Daniel Angelone fue pareja de Bergara Leumann durante 30 años. Con él construyó la Botica del Ángel y compartió no sólo el amor sino también muchos de los bienes comunes. Sin embargo, cuando falleció su compañero, Angelone se quedó con muy poco, o con nada. Apareció la familia del creador del café concert sin prestarle la más mínima atención a quien compartió la vida con Bergara Leumann. Su caso fue uno de los ejemplos más nítidos de discriminación legal y abrió los ojos de muchos. Si el matrimonio igualitario hubiese estado permitido en aquellos años, hoy la historia sería diferente.
–¿De qué cosas lo privaron por no poder casarse con Bergara Leumann?
–Lamentablemente no se puede volver al pasado. Me hubiera encantado que estuviera la ley de matrimonio igualitario cuando estaba con Eduardo. Fundamentalmente para adoptar niños. Jorge Boneo y Celia Leumann, dos primos de Edu, me perjudicaron. Me discriminaron moral y psíquicamente, y no me dejaron heredar. Roxana Leumann, otra prima, siempre estuvo de mi lado y de hecho le pareció una aberración lo que hizo su propia hermana (Celia) conmigo. Luego de haber convivido durante tanto tiempo tuve que iniciar demandas ante la Justicia. Desafortunadamente no me quedó otra alternativa. Creo que mi caso sirvió para que muchos legisladores se diesen cuenta de la discriminación que sufrimos los homosexuales, por no tener los mismos derechos que las personas heterosexuales.
–¿Tiene algún contacto con la Botica del Angel?
–No. Me cerraron las puertas y hasta tengo pertenencias sentimentales muy fuertes como ser fotos, videos de la Botica del Tango en Canal 7. La Universidad del Salvador, heredera universal de la Botica, ni se digna a llamarme para entregarme mis cosas. Una total discriminación. Desafortunadamente, desde que falleció Eduardo he vivido cosas inimaginables.
–¿Le reconocieron alguna pensión?
–Afortunadamente, sí. El Anses, por ser un caso reconocido, me entregó la pensión en dos meses y hasta me pagaron un retroactivo. A nadie le cabía la menor duda de todos los años que compartí con Eduardo. Como vieron por los medios de comunicación el daño que me hicieron, me brindaron su amor. Por suerte, la mayoría de la gente es buena.
–¿Padeció discriminación por parte de la sociedad?
–Sin duda. Cuando lo conocí a Eduardo en 1979, yo tenía 21 años y el 47. Cuando salíamos a la calle teníamos que caminar a cuatro metros de distancia y si pasábamos frente a un grupo de hombres, lo menos que nos gritaban era putos. Él había creado la Botica del Ángel y el café concert con muchísimo éxito. Obviamente, vamos avanzando pero vivimos en una sociedad hipócrita y discriminatoria. En el exterior también pasa lo mismo. Vivimos en París, Londres y Suiza donde Eduardo era muy discriminado por su gordura.
–¿Cómo vivió la oposición de ciertos sectores católicos al matrimonio igualitario?
–A mucha gente le falta amor en sus corazones. Es obvio que no se puede discriminar a otro ser humano. Yo acompaño a mi familia que vive en Córdoba a la Iglesia por una cuestión espiritual. Yo fui bautizado, hice la comunión y la confirmación. Lo único que me faltó fue el matrimonio. Fui educado en un colegio de curas, el Colegio Santo Tomás, en Córdoba. En las confesiones, algunos sacerdotes morbosos me pedían que les diga si fantaseaba con mis amigos y si los tocaba. Por ciertas cuestiones que me sucedieron dejé de creer en la Iglesia Católica. Creo en Dios, y es la fe la que me mantiene vivo ante todas las injusticias vividas.
–¿Qué pasó cuando su familia se enteró de su homosexualidad?
–Mi padre le pegaba a mi madre y nos abandonó cuando yo tenía un año. A Eduardo el padre también lo abandonó. Siempre nos propusimos que continuaríamos juntos, porque nos unía espiritualmente una historia en común.
–¿Qué opinión tiene de los dichos de Bergoglio acerca de que el matrimonio homosexual sería una destrucción del plan de Dios?
–La Iglesia Católica nos señala como si fuéramos el diablo y nos niega nuestros derechos, sin respetar la palabra de Dios sobre el libre albedrío. Los que estuvieron hablando en contra de nuestros derechos son la encarnación del diablo, personificado en monseñor Bergoglio, quien pretende destruir el amor entre las personas. Yo estuve 29 años con alguien que amé y este señor me viene a decir que tengo al diablo encima. Nunca dimos una imagen de mala educación con relación a nuestra sexualidad, para que este señor nos vea como la personificación del mal.
–¿Actualmente, estamos ante una sociedad más democrática que acepta las diferencias?
–Quizás ahora los que discriminan abran el corazón. Lo principal en la vida es la igualdad entre seres humanos y el amor. Si vamos por ese camino está genial.
