Con Messi no, varones

Año 4. Edición número 183. Domingo 20 de noviembre de 2011
(TELAM)

En los primeros ’70 se sabía de hinchadas que cantaban “Asociación del Fútbol Argentino nido de ratas, sucios y vendidos”. Ya por entonces se decía de ciertos jugadores en ascenso que eran “un invento deEl Gráfico de los diarios”. Ni las oscuridades de la AFA son tema nuevo ni nacieron ayer las miradas suspicaces sobre lo que dicen los medios. Lo que es (apenas) relativamente nuevo es que los medios usen el sustantivo “la gente” para referirse a los discursos que ellos mismos derraman. Y aunque no haya encuesta sistemática, masiva o rigurosa que pueda demostrarlo, se puede suponer que los cuestionamientos sobre las virtudes deportivas de Lionel Messi o sobre su desempeño en la Selección no vienen tanto de “la gente” como de esa otra necesidad de los medios que tan bien conocen hinchas, jugadores y DTs y que se resume en una frase no académica ni bella pero exacta y cada vez más vigente: “Tienen que llenar las páginas (o espacios de radio y TV) con algo”.
El problema de “llenar las páginas con algo” es que ha mutado hace demasiado tiempo en otro mandato: “Llénese preferiblemente con mierda”. Es un imperativo televisivo esencial de los programas basura, que contamina a los de política y localidades cercanas. Alguien, algún día, escribirá un buen ensayo acerca del periodismo deportivo como metáfora general de un estado de cosas (de mierda) en nuestro… ¿periodismo? Mierda que entretenga, mierda que impacte, mierda que tense, mierda que provoque, mierda que saque lo peor de nosotros, mierda que despierte el griterío, mierda que refleje el cinismo de conductores y editores que aceptan gustosos el mandato empresario, anotados en la lista de la trepada y las ganancias a futuro.
¿Cómo ese mocoso lleno de guita que no sabe ni cantar el himno puede usar la camiseta del Diego? Esta pregunta, así formulada, sería la suma frankesteiniana de todas las malas leches acumuladas. En Estudio Fútbol hay un ¿periodista? en particular, Marcelo Palacios, pícaro cuando entrevista, que maravilla por su pertinaz interés en hurgar asuntos no deportivos sobre la vida de los jugadores: cuánto ganan y a qué estarían obligados por eso, qué reglas de poder deben respetar, qué afán presunto de figuración o estrellato le molestan y deberían sosegar, qué escasa vocación tienen por identificarse con las necesidades de las lógicas establecidas. Es difícil escuchar a Palacios hablando sobre fútbol, en un programa de fútbol. Una respuesta a ese tipo de ¿periodismo? es desde hace tiempo Hablemos de Fútbol, cuyo título lo dice todo, un buen programa donde se cafetea bonito sin necesidad de repetir la fórmula de la polémica presunta o los gritos payasos de Pagani. De nuevo: la lógica del panel-en-conflicto se instaló en la tele hace mucho, excepto en los programas con paneles kirchneristas, dato también interesante.
Venimos de hermosas, magnas pavadas esgrimidas por ciertos periodistas deportivos que aún resuenan, como la más bella música, en nuestros oídos. Como que “el 2 a 0 es el peor resultado” o que el gran problema de la Selección de Basile en el ’94 fueron las gorritas de los espónsores. En el top 40 de las Grandes Sandeces proferidas por nuestro periodismo deportivo últimamente restallan dos: que hay que dejar a “los extranjeros” en el extranjero para formar un equipo de combate con los patriotas que habitan suelo argentino y que Messi está condenado a no rendir en la Selección, acaso por antipatria o ser estrella global.
Lionel Messi es el único jugador extraordinario en cualquier hipotético plantel de seleccionado argentino lleno de buenos, muy buenos y unos pocos excelentes jugadores que son tan buenos, muy buenos o excelentes como los de otras selecciones importantes. Como salvo Messi el resto es parecido, y dadas las humanas carencias que hayan podido tener nuestros sucesivos DTs, más la oscura mediocridad de la conducción de la AFA a la hora de desplegar proyectos de largo plazo, sucede que a la selección argentina le va como marca la historia. Que no son los dos campeonatos mundiales obtenidos, sino el promedio de casi un siglo de historia, pese a “todos los jugadores que sacamos”. El concepto lopezreguista de Argentina Potencia no es más que un juego de anticipo, una apuesta televisiva al conflicto permanente y vendedor.

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  • El 25 de enero último la edición internacional de la revista Time puso en tapa a Lionel Messi. Una foto de su rostro, con cierta sombra sobre el lado izquierdo de su cara, con título en letras blancas, “King Leo” (El rey Leo). En la bajada: “Lionel Messi es el mejor jugador de fútbol en el mundo –posiblemente de todos los tiempos–, entonces ¿por qué sus compatriotas no lo quieren?”.

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  • Cuando en marzo de 1986, luego de haber soportado el arrebato destituyente del alfonsinismo contra Carlos Bilardo, Julio Grondona decidió sugerirle al técnico que desestimara la presencia de alguno de sus históricos (Miguel Ángel Russo, Sabella, Julián Camino), para reemplazarlos por nombres de su preferencia que no habían sido tenidos en cuenta por el Doctor (Carlos Tapia, Jorge Olarticoechea y Héctor Enrique) y que sí eran del gusto del presidente de la Asociación del Fútbol Argentino, quedó marcado un antecedente.

  • Tiene un recorrido largo, el nuevo entrenador del seleccionado. El partido de ayer puede haber sido una muestra gratis de lo que vendrá en las Eliminatorias en octubre próximo. Rivales que no perdonan; equipos que ganaron terreno frente a la pasividad argentina. ¿Es verdad que el fútbol se emparejó y que Venezuela ahora es una suerte de cuco? No está claro aún. Lo que sí se dejar ver es que algunos equipos, por caso la Vinotinto, perdieron el respeto.