Assad: entre las reformas y el caudillaje

Año 5. Edición número 195. Domingo 12 de febrero de 2012
Un retrato del líder sirio.

Siria es tapa de todos los diarios del mundo desde hace meses. Homs se ha convertido en la Sarajevo contemporánea; Asma´ Al Assad, esposa del presidente sirio, en la María Antonieta oriental; y se ha producido una nueva Guerra Fría en la ONU entre los países occidentales, Rusia y China. Pero poco se dice acerca del tipo de liderazgo existente en Siria, de quién es Bashar Al-Assad y los orígenes de su familia.
Muchas veces observamos una generalización de los tipos de líderes autoritarios en el mundo árabe. Mubarak, Khadafi, Ben Ali y Bashar Al-Assad serían exactamente lo mismo y representarían el mismo tipo de líder autoritario. Esto no es real: los antiguos líderes de Egipto, Libia y Túnez corresponden a otra generación, marcada por el nacionalismo árabe, la guerra fría y la llegada al poder tras una férrea formación y carrera militar. Bashar Al-Assad, el oftalmólogo, es contemporáneo de la nueva generación que llegó al poder a fines del siglo XX, como Mohamed VI de Marruecos y Abdalá II de Jordania, quienes tienen una educación en instituciones modernas, son políglotas y han realizado diferentes estadías en países occidentales.
Ahora bien, es necesario hablar de la familia Al-Assad (que significa león en árabe) para comprender de qué tipo de liderazgo estamos hablando. Hafez Al-Assad, el padre de Bashar, nació en 1930 en Qardaha, en la costa siria, de familia alauita, una secta heterodoxa cercana al chiismo menospreciada por la mayoría sunita del país. Adhirió de muy joven al partido Baaz (renacimiento, en árabe), partido nacionalista que propone la unidad de todos los Estados árabes. Este partido llegó al poder tras un golpe de Estado en 1963. Tras varios cambios de timón interno, Hafez Al-Assad toma las riendas del país en 1970, instaurando un poder que combina una agresiva política exterior basada en diferentes alianzas (Irán, Hezbollah, milicias palestinas) y en ser él campeón de la lucha árabe contra Israel, y a nivel interno en una política populista basada en bienes de consumo baratos, en miles de puestos de trabajo en la administración pública para las clases populares de origen rural y en alianzas con la burguesía sunita de Damasco y Alepo.
Hafez Al-Assad era un militar sin carisma, pero realista, gran negociador y excelente lector de la realidad internacional, así como brutal y sin escrúpulos a la hora de utilizar la fuerza (los más de 10 mil muertos tras la sublevación en la ciudad de Hama, centro del país, en 1982, son un ejemplo). Admirado por sus biógrafos y quienes lo conocieron, Kissinger llegó alguna vez a decir que el líder sirio era el Bismark de la región: sí, en Damasco había un león.
Bashar no era el sucesor natural del viejo león de Damasco: lo era en realidad el hermano mayor, Basel, quien murió en un accidente automovilístico en 1993. Bashar comenzó así una carrera meteórica dentro del ejército, llegando en pocos años a posiciones jerárquicas, perfilándose claramente como el sucesor. Tras la muerte del padre en 2000, el nuevo líder fue encomendado por el pueblo tras un plebiscito que lo dio como vencedor tras ganar por 98% de los votos.
Bashar Al-Assad no pasó por las luchas que llevó a cabo su padre en los años ’50, ’60 y ’70 y sus cualidades siempre fueron un misterio y materia de debate, siendo que la comparación con su padre ha sido una constante. Un personaje tímido, sin carisma, que seseaba al hablar y cuyas ideas políticas eran un misterio. Casado con Asma, una sunita anglo-siria, quiso dar el perfil de un hombre moderno y del siglo XXI.
Bashar Al-Assad parecía ser un reformista. Había sido uno de los máximos promotores de la instalación de internet en el país, era joven, y había hecho una parte de su formación en Inglaterra. Su primer gabinete fue una mezcla de viejos aparatchik del partido y de sangre nueva, en su mayoría tecnócratas formados en Universidades de prestigio, pero las bases del régimen eran las mismas.
El liderazgo de Bashar Al-Assad es más colegiado y menos personalista que el de su padre, aunque manteniendo a la familia como un eje fundamental del poder doméstico.
Si bien el primer año hubo tolerancia frente a la aparición de asambleas de discusión política (la llamada Primavera de Damasco), en 2001 la represión sobre la libertad de expresión se hizo nuevamente manifiesta. La lógica del régimen era la misma, y se intentó buscar crear un modelo económico y de alianza con las burguesías sunitas de Alepo y Damasco, restando apoyos a las poblaciones históricamente cercanas al partido Baaz. Error fatal al olvidarse el régimen de sus apoyos históricos entre las clases populares. No fue casual que la revolución haya comenzado en las regiones dejadas de lado por el régimen.
Los sublevamientos a partir del 15 de marzo han puesto de manifiesto las flaquezas del régimen, la falta de cambios y de oportunidades para la enorme masa de jóvenes. El régimen sirio, supuestamente inexpugnable, parece estar dando sus últimos golpes. Pero el proceso parece que será largo mientras buena parte de las columnas del sistema baasista sigan en pie.

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