Caso Érica: búsqueda desesperada
El caso de Érica Soriano, la joven embarazada (30) que desapareció el 21 de agosto, no deja de arrojar dudas. Si bien para la familia el principal sospechoso es el novio, Daniel Lagostena (50), para la Justicia no hay ninguna prueba, hasta el momento, para detenerlo. “Conforme a su personalidad, sus contradicciones, y sus actitudes -entre ellas las de no colaborar con la familia- tiene todo el perfil de sospechoso”, dice a Miradas al Sur el abogado de la familia Soriano, Ariel Urssino, que pidió que la semana próxima se cite nuevamente a Lagostena “para que explique bien” qué sucedió el sábado que desapareció.
El jueves se hizo un allanamiento en la casa del padre del novio, Héctor Lagostena, en la casa de su madre y en dos prostíbulos de Capital donde había una mujer parecida a Érica. Desde que desapareció, se hicieron rastrillajes en el Riachuelo, en campos de Saladillo y en la cochería de Lanús de la familia Lagostena, donde se utilizaron geo radares. En la casa del padre sacaron para estudiar un pedazo de 10 centímetros de colchón de un cuarto en desuso, que aparentemente contenía sangre.
En tanto, en la casa de Lanús donde vivía Érica, cerca de la cocina, se encontraron tres huesos pero que, al parecer, no son humanos. Sin embargo, en otro allanamiento, apareció un canasto lleno de huesos barnizados. Según los forenses, serían humanos. Lagostena adujo que pertenecían a una ex novia que estudiaba kinesiología o medicina.
Con esa supuesta pareja había terminado hacía no menos de diez años. “De Érica no son. Por lo menos tienen dos años. Convengamos que no es muy normal guardar restos humanos y más si esa relación terminó hace tanto”, explica Urssino. El abogado se mostró enojado porque “la mayoría de las cosas se hacen con consentimiento de las partes, lo cual dificulta encontrar cosas”. Sin embargo, aún así, en la casa del padre también se encontraron dos armas cargadas escondidas en un lavadero entre la ropa sucia: una 357 y una 9 milímetros con una bala en la recámara. “Si bien estaban a su nombre, no dejan de llamar la atención. Además, ¿por qué las escondió ahí? Tal vez sabía del allanamiento”, cree Urssino.
El abogado no deja de recibir sorpresas. En pleno allanamiento, el padre de Lagostena se le acercó y le dijo: “Doctor, no hay problema que allanen mi casa, pero le pediría si pueden evitar venir entre el 10 y el 15 de octubre porque me voy de vacaciones”. Urssino no podía creer lo que escuchaba.
