Es un momento en Argentina en que las placas tectónicas de la sociedad –su organización, su moral, las mentalidades– se bifurcan. Algunxs pueden llegar a ser contemporánexs: impone el arrojo y el esfuerzo de relocalizar tanto maneras de ser como de hablar. Hay resistencias, embates y dudas. Aun en los bienintencionados, en la corrección política del progresismo. Pero en definitiva, hay una porción de la sociedad –expresada en el Congreso el jueves último– que ha decidido reconocer derechos a las minorías.
En cambio, hay otras personas que se aferran al pasado, ya sea al arcaísmo de una naturaleza celestial o al machismo que defiende la libertad de odiar al trava, la torta o el puto . La homofobia pervivirá al debate sobre el matrimonio igualitario, pero ya nada será igual: el cisma legislativo en Argentina parece ser mucho más revolucionario que la victoria de las mujeres para ejercer su derecho al voto (1947) o la posibilidad para las parejas casadas de divorciarse y contraer nuevas nupcias (1987).
Miradas al Sur consultó con referentes de las comunidades lgttb (lesbiana-gay-transgénero-transexual-bisexual) acerca de cómo se expresa la homofobia todavía en los diferentes contornos del Estado, los programas de televisión, el ámbito educativo, las familias y la calle. Parafraseando a Umberto Eco ( Apocalípticos e integrados ), tal parece que el siglo XXI se debatirá entre arcaicos y contemporánexs.
Un hospital macho. El Hospital Muñiz tiene un cartel colgado en el área de Salud Mental que asegura que allí se respeta el DSM-IV(r), la guía de enfermedades mentales confeccionada por la asociación de psiquiatras norteamericanos que fue adoptada por toda América latina. Allí, la elección sexual no está contemplada como “desviación” ni anormalidad. De modo que en 2007 Esteban, un maestro santiagueño amanerado, salió de la revisión psicológica con el apto profesional en sobre cerrado. Cuando en el Ministerio de Educación lo abrieron decía que el joven docente “no está capacitado por su temperamento” y que “no soportará las duras condiciones de clases” de la provincia de Buenos Aires o de la Ciudad Autónoma.
Rafael Freda, presidente de la Sociedad Integradora de Gays y Lesbianas en Argentina (Sigla) conminó “al director del hospital, el Dr. Stolbizer, primo de Margarita, a la revisión del proceso”, por lo que designaron a otro profesional, que lo aprobó. “Sin embargo, Stolbizer no denunció a la psicóloga. Esa actitud constante y muy católica: evitar el escándalo a toda costa... El jueves se acabó el menosprecio, pero el desprecio continúa y viene mezclado con la sensación de que somos peligrosos”, concluye Freda, que aunque hace 22 años ejerce como docente en una escuela de San Telmo, esperó su apto profesional durante 40 años y seis meses. “La Argentina y el peronismo son capaces de cosas asombrosas cuando se juntan. ¡El 15 de julio fue un día peronista!”
Ni siquiera el feriado. El Estado argentino todavía sigue sosteniendo en diferentes ámbitos y con diferentes leyes la discriminación sexual. La actual Ley Antidiscriminatoria (23.592) no contempla ni la orientación sexual ni la identidad de género entre las causales de discriminación, aunque la modificación esté en los planes del Congreso para este año. Por otra parte, la Resolución Nº 865/2006 del Ministerio de Salud nacional niega a las personas homosexuales la posibilidad de donar sangre.
En lo que respecta a la Ciudad, la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) ganó un juicio al gobierno de Macri en relación con un pedido de información pública sobre el porqué nunca reglamentó ni dio contenido a la declaración e incorporación en el calendario escolar del “Día Internacional contra la Homofobia”, los 17 de mayo.
