Candela: otra infancia robada

El asesinato de Candela impacta en lo más profundo. No puede ser de otra manera. El crimen de una nena de once años es uno de los límites que podemos soportar como seres humanos y el grito de justicia no se acallará hasta su concreción.
Mientras la comunidad de Hurlingham y los medios de comunicación hablaban de Candela, en Villa Lugano, docentes y algunos legisladores nos movilizábamos por Sandra Mamani.
Luego de conferencias de prensa y marchas, los canales de televisión difundieron la foto. Entonces, un vecino de Mendoza reconoció a Sandra y ahí supimos que estaba sana y salva.
La mayoría de los chicos perdidos que pueblan los registros oficiales y los archivos de las organizaciones no gubernamentales son adolescentes que han abandonado sus hogares por distintas situaciones familiares. En una franja pequeña de casos, donde no
se encuentran razones para explicar su desaparición, es preciso suponer lo peor.
Todas las situaciones deben ser atendidas con igual rigurosidad. Necesitamos mayores niveles de especialización en las Fiscalías y en los equipos que reciben las denuncias. También una mayor celeridad en la publicación de las fotos. Además, se hace necesario un nuevo protocolo que recoja la valiosa experiencia existente y que incluya
el camino a seguir por los organismos intervinientes, pero también pautas de acciones para las familia afectadas y los medios de comunicación. Proteger y resguardar derechos. Un doloroso dilema.

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Otras notas

  • Unos 300 efectivos de la Policía Bonaerense se sumaron en las últimas horas a la búsqueda de Candela Rodríguez, la nena de 11 años que desapareció el lunes pasado en Hurlingham, luego de salir de su casa para participar de las actividades de un grupo de Boy Scouts de su barrio. Ahora ya son mil los agentes que la buscan. Juan Carlos Paggi, el jefe de la Policía Bonaerense, dijo que se “sigue trabajando” en procura de encontrar a Candela y remarcó que en esa línea “se han dado respuestas a más de mil llamadas” telefónicas, además de seguir con varios allanamientos.

  • Con la reproducción interminable de las imágenes de Candela acecha fantasmáticamente el temor: “Así no se puede vivir”. Se instala fuertemente la pesadez de una regularidad, de algo que nos está pasando todo el tiempo: no la desaparición forzada (que podría poner este caso en la línea de otras desapariciones menos visibilizadas, como la de Luciano Arruga), ni la regularidad de los tres niños por día que faltan de su casa (90% de los cuales son restituidos sanos y salvos); la regularidad que se construye es la de la “inseguridad”.

  • La Comisión Especial de Acompañamiento para el Esclarecimiento del Asesinato de Candela Sol Rodríguez fue constituida con el voto unánime de los senadores de la provincia de Buenos Aires. Es producto del consenso de todas las fuerzas políticas con representación legislativa y la nueva impronta de la Cámara a partir de la decisión política de su presidente, el vicegobernador Gabriel Mariotto, de fortalecer el vínculo entre el pueblo de la provincia de Buenos Aires y sus instituciones.

  • Había vuelto a su casa tras una práctica de hockey. Se cambió y se fue para lo de su tía. Nunca llegó. A Agostina Sorich no la vieron más. Tiene 12 años y desde el 15 de octubre desapareció en las calles de su ciudad, Villa Gesell, donde vive con sus padres y sus seis hermanos. Desde entonces la busca su familia, la policía local, toda la comunidad gesellina y Missing Children.

  • "Septiembre, tu nombre me sabe a hierba”, diríamos con Serrat. Sabe a brote nuevo, a sentir la sensación de recorrer el tramo más florido de un camino colectivo, a caminar hasta Tecnópolis. Septiembre es saber que octubre está a la vuelta de la esquina y que alguien grita desde el puente: “¡Ya se ve la otra orilla!”. Y es sentir que renovamos la esperanza.
    El asesinato de Candela pone a prueba este optimismo. Lo zamarrea , lo increpa, lo cuestiona y lo interpela : “¿Y ahora que me decís?”.

  • Venganza no convencional. Así calificó el fiscal Marcelo Tavolaro a los motivos que llevaron a un grupo de delincuentes a asesinar a la niña Candela Sol Rodríguez. En su pedido de procesamiento, el funcionario asegura que el supuesto autor material –Hugo Bermúdez– la habría asfixiado con sus manos por tratarse de un “psicópata sexual con preferencias a someter a sus juegos sexuales a menores de edad cautivándolos con provisión de ropas y drogas”.