Cuestión de precios

Año 5. Edición número 219. Domingo 29 de julio de 2012
Aunque un poco más chico que el Mercado Central, el Concentrador de José C. Paz reúne a miles de personas por día que compran a costos accesibles, directo del productor. Y siempre les alcanza para un poco más.

Desde la mañana temprano se ve caminando a familias enteras al costado de la ex ruta 197, actual Avenida Yrigoyen. Al fondo, un cartel azul gigante dice Mercado concentrador. Desde la estación José C. Paz del ferrocarril San Martín salen remises, colectivos, autos particulares. Algunos comerciantes del lugar exageran y aseguran que es “muy lejos”, mueven la mano señalando para qué lado es, y la acompañan con una expresión que podría ser de miles de cuadras. Pero son sólo 10, y las familias que no tienen cómo llegar las hacen.
Sólo la primera nave cuenta con 400 locales de venta al público, y cosas para animales, ropas de todos los colores, calzones, bombachas y corpiños. Hay terminales de colectivos, mueblería, un local para hacer el DNI, venta de jueguitos y juguetes, artículos de limpieza. Los otros son para ventas mayoristas, administración, en donde compran todos los maxi y supermercados de la zona. Pero, ¿por qué va toda la familia? Anabela tiene 12 años y fue con su mamá y sus dos hermanitos. Ella asegura que su salida preferida en familia es el mercado. “No me aburre para nada, porque ayudo un poco a mi mamá y después voy con mis hermanitos a los juegos, así la dejamos que vea bien los precios. Y obvio que esperamos algún regalito”, dice y se ríe. El Concentrador tiene, además de un patio de comidas y juegos, teatro y un predio exclusivamente para eventos de más de 10 mil metros cuadrados, que en los meses de carnaval se llena de corsos, y durante todo el año de bandas de cumbia, folklore y reggaeton que tocan en vivo, gratis.

Ofertas para todos. Aunque sea poco conocido, el año pasado comenzó a ser noticia. Es que solamente ahí y en el Mercado Central había llegado el programa nacional Pescado para todos durante la Semana Santa, y batió récords de venta: a $16,50 el kilo de merluza y a $22 los langostinos, todas las familias se volcaron a José C. Paz y Tapiales. Luego, se extendió a los camiones de Pescado para todos que recorren el país diariamente.
Por ejemplo, el local llamado Carne para todos, una de las tantas carnicerías/frigoríficos que hay en el Concentrador, está lleno y hay gente haciendo fila. Dentro, las caras de sorpresa ganan el local. “Nos matan los precios, pero en el buen sentido”, aclara Matías, que fue con sus dos hijos. “Es que para una familia, sobre todo si es numerosa, conseguir buena calidad y buen precio, es la consigna. Por eso nos venimos para acá, no lo dudamos”, cuenta. Hay de todo: desde lo más simple como maxihamburguesas (de 69 gramos cada una, $ 25,70 el kilo) y salchichas super ($ 18,50 el paquete de 12), a bondiola premium ($35,90 por kilo), picada premium ($ 24,90 por kilo) y carré de cerdo ($ 25 por kilo), pasando por los invitados que no pueden faltar en una parrilla, como asado ($ 20,90 por kilo en gancho), nalga, cuadrada, bola de lomo ($ 31,90 el kilo), pata y muslo de pollo ($ 10 por kilo) y suprema ($ 21 por kilo).
Entre las heladeras, freezer y góndolas –en donde todos los productos están fraccionados–, un hombre grita: “Mirá, ¡¿llevamos éste para el perro?!”, “Sí, está buenísimo”, le contesta la mujer, y meten todo en un changuito que rebalsa de bandejitas y ofertas.
“Acá no vas a ver caras de preocupación por lo que estamos llevando, sino sorpresa porque nos alcanza para llevar más de lo que habíamos calculado. Podemos pensar en cada comida y también en algún asadito con toda la familia”, dice Matías, quien se va corriendo para el mostrador de la carnicería, ahora que no hay tanta gente pidiendo su corte preferido. “¿Ves? Hay de todo lo que se te ocurra”, y señala una cabeza de chancho que cuelga. Todo está a la vista, desde los cortes más pequeños a los más enormes. Fuera del negocio, una mamá se abusó de las compras y se le rompieron las rueditas del carrito. “¿Y ahora qué hacemos?”, se preguntan, mientras ella y su hija se ríen a carcajadas.
Uno de los locales sólo tiene cajas apiladas y un pibe que no para de reponer panificados de las primeras marcas. Un cartel llama especialmente la atención: “Pan de panchos y hamburguesas, dos paquetes por $ 9, “tortillas de maíz, 2 paquetes por $ 10”.
–¿Por qué las tortillas salen $ 12 cada paquete en los supermercados, y acá dos por $ 10? <7b>
–Porque realmente somos un mercado de abastecimiento para la familia
–Pero entonces, si ustedes lo compran a ese precio es porque sale un poquito más barato y el súper también lo compra al mismo precio, pero lo pone a más del doble…
–Exacto, la cadena es así. Viene directamente del productor y nosotros le respetamos el precio.

