora de los actos de la Amia tenemos estudio fijo de Torá. Aunque haya un comunicado que diga que se va a construir el Beit Hamikdash (el Templo de Jerusalén), no se podría cortar el estudio. Tendría que ser algo extremo. Cuando uno estudia Torá tiene mucha más obligación de exigir justicia y acompañar a los familiares. Pero por otro lado, si el lugar contradice la Halajá es imposible concurrir.”
¿En qué contradice el acto de Amia la Halajá? “Por ejemplo, en años anteriores cantaba una mujer. Si vos ves una mujer cantando te acerca a ella: la idea es que vos sólo te acerques a tu mujer y no a otra”, explica.
Por su parte, Aharón Stwasky es rabino en un templo de Jabad Lubavitch, en Once. Dice que va a los actos con sus estudiantes, pero que para el hombre religioso tiene sus complicaciones. “Los hombres tendemos a ponernos contra la pared para no mezclarnos con mujeres”, dice. Él entiende que de algún modo estos actos son discriminatorios para los observantes de los preceptos religiosos. “No se respeta a las minorías: por ejemplo, Iom Ha Shoá (el Día del Holocausto) se hace en el mes de Nissan, en que está Pesaj, la recordación de la salida de Egipto. Todos los sabios establecieron que durante ese mes no se digan tajanún (confesiones), no se vaya al cementerio, no se esté de luto. Iom Ha Shoá se estableció de acuerdo con la fecha del Levantamiento del Gueto de Varsovia. Resulta más emocional, pero no contempla que dentro del mundo judío hay un mundo religioso. Habría que haberlo dejado para el mes siguiente, el mes de Iyar.”
“¿Por qué no hacemos un acto para todos?”, concluye Krawiec. “No saquemos el 18 de julio, tiene un significado muy importante para nuestra sociedad. Pero Amia debería organizar también un acto en que yo pueda verme representado; donde podamos decir un salmo, el Kadish (el rezo por los muertos). Es decir, un acto público por el que los mismos judíos recuerden que tenemos un calendario, sin dejar de ir al del 18 de julio.”
Pregunta respondida.

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