Cuando el Diablo mete la cola

Opinan el sociólogo Fortunato Mallimaci y el filósofo Rubén Dri.

Fortunato Mallimaci, sociólogo especialista en religión, habló sobre el comportamiento histórico de los políticos en su recurrencia a pedir apoyo al Episcopado y del poder de la Iglesia, gracias a la simbología que maneja con la sociedad. Afirmó que la oposición recurre a Bergoglio, porque considera que por si sola no tiene suficiente fuerza. Para el filósofo y ex sacerdote Rubén Dri, el arzobispo de Buenos Aires articula al arco opositor porque se opone a un Estado laico y progresista, que avance en temas controvertidos que el catolicismo considera de su exclusividad, por revelación divina.

–¿Cuánto poder tiene la Iglesia Católica en la sociedad argentina?
Mallimacci: –El peso le viene de los hechos sociales que producen ellos mismos y otros actores que los van a buscar para políticas sociales, bendiciones para las escuelas. Si todos siguen creyendo que la Iglesia es la que más poder simbólico tiene en la sociedad argentina, que después acepten las consecuencias. En el país hay mucha gente formada en el catolicismo. La Iglesia tiene mucha influencia social.
R.D.: –La Iglesia tiene influencia porque maneja una simbología religiosa muy importante, que tiene nexos con los poderes económicos y políticos a nivel nacional y mundial. Hay que tener en cuenta que lo religioso es muy profundo en el ser humano y quienes logran manejar la simbología, necesariamente tienen poder.
–Cuando se avanza en temas como ser el matrimonio entre personas del mismo sexo o la legalización del aborto, ¿la Iglesia siente que el Gobierno de turno la amenaza?
R.D.: –Siente que se le quitan determinados espacios que considera propios. O sea, piensa que se le quita poder y cree que tiene la verdad por revelación divina.
F.M.: –Un gobierno, si quiere, puede debilitar a la Iglesia. Bajo la presidencia de Raúl Alfonsín, los peronistas fueron a decirle al cardenal Antonio Quarracino que estaban con él, en contra de la sinagoga radical que impulsó la Ley de Divorcio. Ese es el comportamiento histórico de la sociedad política en Argentina. La CGT y la CTA van a las semanas sociales en Mar del Plata organizadas por la Comisión Episcopal de la Pastoral Social. La mayoría de la gente manda a sus hijos a las escuelas privadas porque no cree en las escuelas públicas, aunque conozca los casos de curas pedófilos. Hay una hipocresía católica muy grande.
–El arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio ¿es un cuadro de la oposición?
F.M.: –Se manifiesta como un dirigente político más, que está por arriba de toda la oposición porque él los convoca. Y existe porque los partidos, grupos, asociaciones lo van a ver cotidianamente. Cuando la oposición lo visita, lo hace porque considera que no tiene suficiente poder. Entonces busca en un tercero opuesto al Gobierno. Nadie le pregunta cuál fue su papel en la dictadura, porque suponen que tiene un poder devenido no sé de qué cosa extraña.
R.D.:–Lo de Bergoglio es hipócrita. Pretende ser el mensajero del Evangelio, de Jesús de Nazaret, de un mensaje de libertad, de aceptación del diferente, y ha hecho alianzas con lo peor de la derecha, como Dromi, que entregó el patrimonio nacional. Bergoglio se ubica como articulador de la oposición, en función de generar un polo fuerte encargado de poner palos en la rueda a los Kirchner. El problema, para Bergoglio, es que el Estado ha ido avanzando sobre temas que la Iglesia considera propios y en un Estado laico no puede haber privilegios para los credos.
–¿Por qué algunos quieren que los chicos se manifiesten en contra del matrimonio igualitario?
F.M.: –Luego de la dictadura, los partidos políticos están atravesados por el catolicismo. El Opus Dei tiene mucho poder, sobre todo en las provincias. Que los obispos de San Juan y Santiago del Estero quieran sacar a los chicos a las calles para manifestarse en contra del matrimonio gay es una barbaridad. Para evitar que a los chicos les pongan faltas, el obispo sanjuanino Alfonso Delgado habló con el gobernador José Luis Gioja y acordó que no se pongan ausencias. Los gobernadores llaman a sus senadores para que no voten la ley, porque creen que si no tienen el apoyo de la Iglesia van a perder las elecciones. Votar a favor significa que esa diversidad forma parte de nuestra normalidad y a la Iglesia se le hace intolerable. Hay que calibrar los procesos con la sociedad, para que los gobiernos avancen en medidas progresistas, y el matrimonio gay es una buena batalla. Con el matrimonio homosexual también se discute el orden, la disciplina, la jerarquía. Hay mucha discusión cultural.
–¿Podríamos afirmar que existen dos Iglesias dentro de la institución?
F.M.: –Hay una sola que tiene diferentes modalidades de presencia. En la cual se piensa un conflicto en el interior de un consenso histórico. Muchos curas son ultrarreaccionarios, aun los que trabajan en villas, por eso Bergoglio está con ellos. Obvio que la gente piensa que son dioses porque los ayudan, pero no tienen ninguna postura diferente a la del Episcopado. Hay algunos que tienen posiciones más solidarias, pero se encuentran con límites muy finitos.
–En los festejos del Bicentenario se la pudo ver a la Presidenta en el Tedeum de la Basílica de Luján y al vicepresidente Cobos en la Catedral porteña. ¿Cómo interpreta ambos comportamientos?
R.D.:–Fue una lógica propia de cómo funcionan los procesos en el país y de cómo se vienen dando los acontecimientos, sin que haya habido algo completamente pensado o preestablecido. Estuvo claro que la Presidenta no quiso depender de Bergoglio y este último sintió la necesidad de hacer un Tedeum confrontando con el de Luján. De hecho, una masiva concurrencia popular confluyó en los actos del Bicentenario sobre las calles, y otra parte fue al Colón. Se han expresado simbólicamente los proyectos antagónicos.

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