Primeras marcas. Hay negocios que se ocupan sólo de productos para diabéticos, celíacos, hierbas y preparados. Hay otros que venden sólo para picadas, como salamines (tres por $ 15), aceitunas, escabeches. Hay promociones que salen todo el tiempo. Por ejemplo: 250 gramos de queso de maquina, 250 de fiambre de cerdo, 250 de jamón, 250 de salchichón, todo por $ 26. Pero además, se pueden hacer otras combinaciones con otros fiambres.
En su vidriera, los más chicos se “babean” por los palitos y chizitos, los quieren comer ahí mismo, aunque la mamá les advierta que son para más tarde. Un “por favoooor” al unísono les concede sólo la mitad de la megabolsa que les compraron.
Están todas las primeras marcas en grandes porciones, esperando el pedido de venta al peso. “Vayamos para aquel que mi amiga me lo recomendó”, se escucha cada dos por tres en los pasillos. Los que atienden los negocios no paran nunca.

Promedio: 5 (4 votos)
Seguinos en Twitter
Print preview icon

Otras notas

  • Todos los días me cambian el precio de las cosas”, dice María Rosa, desde la puerta de su verdulería en la avenida Triunvirato, pleno Villa Urquiza. “Hoy, tres paquetes de acelga cuestan $ 7, ayer tres por $ 10, la semana pasada tres por $ 12”, cuenta como resignada. Pero, ¿qué es lo que aumenta? ¿El producto en origen, el producto en el Mercado Central? “No, es lo que me cobra el señor que me lo trae”. El producto, en este caso la verdura, ya pasó por tres manos.

  • Ahorrar es la consigna. Y como el problema es el intermediario, venimos acá que está el productor y el consumidor nada más”, dice Angela, una vecina de Villa Urquiza. Pero la postal se repite en todos los puntos de Capital Federal por donde pasa la Feria Itinerante de Abastecimiento Barrial organizada por el Gobierno de la Ciudad. En la provincia también funcionan las ferias, en lugares como Caseros, Santos Lugares, Palomar, San Justo, por ejemplo. Sólo hay que buscarlas.

  • Cuánto cuesta un sachet de leche en el Mercado Central y cuánto en un almacén de barrio en Tablada, Lanús o Liniers? $2,50 en el primero, $2,70 en los últimos. ¿Y en cualquier cadena de supermercados? Entre $6 y $7. No tenga miedo de la calidad, que aunque las marcas sean diferentes, la leche tiene los mismos procesos en origen y hasta tiene mejor sabor. Más de 100 mil personas por semana compran en el mercado. Cada día se suma más gente a las compras comunitarias, tanto a familias de pequeños productores como en el Mercado. ¿Por qué?

  • Ados días de la víspera de Navidad, las canastas navideñas que ofrecen los hipermercados oscilan entre los 30 y 235 pesos. Además, las góndolas están repletas de los productos que formarán parte de la mesa de los argentinos.
    Los supermercados proponen sus propias canastas. Carrefour tiene cuatro opciones, desde la básica hasta la Premium, con precios que van desde 35,99 hasta los 235 pesos.

  • Demasiado se especuló, como es costumbre con cualquier iniciativa oficial, en torno de la poco glamorosa Milanesa para Todos. No ayer, sino el sábado anterior, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner comentó la novedad de que se ampliaba la lista de productos de precios populares.

  • Esperame ahí que voy a buscar la moto”, le grita Javier a la joven de shorts de jeans cortados, musculosa blanca e imponente melena negra que lo acompaña y que arrastra todas las miradas de los remiseros y trapitos del lugar. Tal vez sea su mujer o su hermana, el motoquero no se fija en los ojos de los otros. Al lado de ella, un manantial de bolsas imposible de ser cargado en una moto. Ni siquiera con la ayuda del Gauchito Gil que Javier lleva tatuado en la pierna derecha, a la altura de la canilla.