Constitución: el barrio que vive en tinieblas
La mayoría del millón de personas que cruza la Plaza Constitución ya había vuelto a sus hogares. En el asiento del fondo del colectivo 12 que va desde Barracas hasta Palermo, una señora mayor leía con dificultad un mensaje de texto, tan concentrada que no vio venir esa sombra que se colgó de la ventanilla, creció como hasta alcanzarla y desapareció con el celular. La mujer gritó. Abajo, un hombre que había visto la escena intentó parar al punguista casi jugador de básquet. Se acercó, gritó ¡Ladrón!, y un grupo de varios pibes se le vinieron encima. El ocasional justiciero levantó la vista, pensó en que pronto la policía lo rescataría, pero no encontró nada: la plaza estaba desierta. La escena sucedió en noviembre del año pasado, pero es moneda cotidiana en el barrio de Constitución.
Policías que sólo aparecían para cobrar coimas, trata de personas, vendedores de droga en las calles, punguistas con lugares de trabajo fijo, oscuridad, mugre perpetua y un abandono que lleva décadas convirtieron a Constitución en un lugar que mucha gente prefiere esquivar.
“Se dejó de gobernar la calle”, decía uno de los informes que recibió la ministra de Seguridad, Nilda Garré, en sus primeros meses de gestión.
El diagnóstico había sido elaborado en base a información de inteligencia criminal y los datos aportados por vecinos en las mesas barriales de participación comunitaria. La situación, además, saltaba a la vista para cualquier transeúnte.
En aquel momento, antes de que fueran relevados la mayoría de los comisarios de la Federal, los jefes policiales de cada dependencia desfilaban ante la ministra y el resto de los funcionarios para exponer la situación de sus comisarías. Cuando les tocó el turno a los jefes de las comisarías 16ª y 18ª, los informes previos eran tan lapidarios que la audiencia se suspendió.
Esa misma noche, en un auto de vidrios polarizados, la ministra recorrió las calles de Constitución. Lo que vio era tan sórdido como lo que explicaban los informes.
“Era un lugar donde incluso las prostitutas pedían seguridad”, explica un vocero del ministerio a Miradas al Sur.
El resultado es un operativo de seguridad con 408 efectivos que recorren la zona a pie, en motos, patrulleros y caballos. Además de cambiar al jefe de la Comisaría 16ª, allí se instaló un centro de monitoreo para las 56 cámaras que día y noche registran todos los movimientos del barrio.
El de Constitución es, en rigor, el primer operativo que se hace con la Policía Federal. En la zona sur de la ciudad, el Operativo Cinturón Sur quedó en manos de Prefectura y Gendarmería, luego de que la Federal no lograba bajar los índices de robo de autos y la venta de drogas.
En las terminales de micros –que de a poco buscan adoptar la lógica de los aeropuertos– los encargados de la seguridad son ahora 300 efectivos de Gendarmería y 140 de la Policía de Seguridad Aeroporturia (PSA), encargados de “reorganizar la circulación de pasajeros y los controles de equipaje, incluso con scaner, para revisar el equipaje que entra y sale por la terminal”, según explicaron voceros del ministerio.
En Constitución, además del aumento de los patrullajes, se hizo un convenio con la Secretaría de Cultura para organizar actividades culturales. La primera fue el viernes: un recital de La Bomba de Tiempo. El próximo será el 24 de febrero, con Los Peritos. Y luego, en marzo, le tocará a Caramelo Santo.
En el recital del viernes se mezclaron transeúntes, gente del barrio y fans de la banda. El show terminó después de las nueve de la noche. Mientras la gente se retiraba, el barrio lucía apenas distinto: más tranquilo, pero la mugre y la oscuridad todavía siguen allí. Esa parte, dicen, es la que le toca solucionar al Gobierno de la Ciudad.
