Bielsa, esfuerzo y corazón

Año 5. Edición número 199. Domingo 11 de marzo de 2012
(AP)
Cuando era pibe en su Rosario natal y ahora de grande en Bilbao, el Loco siempre negoció todo, menos la actitud.

Mirá, Raúl. No sé si el tipo al que van a elegir es a mí. Pero la verdad, esto de concentrar en hoteles cinco estrellas, a mí no me va. No puede ser que un tipo que tiene que matarse en la cancha una hora después, esté en esos hoteles con alfombras de 10 centímetros de espesor una hora antes de jugar”
El ex tesorero de Newell’s, Raúl Oliveros tenía que decidirse por el sucesor del Piojo Yudica, el técnico que había sacado campeón a Newell’s en la temporada 87-88 y llevado a la final de la Libertadores 1988 y no quería pifiar. Pero después de la frase, no dudó. El entrenador de inferiores con fama de enfermo del club y con algunas alteraciones en su conducta, debía ser el elegido. Era Bielsa.
En julio de 1990, en su presentación, lo dijo así: “Va a ser un equipo que no va a renunciar al sello característico de Newell’s pero que se va a esforzar. No habrá jugadores que no se sacrifiquen. Existe un prejuicio que dice que si jugás no tenés que correr o viceversa. Pero nosotros vamos a tratar de jugar y correr”. Días después, lo dijo más claro: “Soy un enamorado de la creación, pero nunca ignoraría los aspectos del fútbol que tienen que ver con la voluntad. Correr es un acto voluntario, no de inspiración. La diferencia es que el hecho de correr pueden hacerlo todos y crear, unos pocos. A mis jugadores les digo que jamás podría reprocharles la falta de talento. En lo que sí soy inflexible es en la entrega, porque depende sólo de ellos, de que ellos lo quieran y no de que Dios los ilumine.”

Pasos. “Bielsa, si querés al club, andate”, le dijo un gordo apoyado en el alambrado de la vieja cancha de Newell’s cuando iban tres fechas del Clausura 1990 y el equipo todavía no había ganado.” Carlos Altieri, directivo del club y amigo personal del entrenador, guarda siempre la anécdota. “Este entrenador es un mal necesario”, les decían los jugadores más experimentados del plantel, por lo bajo, a los periodistas en aquellos días. Lo suponían “necesario” para la transición de Yudica y un técnico “en serio”, no como éste que les hacía practicar 50 veces un lateral.
Lo mismo le había pasado ocho años antes en la Universidad de Buenos Aires entrenando a la selección de la facultad. Profesionales de clase media al borde de recibirse, los jugadores de aquel equipo estaban dirigidos por amigos que los hacían precalentar trotando un par de vueltas a la cancha y les tiraban la pelota para que jugaran. Bielsa llegó con conos, cintas para marcar los espacios, carpetas con estadísticas y trabajo por hacer. El capitán del equipo, Eloy del Val, le pateaba los conitos y le tiraba la pelota desafiándolo. “Usted, que tanto sabe de fútbol, por qué no me la devuelve al pie.” Bielsa –al tiempo– lo resolvió fácil. “Mire, señor Del Val, esto lo vamos a tener que arreglar de otra manera”, le puso llave al vestuario y ahí quedaron mano a mano y a las piñas.
Las piñas y el esfuerzo siempre van con Bielsa. Nelson Vivas recuerda que en un partido previo por las Eliminatorias de Corea-Japón en Cali, el DT salió a caminar por el estadio. Cuando volvió, les dijo: “En las peleas callejeras hay dos tipos de golpeadores. Está el que pega, ve sangre, se asusta y recula. Y está el que pega, ve sangre y va por todo, a matar. Muy bien, muchachos: vengo de afuera y les juro que hay olor a sangre”. Bielsa negocia todo, menos la actitud. Ese parámetro es esencial y a partir de allí se construye su universo. Es de cuna. Sus padres, Rafael Bielsa, un abogado prestigioso de la ciudad de Rosario simpatizante de Central, y su madre, Lida Caldera, una exigente profesora de Historia del colegio Misericordia, movilizaron en sus hermanos –Rafael y María Eugenia– y en él un apego talibán al esfuerzo. “Desconfíen de todo lo que venga fácil, las cosas tienen que llegar después de un trabajo muy largo”, fue la máxima de mamá.
Los hermanos, abogados, lo motorizaron en la política. Él lo hizo en una cancha de fútbol, donde el ámbito académico desaparece y hay que sostener las convicciones ante 22 futbolistas primero y luego ante 60 mil personas insultando a coro los 90 minutos si el equipo no gana.

