César González: “La literatura me rescató del infierno”
Hace cinco meses, César González volvió a la villa Carlos Gardel. “Es mi querido barrio”, aclara. “Ahí nací y ahí moriré”, jura. Ahora hasta parece un hombre feliz... Estuvo cinco años sin pisar los pasillos de la villa, sin la Charly –como le dicen a ese asentamiento–, sin la mítica noche en las calles de El Palomar, sin fierro ni droga, sin los pibes ni la familia, y sin sus domingos en la caliente popular del cilindro, el estadio del equipo de sus pasiones. “Lo mío con Racing no es fanatismo. Es amor”, vuelve a aclarar. “Afónicas gargantas de tanto gritar su amor/ apodado la Academia, bautizado Racing Club/ Poderosas melodías, la más bella sintonía. El Rey de Avellaneda/ El Dios de las hinchadas”, concluye un poema de su cuño. César tiene 21 años, y todo ese tiempo lo pasó encerrado. Fue por una condena por secuestro extorsivo. Transitó por el Instituto de Menores San Martín, el Luis Agote, y hasta los penales de máxima seguridad de Ezeiza y Marcos Paz. Y, como tantos otros, era uno más de los miles de pibes marcados por la desigualdad, la miseria y la marginación. Debió lidiar con las famosas “bienvenidas” de los guardias, las piñas, las amenazas. Sin embargo, el azar hizo que, en medio de los bastonazos, resistiera a ese infierno. Y su arma de combate fueron los libros. Aquel muchacho, que por entonces era un trofeo por haber caído con 16 años enfrentando a punta de pistola a un policía, ahora ganaba la peor de las batallas con el arma de la literatura.
Hizo el secundario, visitó todas las bibliotecas del encierro, fundó la revista ¿Todo Piola? de la que sigue siendo parte y, por si fuera poco, acaba de publicar un libro, que tituló La venganza del cordero atado, cuyo prólogo lo hace el ex líder del ERP Luis Mattini, quien lo descubrió en una foto publicada en el diario Crítica. César trabaja ahora en la Secretaría de Cultura de Morón y estudia Filosofía en la UBA. Flaco, morocho, de mirada cálida, César –o Camilo Blajaquis, como se hace llamar por Camilo Cienfuegos y por el militante de ¿Quién mató a Rosendo? de Rodolfo Walsh– escribe a toda hora. Tiene una infinidad de textos, 200 de ellos los escribió estando preso. La violencia en el sistema carcelario lo llevó a denunciar en prosa todo eso, de lo que poco se habla. Discute con el poder, la agresión, el autoritarismo, la pobreza. Ideas que heredó no sólo por haber sido pibe chorro sino también de sus lecturas. Por caso, fueron las de Walsh, Cooke, Masetti, Arlt, Cortázar, o las de Marx, Foucault y Nietzsche, entre otras. “Los leí pero si me pedís que reivindique a alguien, ella es Evita. Buscó la igualdad y la justicia por pibes que vivieron y viven como yo”, se enorgullece. Ahora está escribiendo. A su alrededor, su tío, su madre y sus seis hermanos. Viven a tres casas, de las que heredaron del plan de viviendas del gobierno nacional. Miradas al Sur lo llama y lo interrumpe. El joven abandona el lápiz y responde.
–¿Cómo surgió el interés por la literatura?
–Allá adentro, además de golpes había tiempo para todo. Fue un proceso que se dio ahí. Empecé a leer desde filosofía marxista, hasta literatura argentina. Después se me dio por escribir poesías. En su mayoría tratan sobre las injusticias que viví encerrado, los golpes, de lo que es realmente el sistema carcelario ahí. Después surgió la revista ¿Todo Piola? y la publicación del libro.
–¿Cómo asimilaste el cambio de una historia tumbera a la de un poeta?
–Cuando salí hice lo que tenía ganas de hacer con toda tranquilidad. Pero si tengo que decirte cómo estoy, mi diagnóstico se sabrá dentro de cinco años. Lo de chico viene a explicar la importancia de un contexto en la vida. Desencadena algo inevitable, y cuando te criás en un barrio, será cien veces más difícil que otra vida. Estas bajo la etiqueta de lo que un cuerpo social tiene de alguien. El problema va más allá. El sistema hizo que la sociedad ignore a los pibes de la calle tratándonos de ignorantes. Hay sectores que instalan la idea del negrito que no sirve para nada. Y los medios colaboran porque ven sólo sus intereses, no les importa el otro. Olvidan nuestro origen, la marginalidad, la situación económica con la que nos críamos. Y no comprenden cómo un pibe de la villa pueda llegar a ser alguien en la vida.
