Cuando una colonia no es negocio

Año 5. Edición número 202. Domingo 1 de abril de 2012
El imperio dejó sus enclaves en la medida en que los costos superaron los beneficios.

Malvinas es un elefante blanco.” El vicecanciller británico Jeremy Browne, encargado de las relaciones del Reino Unido con América Central y América del Sur, hizo estas declaraciones a mediados de esta semana, durante un almuerzo en Londres con embajadores latinoamericanos. La metáfora es de origen asiático y remite a los costos de conservar algo. Darle a estas seis palabras implicancias políticas de fondo puede ser tan equivocado como minimizarlas. Fueron una muestra de la crisis económica que sacude al Reino Unido (el desempleo se ubica en el 8,4%, el nivel más alto de los últimos 16 años). Esta situación obliga al Estado inglés a replantearse sus gastos, incluido el militar. La frase de Browne, por otra parte, implica, de modo muy leve, cierto éxito de la estrategia argentina para lograr una mesa de negociación por la soberanía de las islas.
Un alto funcionario del Gobierno Nacional, que habló con Miradas al Sur y pidió un estrictísimo off the record, definía la estrategia argentina: “La Historia demuestra que los ingleses abandonaron sus colonias cuando ya no era negocio, en términos políticos y económicos, sostenerlas. Nosotros apuntamos justamente a que cada vez les sea más caro mantener este enclave en el Atlántico Sur”. El mismo funcionario hizo una comparación histórica y puso como ejemplo las descolonizaciones de la India, Canadá y Australia.
La India fue controlada por los británicos desde el siglo XVIII y mereció el título de “Joya de la corona”. Se sabe que como la mayoría de las colonias del imperio inglés era una gran fuente de recursos naturales y un mercado para colocar los excedentes de manufacturas. Repasar el proceso de descolonización que comenzó a mediados del siglo XIX y culminó casi 100 años después, el 14 de agosto de 1947, merecería un espacio muchísimo mayor que el de esta nota. Los factores que señaló el miembro del Gobierno fueron dos: el final de la Segunda Guerra, que había dejado devastada a Inglaterra y con la necesidad de reconstruirse, y el accionar del Movimiento de independencia indio, liderado por Mahatma Gandhi. El Movimiento tenía un modo de lucha pacífico, manifestaciones masivas, huelgas intermitentes. “La suma de acontecimientos provocó en un momento determinado que la ecuación económica y política fuera muy desfavorable. Sostener un gobierno colonial, garantizar la seguridad de las fronteras, enfrentar el movimiento independentista, era demasiado”.
La historia de Australia y Canadá es bien distinta a la de la India. En ambos países el proceso de descolonización fue consensuado con el Reino Unido y muy paulatino. De todos modos, el funcionario puso el acento en el punto que tuvieron en común con lo ocurrido en el país asiático. “Al igual que con la descolonización de la India, la ecuación económica fue clave. Inglaterra empujó los autogobiernos porque le costaba muy caro mantener las colonias”. Un momento central del proceso canadiense y australiano fue en diciembre de 1931, cuando el parlamento británico aprobó el Estatuto de Westminster y creó la Commonwealth (Mancomunidad Británica de Naciones). El Estatuto, en síntesis, le daba la posibilidad de autolegislarse a los países de la Mancomunidad. Estaban incluidos Canadá y Australia. La fecha de surgimiento de la Commonwealth está muy lejos de ser un detalle. “Así como detrás del proceso indio estaban los efectos de la Segunda Guerra, en este caso estaba muy presente la crisis mundial de 1929. Gran Bretaña necesitaba consolidar la independencia de estas colonias para reducir gastos del presupuesto público y al mismo tiempo generar una especie de zona de libre comercio blindándose contra la crisis mundial”.
Los puntos de contacto de estos procesos con la cuestión Malvinas, según el funcionario, son la situación económica mundial actual, la necesidad inglesa de acomodar los gastos del Estado, las dificultades para explotar los recursos naturales de las Islas y la imposibilidad de que los barcos con bandera de las Falklands atraquen en los puertos suramericanos. “Todo esto hace que cada vez sea más caro sostener el enclave”.
En honor al rigor, también hay que señalar algunas de las diferencias que hay entre los procesos que se mencionaron y Malvinas. El dirigente señaló una evidente, el tamaño. La India, por ejemplo, tiene 3,7 millones de kilómetros cuadrados de superficie, frontera con Pakistán, Nepal y Bangladesh. Malvinas tiene sólo 11.738 kilómetros cuadrados. “Por supuesto que es más barato controlar un archipiélago que países de dimensión continental”, remarcó el funcionario. Otro dato que se conoce sobre los costos de sostener el enclave en el Atlántico Sur es que el Reino Unido gasta alrededor 150 millones de dólares anuales en mantener la base militar de Mount Plesant, ubicada en la Isla Soledad. Esta cifra parece poco significativa para el presupuesto militar inglés que ronda los 55 mil millones de dólares por año, según el Instituto de Estudios para la Paz de Estocolmo. De todos modos, hay que recordar aquí la frase del vicecanciller Browne citada al principio de esta nota: “Malvinas es como un elefante blanco”.
Hay un proceso más reciente de descolonización que también sirve de ejemplo y en el que factores políticos jugaron un rol más fuerte que los económicos. Es el caso de Hong Kong. La península, ubicada en el sur de China cayó bajo dominio británico a mediados del siglo XIX, luego de la Guerra del Opio, librada entre China e Inglaterra por el control de la ruta del opio. Hong Kong estuvo bajo control inglés hasta 1997. Las conversaciones para la descolonización pacífica habían comenzado 1984 con el lema “un país, dos sistemas”, que implicaba la aceptación por parte de Beijing del modelo capitalista en Hong Kong.
Sobre este proceso, el funcionario remarcó: “El factor determinante fue el ascenso de China como potencia mundial. El punto de contacto con nuestra situación es que a medida que Malvinas se vuelve un tema sudamericano, por cuestiones económicas, políticas y hasta militares, la demanda Argentina se fortalece. No es posible comparar a la Argentina con las dimensiones de China, pero Sudamérica como bloque emergente se acerca un poco más a esa dimensión”.
Un dato sobre el proceso Chino: una vez que comenzaron las negociaciones pasaron 13 años hasta le restitución de la península. Argentina todavía no logró sentar a Londres en la mesa de negociaciones.

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