Luche y vuelve. Bielsa, un perfecto desconocido en el fútbol hasta 1990, anduvo siempre a contramano. Luchó con ser un marcador mediocre, un profesor de educación física que siguió la carrera sólo para aumentar sus conocimientos del rendimiento físico y que peleó contra su cuerpo para recibirse, y un técnico de inferiores al que sus colegas miraban con sorna, por haber recorrido el país en un Fiat 147 rastreando jugadores por sugerencia de Bernardo Griffa, el director de las divisiones inferiores de Newell’s, a cambio de la promesa de ser el técnico de la primera.
Cuando llegó y empezó a ganar, rápidamente lo quisieron enfrascar. Confesó que miraba videos (una suerte de parámetro que se utilizaba en los ’90 para reconocer el perfil un DT). El periodismo hizo una ecuación rápida: “Mira videos=labura=es bilardista=es defensivo”. Bielsa gambeteó. También porque también el esfuerzo juega para atacar: “Lo que pasa que en la Argentina los técnicos obsesivos jamás se preocuparon por jugar ofensivamente. Y yo soy un obsesivo del ataque. Yo miro videos para atacar, no para defender. Mi lema del trabajo defensivo es ‘corremos todos’. El trabajo de recuperación tiene 5 o 6 pautas y chau, se llega al límite. El fútbol ofensivo es infinito, interminable. Por eso es más fácil defender que crear”.
“Es un arrogante, un duro entre los débiles”, dijo Chilavert. En Vélez “nos llevó un año y medio entenderlo”, tiró Simeone en 2003. En Chile, lo atacaron Claudio Borghi y Nelson Acosta, ex DT de la Roja: “Para superarme, tendrá que clasificar al Mundial, pasar la primera ronda, pasar la segunda y ahí recién habrá mejorado lo mío”, dijo el entrenador uruguayo.
Bilbao no fue la excepción. Eso de la posesión del balón permanente, en un club en el que Javier Clemente dejó su marca, era visto con mucho cuidado cuando llegó. Estuvo cubierto por decirle que no a Moratti, el todopoderoso presidente del Inter, porque tenía cerrado de palabra un contrato con el Athletic. Eso los vascos lo recibieron con simpatía. Lo que genera Bielsa en España podría resumirse con la escena de la transmisión de Canal 4 de ese país el pasado jueves durante el partido de la Uefa Europa League. Iban 70 minutos y el relator, Juanma Castaño, le preguntó a su comentarista, Nico Abad, si firmaría el empate. “Tratándose de un equipo de Bielsa, nunca”, contestó . Un minuto después vino un 2 a 1 lleno de toques y filigranas. El hecho de estar jugando en Old Trafford contra el Manchester United es un dato que no hace a una cuestión circunstancial.

Cuore. Pero no todo es esfuerzo. Bielsa es una persona sobreexigente también con sus colaboradores, suele maltratarlos, igual que a sus jugadores y comportarse de manera soberbia, como lo hizo con su partida de la Selección. Pero es de alma sensible, muy apegado a sus afectos, esa es la contracara de su personalidad urania y rocosa. Antes de debutar en primera como jugador, su compañero, el griego Roberto Agueróplis necesitaba techar su casa para casarse. Bielsa le regaló el dinero de su primer sueldo profesional; un tiempo después cuando el hermano de Aguerópolis se casó y en la familia no tenían dinero para los mozos, Bielsa se ofreció e hizo de mozo en la fiesta; con todo lo que significaba para él ser jugador de fútbol, cuando Rafael desapareció en 1977, Marcelo se volvió de Instituto de Córdoba a su casa de la calle Moreno para jugar en Argentino de Rosario para estar cerca de su familia, el día que Rafael volvió a su casa, Marcelo escuchó los gritos de su familia y apareció completamente desnudo a recibirlo y a abrazarlo con una emoción incontenible hasta el llanto; en su reclusión en su campo de Alcorta luego del Mundial 2002, encontró un hombre solo, llorando, al que su mujer lo había dejado sin nada y estaba sin trabajo, lo llevó a su casa y todos los días iba a comer con él, le pagaba un sueldo por la comida y se hacían compañía entre los dos. Hasta allí fue Cacho Vigil a charlar un día con Bielsa y pudo comprobarlo.
“Este triunfo sólo tendrá valor para el Athletic si es capaz de rentabilizarlo el jueves próximo en San Mamés en el partido de vuelta”, dijo Marcelo Bielsa en la conferencia de prensa. El triunfo y la derrota es algo sobre lo que reflexionó demasiado. En Chile, en pleno éxito, en la previa del Mundial, dijo en conferencia de prensa: “En este proceso se despierta la adhesión, pero todo se acaba ante el fracaso. Mi tarea es difundir valores, algo que es mucho más importante. Esa idea para mí es central”.

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