Cooperación regional y fomento del desarrollo

Año 4. Edición número 174. Domingo 18 de septiembre de 2011
Suzy Castor. Representante de Haití.

Poco se conoce sobre la República de Haití. Suele ser noticia cuando sufre una catástrofe natural de enormes dimensiones, que barre con un tercio de su población. El país más pobre de América, con la mayoría de su población por debajo de la línea de la pobreza, tiene una historia que explica el porqué de su situación y la importancia de la Unasur para su reconstrucción.
Profesora y socióloga, perseguida por la dictadura de Duvalier y exiliada en México durante 30 años, la haitiana Suzy Castor ha dedicado su vida a luchar por los derechos humanos. “El futuro de Haití no se puede lograr sin una integración de América latina”, afirmó Castor en la mesa de debate “Haití ¿respuesta del sur?”
El 12 de enero del año pasado, los haitianos vivieron una situación dantesca. A los conflictos militares y políticos internos, la enorme violencia, el hambre y la dominación de las elites gobernantes, se les sumó un terremoto de proporciones descomunales que acrecentó las miserias en el país.
La respuesta de la comunidad internacional no se hizo esperar. Rápidamente soldados de la ONU se dispersaron sobre la isla para restablecer el orden ante el caos desatado. Para su población, acostumbrada a las intervenciones militares, el despliegue de tropas en suelo haitiano no necesariamente significaba una ayuda.
“Francia tiene un interés geopolítico en Haití. De hecho, es el único país de América latina donde se habla francés. Estados Unidos, histórica y paradójicamente, ha hecho de nuestra economía una isla exportadora de arroz. Pero nuestro país no puede asegurar su propio de­sarrollo y por ello carece de autonomía en sus decisiones”, denunció Castor.
Con la perspectiva de la reconstrucción, muchas empresas, agencias internacionales, fundaciones y ONG mantuvieron intereses económicos particulares. Sin embargo, por primera vez en su historia, la presencia de países latinoamericanos ha abierto otra perspectiva. Técnicos argentinos, junto al Ministerio de De­sarrollo Social y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta) implementaron como proyecto piloto el plan Pro-Huerta, que permitió la incorporación de 120 mil personas en situación de pobreza extrema.
Por su parte, Cuba colaboró con el envío de médicos y participó en el diseño del Plan Nacional de Salud. Junto a Venezuela, subvencionaron la construcción de hospitales públicos. Brasil inició la construcción de una importante represa hidroeléctrica en el Departamento de Artibonite, con ayuda financiera de Canadá.
Castor, que también dirige la fundación Gerard Pierre Charles y forma parte de la Academia del Congreso Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), sostiene que lo más preocupante tiene que ver con la construcción de ciudadanía, para contrarrestar a políticos y militares. “Los actores de la sociedad civil y de la clase política estamos dispersos. Y el Estado está ausente. Hay que empezar a reorganizar todo esto. La Unasur hace un gran esfuerzo y es algo positivo y novedoso. En mi país pensamos que las grandes crisis puedan abrir las posibilidades a nuevos desafíos. En palabras de José Martí: nuestro país posee valor y amor por la libertad. Nos espera una gran labor y el camino es junto a América latina”, concluyó Castor.

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