“El gobierno porteño debió organizar campañas públicas de difusión y prevención de la homo-lesbo-transfobia –dice Martín Lanfranco, del Área de Jóvenes de la CHA– e instrumentar de algún modo materiales para trabajar ese tema en los colegios, pero claramente no lo hizo ni supo explicar cuál fue la causa de su inacción.” Desde la histórica organización, propusieron que se utilizase el cuadernillo Salí del closet –declarado de interés educativo por la Legislatura porteña–, “porque es un material único sobre la temática y está dirigido justamente a docentes, padres y alumnxs para luchar contra la intolerancia religiosa, los fundamentalismos que alimentan el odio, los prejuicios y todo tipo de tratos y prácticas discriminatorios”, sostuvo Lanfranco. Y continuó: “Hay un cambio soberbio en los últimos diez años. Los chicos y chicas del secundario ahora van de la mano; antes nos llamaban los padres para que les recomendáramos un psicólogo, ahora son las abuelas quienes los traen al curso contra la homofobia”.
Los otros hebreos. Gustavo Michanie tiene 41 años y proviene de una familia judía ortodoxa, con el agregado de que su familia es sefaradí. Fue presidente de Judíos Argentinos Gays (JAG), una institución que no es religiosa pero que conserva ciertas tradiciones. Su pareja no es judía, y cada tanto puede ir los viernes a festejar el kabalat shabat (la bienvenida del shabat) con sus padres, cuando una de sus hermanas no está, porque no lo acepta.
Tanto fue su tormento que en 1990, cuando salió del closet a los 20 años, se tuvo que ir a vivir con su pareja a Noruega durante dos años. “La comunidad ortodoxa trata a los homosexuales como enfermos”, dice Michanie. “Jabad Lubavitch piensa como en el siglo XVII, te mandan a la ieshivá (la escuela de estudios de Biblia) y te lavan la cabeza.” Justamente la JAG tiene como símbolo la kipá (el solideo) con el arco iris tradicional de las comunidades lgttb. Hasta hace dos años, no daba la cara en los medios. Hoy prepara el Proyecto de Diversidad en Escuelas Judías juntamente con la organización Keshet, de Boston, Estados Unidos. “El proyecto se llama Ineni, y en hebreo quiere decir Aquí estoy. En cuarto año, un amigo se tuvo que ir de la escuela ORT porque le escribían ‘trolo’ en la carpeta. Queremos reivindicar la posibilidad de ser judíos siendo gays”, concluye Michanie.
Los gatitas post Porcel. La televisión es la arena de todas las batallas. Se recuerda al clásico personaje de Fabián Gianola en La Familia Benvenuto , un personaje amaneradísimo que no tenía más vida que ir acosando aquí y acullá.
“La subjetividad hoy pasa por la pantalla”, dice Martín Lanfranco. Por estos días, Cristian Sancho y Ezequiel Castaño son la sensación en Botineras , serie que rompe un tabú y rubrica la problemática en los vestuarios de fútbol. “A mí me parece que la ficción en general es movida por el morbo –opina Dessio–. Botineras busca mostrar dos bonitos besándose. Otra historia era Locas de amor , en el que una relación entre lesbianas era tratada a fondo y se preguntaban entre sí qué les pasaba con eso; claramente, tenía otra intención.”
La CHA sostiene la necesidad de terminar con los monopolios multimediáticos “para que de esa forma la pluralidad de voces, medios, espacios de expresión, etc., permita también encontrar una alternativa a los discursos homo-lesbo-transfóbicos que parecen instalarse como hegemónicos y como parte del pensamiento único”, dice un documento de la organización.
De él a ella, hay mucho trecho. “La comunidad gay es machista”, dice sin ambages Arriana Cano, la primera locutora trans de Sudamérica. “Ahora hay que luchar por la identidad de género, que cada una pueda tener su propio nombre sin cambiar el DNI.”
Para la comunidad lgttb, la primera violencia con las travestis es anular su identidad y referirse a ellas como ellos. Suele decirse que las trans(género) son mujeres en cuerpos de hombres . “Pero suena horrendo –dice Cano–. Mujer es la que nace con ovarios. Nosotras necesitamos una reasignación de sexo, para evitar las vejaciones y los suicidios que padecemos como comunidad. Esa es la próxima lucha.” .

Tiempo argentino

