Un amplio sector del periodismo (gráfico, radial, televisivo y sus miles de réplicas por internet) decidió –antes, durante y después de los partidos que por la promoción jugaron Belgrano de Córdoba y River Plate– vender el descenso como la muerte. Una muerte que, por supuesto, para que los hinchas católicos no se ilusionaran demasiado, conducía al infierno permanente. Y la sociedad, incidencia de los medios o vox populi, prefirió comprar. De manera que por las calles, luego de ascender Belgrano y descender River, se volvió a escuchar el latiguillo defenestrador: “Vos no podés hablar de fútbol porque sos de la B”. Hay sólo 20 equipos en la Primera A. El número de los que militan en los torneos de ascenso parece poquito menos que infinito. Pero para los que acuñan y defienden la frase condenatoria, es decir para un amplio sector del periodismo (especializado o no: todos tenían algo para decir del tan zarandeado descenso), hablar de fútbol es patrimonio de aquellos que están en un grupo, sin importar si en ese grupo, el equipo perdió todos los partidos por goleada y sus jugadores no aciertan un pase ni con la manos. Mucho más, como si hablar de fútbol sólo estuviera permitido a quienes simpatizan con un equipo que golea todos los días que juega. De ese modo, sería prudente guardar silencio ante todos los hinchas de Barcelona, por más analfabetos y obtusos de criterio que fueren.
Prefirieron olvidar, promoviendo a su vez las más deshilachadas operaciones, que al fútbol juegan los jugadores (que poco y nada pueden hablar de fútbol). Y que ellos pierden y ganan, la embocan en el ángulo o dejan tuerto a un cocacolero, se comen un caño o elaboran la mejor de las chilenas. Olvidaron, esos periodistas (fogoneadores profesionales del “dan ganas de balearse en un rincón”), que es improbable imaginarse a Dante Panzeri haciendo jueguito, o a Adrián Paenza dejando de una pieza a Pelé. Olvidaron, prefirieron olvidar, que Macaya Márquez es de All Boys y habló y habla de fútbol de lo lindo y que, siguiendo las inoportunas comparaciones, Cristina Fernández es de Gimnasia y Esgrima La Plata (y no hubo ni dios ni DNU que lo salve del descenso). Olvidaron que es preferible ver a Defensores de Belgrano cultivando un juego por el cual salió subcampeón, que a Independiente Rivadavia de Mendoza, que como se sabía uno de los peores equipos del campeonato se colgó del travesaño para seguir en el Nacional un año más.
Y reflejaron, orgullosos, la bandera de “matar o morir” con que ciertos hinchas de River quisieron conjurar el mal momento. Allí también los medios olvidaron que casi esas mismas palabras les envió a los jugadores de la selección de fútbol italiana para la final del Mundial 1938, Benito Mussolini: “vencer o morir”.
Olvidaron, prefirieron olvidar, que sólo la muerte es la muerte. Y a veces ni siquiera.

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