Brasil: Año nuevo, gobierno nuevo

Año 3. Edición número 136. Domingo 26 de diciembre de 2010
La presidenta Rousseff asume el 1º de enero. (AP)

En una semana termina el mandato de Luiz Inácio Lula da Silva, el tornero mecánico que llegó a la presidencia de la mano del Partido dos Trabalhadores para cambiar Brasil. En el Foro Social Mundial de 2002, recién elegido, sostuvo que un gobierno de izquierda debe evaluarse a partir de los cambios que generó a favor de la sociedad. En ese sentido, podemos afirmar que Brasil cambió.
Al repasar algunos datos comparativos al país que dejó el ex jefe de Estado Fernando Henrique Cardoso, podemos ver que desde el 2002 al 2010 la generación de empleos pasó de cinco millones a catorce millones, con una fuerte suba de los salarios reales, donde el mínimo pasó de 111 a 291 dólares mensuales. Y este cambio se debió a fuertes políticas de empleo, con un incremento de la inversión que pasó de 6,9 a 35 mil millones de reales. Teniendo un impacto en la redistribución del ingreso, aumentando la participación de los asalariados del 31 al 35 por ciento del PBI y reduciendo el índice de desigualdad (Gini) del 0,596 al 0,561. Esto se refleja en la reducción de la pobreza, que pasó del 21,1 al 10,5 por ciento.
A su vez, en lo que refiere a derechos, en materia de salud se pasó de una inversión media de 22,47 a 57,47 mil millones de reales, ampliando la cobertura pública de 60 a 100 millones de habitantes. En tanto que en educación también hubo un aumento de inversión, que pasó de 12 a 44 mil millones de reales, especialmente en educación básica, que pasó de 5 a 13,7 por ciento. Teniendo a su vez un fuerte impacto en la educación superior, donde se creó quince nuevas universidades federales y 117 campus de enseñanza superior, aumentando así de 117 mil a 200 mil vacantes anuales, con un total de 700 mil becarios. En tanto que en derechos sociales, el Programa Bolsa Familia alcanza a 12,6 millones de familias. Propiciándose a su vez una reforma agraria, que amplió la cobertura de 11,4 a 67,73 millones de hectáreas aplicadas.
Pero los cambios no concluyen en enero, porque a partir de la participación ciudadana se generó un Programa de Aceleración del Crecimiento, que a través de 65 Conferencias Nacionales en los Consejos de Desarrollo, Seguridad Alimentaria, Juventud, Mujer, Afros, entre otros, permitieron la participación de unas cinco millones de personas que elaboraron políticas que seguramente la gestión de Dilma Rousseff les dará marco para seguir transformando el Brasil.

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Otras notas

  • Al entregar un millón de becas del ProUNI (Programa Universidad para Todos), la presidenta Dilma Rousseff no sólo realizó una obra de gobierno, además marcó un punto de inflexión en el sistema universitario brasileño. En base a políticas públicas (tales como la creación de universidades, becas, préstamos de estudios y cuotas afirmativas para afrodescendientes, mujeres y pobres), la estructura elitista de la educación superior se transformó en un esquema educativo abierto e inclusivo.

  • Son muchos los que usan el concepto de Bel-India para referirse a Brasil, sin embargo, habrá que reconsiderarlo a partir del informe que presentó el politólogo Marcelo Neri del Centro de Estudios de Políticas Sociales de la Fundación Getúlio Vargas. Sostiene la investigación que, según la evolución del índice de Gini, que mide la distribución de ingresos desde los años sesenta, la desigualdad cayó al piso histórico.

  • Pasadas las elecciones y ganadora Dilma Rousseff, es hora de bajarse del escenario y encarar el Brasil real. Hay mucho que hacer. Los datos siguientes son todos oficiales.
    Pese a los avances sociales del gobierno de Lula, según la Encuesta Nacional por Muestreo a Domicilio –Pnad 2009–, Ibge, divulgada el 8 de septiembre, el ingreso medio del brasileño, calculado en 650 dólares el año 2009, fue un 2,2% inferior al del 2008.

  • Pasados en limpio, los datos de la recuperación económica iniciada desde el 2003, no sólo que impresionan sino que aparecen como indiscutibles: desde las cifras del crecimiento a las del llamado desendeudamiento, desde la creación de empleo a la solvencia fiscal, o desde la multiplicación de las exportaciones a la inversión que viene haciendo el Estado en políticas sociales.

  • Realizar un análisis de la política brasileña no puede restringirse a ver las tendencias en las encuestas o los discursos políticos, por el contrario, debe comprender la formación histórico-social y delimitar la estructura política que se deriva de la misma.

  • A la crisis parlamentaria y de gabinete se le suma la social. Esta semana, el Movimiento de los Sin Tierra y Vía Campesina se movilizaron hacia Brasilia, sede del gobierno federal, y marcharon por la Explanada de los Ministerios, en la principal avenida de esa ciudad que concentra a las oficinas de los principales poderes públicos. Unos 20 mil manifestantes se constituyeron en la primera marcha de masas contra la gestión de Dilma Rousseff.