Bachilleratos populares: Autogestión educativa

Año 3. Edición número 132. Domingo 28 de noviembre de 2010
Sumados, son treinta y ocho los bachilleratos populares existentes en la provincia de Buenos Aires y la Ciudad Autónoma. (JUAN ULRICH)
Impulsados por organizaciones sociales y fábricas recuperadas, avanzan a pesar de las dificultades

A finales de los ’90, ante el cierre masivo de fábricas, la privatización de los servicios básicos, el aumento de la desocupación y la pobreza, y la caída libre de los estándares de la educación pública, surgen las primeras experiencias de Bachilleratos Populares. Estos espacios autogestionados por docentes, trabajadores y estudiantes, buscan garantizar el acceso a la educación de miles de jóvenes y adultos expulsados del sistema formal educativo.
A la fecha, son 38 los Bachilleratos Populares existentes, en tanto los Ministerios de Educación porteño y de la provincia de Buenos Aires reconocen oficialmente 26 del total de experiencias educativas, 15 en capital y 11 en provincia. En estos últimos casos se otorgan títulos oficiales a los egresados.
En el caso particular de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, hay 1.500 jóvenes y adultos que se proponen terminar el secundario, y 300 los docentes comprometidos con esta tarea, que desde el comienzo de las actividades no perciben salarios.
Miradas al Sur dialogó con Micaela Ryan, una de las voceras de la Coordinadora de Bachilleratos Populares, quien afirmó: “Si bien hubo progresivamente algunos avances en las gestiones con el gobierno macrista, este año la partida presupuestaria contemplaba 2 millones de pesos para el financiamiento de los bachilleratos que nunca fueron ejecutados. El reclamo por el pago de nuestros salarios no es un reclamo aislado. Somos trabajadores de la educación pero también militantes sociales y peleamos por la oficialización integral de los bachilleratos”.

Los reclamos. Además del pago de salarios adeudados, la Coordinadora de Bachilleratos Populares sostiene que corresponde el reconocimiento de todas las experiencias de los bachilleratos populares, producto de años de trabajo comunitario, autogestivo y autónomo de organizaciones sociales. Además, reclaman el financiamiento integral, que incluye no sólo el pago de salario a los docentes, sino también becas para todos los estudiantes, infraestructura y material didáctico. Por último, plantean la necesaria autonomía en la elaboración de los planes de estudio y en la designación de los cargos docentes, aspectos centrales a la hora de que cada bachillerato popular guarde coherencia con el proyecto pedagógico que le dio origen.
A su vez, Ryan insistió en la necesidad de que el Estado reconozca la experiencia y años de trabajo de los movimientos sociales para evitar caer en la denominada “charterización de la educación” lo que implicaría que cualquier ONG o entidad privada utilice esta categoría para crear escuelas que impugnen los principios que dieron origen a estas experiencias de educación popular.

Educación pública y popular. Pensadas como proyectos socio- educativos que retoman prácticas de la educación popular, los bachilleratos populares son escuelas autogestionadas impulsadas por organizaciones sociales y diversos emprendimientos productivos gestionados por sus trabajadores. Según el pedagogo brasileño Paulo Freire, uno de los referentes máximos de esta pedagogía crítica aplicada a procesos de enseñanza y aprendizaje con adultos, “nadie educa a nadie –nadie se educa a sí mismo–, los hombres se educan entre sí con la mediación del mundo”.
Esta concepción plantea la superación de la dicotomía docente-alumno. Por un lado, se sustituye el solitario trabajo docente por ‘equipos pedagógicos’, donde nunca un docente está solo frente a un grupo; y, por otro, se intentan establecer vínculos de mayor confianza, horizontalidad y diálogo, entendiendo que tanto estudiantes como educadores son poseedores de saberes y experiencias valiosas. Ante todo, son ‘compañeros’, dado que estarán desarrollando una tarea juntos, aunque cada cual asuma un rol diferenciado en ese encuentro.
La educación popular otorga legitimidad a los saberes que cada estudiante trae consigo y es a partir de ahí que cimienta otros, cuestionando los saberes previos, refutándolos, enriqueciéndolos y profundizándolos en un intercambio colectivo.
Según Ryan, “los bachilleratos populares no nos planteamos antiescuelas públicas. Nosotros pensamos que lo que hacemos es educación pública y popular. Son escuelas abiertas y gratuitas y por eso, interpelamos al Estado para que nos financie; estamos haciendo algo que el Estado debería garantizar, sobre todo por la escasez de vacantes en los secundarios para adultos”.
En todos los casos se trata de viabilizar el acceso a una formación educativa sin exclusiones donde a partir de “la educación que tenemos y aquella a la que aspiramos”, se plantee el interrogante acerca de qué sociedad queremos construir.

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