Bolivia: Evo y la rebelión de los Avatar

Año 4. Edición número 176. Domingo 02 de octubre de 2011
Perdón. Evo se disculpó por la represión. (AP)
La protesta indígena por la construcción de una carretera amazónica en un parque nacional cuenta con el apoyo intelectual, mediático y económico de múltiples ONG y agencias norteamericanas como la Usaid y la NED.

Paradojalmente, una protesta de las etnias amazónicas disparó la mayor crisis del primer gobierno indígena boliviano. Por lo tanto, la reunión que tendrán esta semana en el Palacio Quemado el presidente Evo Morales y los líderes de los grupos comunitarios Moxeños, Yuracarés y Chimanes promete ser ríspida por los múltiples pases de facturas que se están haciendo presumibles compañeros políticos de ruta. Los dirigentes de las denominadas tierras bajas bolivianas reprocharán al ex dirigente cocalero del Chapare varias cosas: el no uso con ellos de la Consulta Previa constitucional antes de iniciar un trazo asfáltico que iba a atravesar el Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis), la violenta represión del último domingo –Morales pidió “disculpas y perdón” por las bravuconadas policiales, aunque aclaró que “el desalojo no fue ordenado por ningún órgano estatal”–, y el impulso de varios proyectos productivos y energéticos por considerarlos lesivos de la biodiversidad. Ahora bien, Evo Morales seguramente retrucará los disgustos de los pueblos originarios con fuertes acusaciones. Por ejemplo, el Jefe de Estado preguntará por qué un ex diplomático del presidente prófugo Gonzalo Sánchez de Losada fue el encargado de presentar la denuncia legal en la OEA contra el gobierno boliviano por una supuesta “violación de los derechos indígenas”, o qué razón llevó a los principales representantes del Tipnis a asistir en julio a un curso sobre problemática indígena que tres académicos norteamericanos de primera línea brindaron en la embajada de Estados Unidos en La Paz, o también podría indagar por qué los líderes moxeños adhieren a las políticas anti-calentamiento global promovidas por las agencias norteamericanas Usaid y NED que implican la privatización de bosques nacionales.
Pero, más allá de la visible intromisión de Washington en la protesta indígena boliviana, el esperado encuentro entre Morales y los líderes del Tipnis evidenciará la colisión de dos cosmovisiones desarrollistas diferentes. Por un lado, el gobierno defenderá la necesidad de “poder concretar el eternamente retrasado salto industrial boliviano” y, contrariamente, los pueblos originarios harán uso de un relato ecocomunitario que intelectuales como el periodista boliviano Pablo Stefanoni definen como “pachamamismo ingenuo”. “La pose de autenticidad ancestral puede ser útil para seducir a los turistas revolucionarios en busca del exotismo familiar latinoamericano. Pero, en realidad, el pachamamismo contribuye a disolver las profundas ansias de cambio de los bolivianos en el saco roto de una filosofía alternativa a la occidental, que es aprendida en espacios globales como los talleres de ONGs o en la calma de la Duke University. Además, su generalidad filosófica no da ninguna pista sobre la superación del capitalismo dependiente, el extractivismo o el rentismo, ni sobre la construcción de un nuevo Estado”, polemizó Stenanoni en un artículo titulado “¿A dónde nos lleva el pachamamismo?”.
Recapitulando, en definitiva –más allá de la torpeza del gobierno boliviano en la administración del conflicto y la más que condenable intervención policial–, la convulsionada coyuntura del país vecino se debe originariamente a la construcción de una ruta en un territorio en el que los viajes se miden a menudo en días por falta de caminos asfaltados. Por lo tanto, esta vez el debate desatado entre infraestructura vial o respeto a la Madre Tierra parece más que exagerado. Esta tensión, que cruza todo el proceso de la era Morales, fue sintetizado analíticamente por el vicepresidente Álvaro García Linera en un paper titulado “Las contradicciones de la revolución boliviana”: “Humanizar la naturaleza y naturalizar al ser humano, explicaba Karl Marx. Ése es el sentido de nuestro proyecto: utilizar la ciencia, la tecnología y la industria para producir riquezas. Caso contrario, ¿cómo se construirían las rutas, los centros de salud y las escuelas que nos faltan?”. El dilema sigue abierto.

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