–Pero vos vivís en una villa, trabajás y estudiás.
–Sí, pero te hago el panorama sociológico: ¿Cuántos pibes de la calle conocés así? Claro, si los hay no los conocemos porque es algo que no se quiere tolerar. Y quizás eso se explica en nuestra historia, en las políticas neoliberales, la privatización, la destrucción de la cultura, el desmantelamiento del Estado. Todo eso profundizó la desigualdad. La dictadura que se llevó a 30 mil, que eliminó el pensamiento, y después fueron los ’90. Menem lo hizo. Y la seguimos pagando nosotros. Por eso es importante darles espacio a los pibes para que se expresen y la sociedad salga del prejuicio que le instalaron.
–¿Qué proponés para eso?
–Un ejemplo es la revista ¿Todo Piola? Nació cuando estaba preso, con la idea de transformarse en un devenir cercano, un futuro, un espacio para que el pibe o piba que venga de una historia marginada y de mierda como la mía, pueda expresarse. Mi sueño es que sea una fuente de trabajo, no un manual, sino algo del arte donde los pibes se copen escribiendo. Y nunca un lugar donde te traten como una especie rara, un experimento. La revista lleva cinco números, creció: ahora salen 2 mil ejemplares. Pero queremos más impulso. En ¿Todo Piola? me ayuda Mario Santucho, hijo de Santucho, a quien quiero y admiro muchísimo. ¡Somos todos subcomandantes!
–¿Cómo surgió el libro?
–Fue un rejunte de muchos de mis textosque hice encerrado. Y nació el interés de los de la editorial –Ediciones Continente– que la leyeron y me hicieron la propuesta. No sé si les llamó la atención mi historia o la obra, o ambas cosas. Yo soy considerado como una anomalía del sistema, un caso extraño. Y, bueno, quiero aclarar que soy una persona de carne y hueso. El libro primero lo presenté a lo bien feria en la Facultad de Ciencias Sociales; y después en la Feria del Libro, fue a la semana.
–En una de tus poesías denunciás la asistencia social. “Una psicóloga ayer me dijo que no puedo ser escritor. Esa piña duele más que la del guardia”, escribís.
–Sí, eso me lo hicieron sentir siempre. Es que ahí no sos nadie: te pegan, te maltratan. Toda persona que ingresa al sistema carcelario, es decir, uno que cayó en manos de la policía, se le asigna un psicólogo y un trabajador social. Éstos muchas veces se olvidan del contexto social en que se crió la persona, y alegan toda la culpa a la mamá del joven o al papito soberbio y autoritario. Así olvidan dónde uno nació. En las cárceles intentan convencerte y a veces hasta lo logran de que la única manera de salvarte es a través del trabajo esclavo, es decir, 12 o 14 horas por día, aniquilando la posibilidad que el preso pueda tener realmente de desahogar su dolor. Los libros y la escritura me ayudaron a superar eso. Hoy mis poemas son la esperanza para recuperarme de eso.
–¿Cómo definís tu modo de ver el mundo?
–Te diría que mi proceso de formación recién comienza. Miro lo que pasa y pienso que sí: es hora de definirme. Yo estoy del lado de los de abajo. Veo lo que pasa, y expongo.
–¿Te identificás con alguien?
–Me considero peronista de izquierda. Si hay algo que me atrae es la figura de Evita. Su imagen por la igualdad total. Hay muchos próceres que dieron su vida, y eso es superior que todo por décadas. Y me atrae el peronismo porque es una esencia bien de la clase baja. Y te aseguro que en la villa somos todos peronistas. Los de abajo saben cuáles son los derechos que les niegan. Y es una lucha constante contra el prejuicio de la alta sociedad que impone que la gente de abajo es ignorante por naturaleza. Lo más cercano a la conciencia de clase lo demostró el peronismo. Perón fue el más marxista de todos los capitalistas. Es puro sentido común. Creo que hoy, por lo menos, se intentan recuperar algunos derechos. Yo no idolatro al Gobierno, pero tomo postura. La Asignación Universal por Hijo, los planes de vivienda, la ley de medios, son puntos muy importantes que hay que defender.
–¿Sos consciente de todo lo que pasás?
–Sé que me están pasando cosas fuertes en poco tiempo. Ahora pasa rápido pero tuve que ver y sentir el tiempo muy, pero muy lento.
