Un galpón desvencijado. Afiches que promocionan noches únicas con peleas de campeones ignotos. Guardarropas con más óxido que pintura. Guantes, cascos protectores, bolsas de arena que reclaman ser golpeadas. El afiche bien grande de Mohamed Alí. Una escalera que desemboca en una oficina todavía más trajinada que les da lugar a fotos de Gilda, Carlos Monzón, Víctor Galíndez y Sergio Víctor Palma. En el centro del cuadro, con un magnetismo irresistible, el ring que será testigo de triunfos y derrotas, miserias y grandezas. Ese escenario cuidado al detalle es el corazón de Contra las cuerdas, la ficción que protagoniza Rodrigo de la Serna con la que la productora de Claudio Villarruel y Bernarda Llorente desembarca en Canal 7.
“Ezequiel, mi personaje, es un tipo que no pudo con su propio espíritu. Se vio obligado a dejarse ganar en una pelea, pero una vez en el cuadrilátero el estómago le dijo no. Entonces tuvo que rajarse de su pueblo natal y llegó al Gran Buenos Aires a buscar a su hermano, a quien no veía hacía muchos años. En el medio se cruza otro amor, historias de marginación, peleas de diversa índole y mucho retrato del conurbano. Mi personaje camina la vida a través de sus puños, pero de alguna manera también desde la sensibilidad y el deseo de vivir”, explica De la Serna en un descanso en las grabaciones.
Miradas al Sur fue testigo exclusivo de la filmación de varias escenas de la tira que debutará el 30 de noviembre, a las 22.30, y se emitirá de martes a jueves. El Toro (Alberto Ajaka) tiene un cruce con Ezequiel (De la Serna) en pleno gimnasio. Discuten, se miden, amenazan, putean, empujan y el devenir de la acción los lleva irreductiblemente a un “diálogo” en el ring. De la Serna exhibe en sus movimientos una soltura y seguridad que no dejan de sorprender. No es casualidad. Durante meses estudió boxeo para la película sobre Ringo Bonavena, que finalmente nunca fue filmada (incluso subió 20 kilos para ese papel). El actor le saca partido a esa experiencia en Contra las cuerdas y está atento a todos los detalles. “¿Los muchachos no tendrían que estar un poco transpirados?”, le dice Rodrigo a su director, en referencia a los extras. Inmediatamente una asistente los rocía con agua y repetirá la acción en cada corte de escena.
Hollywood hizo casi un subgénero de los boxeadores condenados a dejarse ganar. De alguna manera, Contra las cuerdas lo replica, pero también pretende retratar la marginalidad de ciertos sectores del Gran Buenos Aires. Sin estridencias ni moralina, sin señalamientos ni idealizaciones. En ese contexto general también habrá espacio para el amor. Ezequiel conocerá a Ana (Soledad Fandiño), estudiante de periodismo y empleada de la cooperativa del barrio. Su padre (Roberto Carnaghi) también cobrará un rol importante en esta madeja de conflictos que atravesarán la vida de Ezequiel. La serie se está filmando en alta definición bajo la dirección de Alejandro Maci. La idea original corresponde a Tristán Bauer, la producción pertenece a ON TV (la productora de los ex Telefé Villarruel y Llorente), Esther Feldman es la responsable de la coordinación autoral, y los libros están a cargo de Juan Pablo Domenech (Culpables y Vientos de agua).
De la Serna explica: “Es una historia muy atractiva que creo que va a generar una respuesta importante de la gente. Es muy intensa, tiene muchos condimentos interesantes, variantes y compromiso con la realidad. Las actuaciones y los actores son impresionantes. Cada detalle expresa el esfuerzo y una seriedad que cada vez cuesta más encontrar en la televisión”.
El clima de trabajo está marcado por la intensidad que impone el medio y el inminente debut. Los actores lucen concentrados, pero también se dan algunos segundos para bromas que incluyen la caricaturización de los propios personajes. Las escenas de boxeo son seguidas celosamente por Charly, un entrenador experimentado que instruye a los actores y diseña las coreografías de las peleas para que alcancen el máximo de realismo.
“Vivimos tiempos donde la televisión está dominada por la cultura de Marcelo Tinelli y los respectivos programas que no hacen otra cosa que repetir todo el tiempo Showmatch. En breve se sumará a esa usina de producción una nueva versión de Gran Hermano. En ese contexto, una tira diaria como Contra las cuerdas se transforma casi en un acto de resistencia cultural. Sinceramente agradezco tener la posibilidad de trabajar en un espacio de ficción cuidado al detalle. Se trata de algo muy valioso porque genera trabajo para los guionistas, directores de fotografía, actores, gente de vestuario... Pero también porque es una forma de defender nuestra cultura y capacidad para pensar y retratar nuestras vidas. Me parece sumamente positivo que la televisión pública siga defendiendo estos proyectos y los pueda sostener en el tiempo”, concluye el actor.
