Prolongó la noche todo lo que pudo. Casi todo había salido bien en su retorno a la conducción de un programa de televisión después de cinco meses: el minuto a minuto era impresionante, los planetas parecían alineados, su poder de convocatoria intacto. Fue a cenar tarde, muy tarde, sushi bueno, muy bueno, y cumplió con un rito que le viene desde décadas pasadas: comprar los diarios para comprobar, antes de irse a dormir, qué impacto periodístico había tenido su primer programa de 2011. Por la mañana, después de dormir poco pero bien, Marcelo Tinelli decidió atender a tres radios para responder sobre “todos los temas” que le plantearan. Primero Radio 10, después Radio Mitre, más tarde Continental. Por estricto orden de mediciones, primero conversó con Oscar González Oro, luego con Chiche Gelblung, a continuación con Fernando Bravo y equipo. A muchos entrevistados importantes, la radio líder en las emisiones de AM les avisa que si hablan con la competencia primero, se olviden de su aire. Es el juego del poder de impacto, que a Tinelli le encanta. De hecho, su programa también le reclama exclusividad a los contratados de primer nivel. Pero les paga.
Luego de haber ratificado el lunes por la noche –y con sólo salir a la cancha– su condición de número uno del negocio del rating, Marcelo Hugo habló de todo, el martes por la mañana, horas antes de ser anfitrión de Mike Tyson y Ronaldinho, en su segundo programa. Habló de televisión y de fútbol, de la vida y el espectáculo, de su ropa y del pasado. Y de política, bastante. En este terreno, básicamente, habló bien del Gobierno Nacional, defendiendo a la presidente Cristina Fernández de Kirchner –“estoy dispuesto a hacerlo dónde sea”, le dijo luego a un amigo– y concretando un fuerte apoyo a su política de medios, al afirmar que de ninguna manera en la Argentina está en juego la libertad de prensa, luego de la aprobación de la ley de medios. Apenas terminó la entrevista con Radio 10, el portal Infobae, del mismo grupo, reflejó la entrevista con un título impactante, que decía que Tinelli había asegurado que Cristina será “otra vez presidente” tras las elecciones de octubre. Dos horas después, en la última nota del día, dijo que le parecía haber dicho apenas que creía que sería candidata por su espacio. El diario Clarín, dueño de Canal 13, tituló así el miércoles una desangelada nota en su sección política: “Tinelli dijo que Cristina será reelecta y se arrepintió”. Al amigo que le preguntó si eso era cierto, le contestó que no, que eso era una típica maniobra del diario, con el que jamás ha tenido una buena relación, pese a los esfuerzos de la cúpula del multimedios.
El mismo día en que el empleado mejor pago de todo el grupo Clarin afirmaba que en la Argentina no hay problemas con la libertad de prensa, cosa que no dice ninguno de sus colegas corporativos, el diario que le inventaba un arrepentimiento que no tuvo publicó también, como noticia importante, que le habían otorgado un premio internacional por su evidente lucha contra la censura. Lo que no pudo tapar es el fuerte impacto que el análisis radial de Tinelli tuvo sobre la opinión pública que lo escuchó sin intermediarios ni intérpretes ni interesados traductores. Su planteo fue muy claro: hoy vive en una sociedad compensada y mucho mejor que la de años atrás. “Yo no me olvidé de lo terrible que era la Argentina hace diez años. Nadie invertía y los empresarios tuvieron que despedir un montón de gente. Hoy puedo gozar de tener una empresa bien, en paz, con empleados que están contentos y trabajando. Puedo pagar los sueldos a fin de mes, que no es poco. Y estoy muy feliz”. En ese marco agregó que tiene “una excelente relación” histórica con la Presidente “y que todo el mundo lo sabe.” También recordó la fuerte impresión que le causó el velatorio del ex presidente Néstor Kirchner en la Casa Rosada. Fue mirando por televisión aquellas imágenes que decidió presentarse en la Casa Rosada. “Me sentí como una persona más que quería estar abrazando a Cristina, como un gesto humanitario”, describió.
Si hay hay algo más que cierto en la relación entre Tinelli y el grupo que comanda el contador público Héctor Magnetto es que casi siempre ha sido tirante. Para la línea histórica de programación del canal, el estilo del animador era poco menos que inaceptable cuando en los años ’90 descollaba en la pantalla de Telefé, líder absoluto en las mediciones desde la privatización de los canales concedida por Carlos Menem poco después de su llegada a la presidencia. Pero cuando en 2004 Tinelli se fue de Telefé a Canal 9, de la mano de Daniel Hadad, y demostró que tenía un importante caudal de rating propio, las cosas cambiaron. Canal 13 no toleró ser el tercero en discordia a la hora del reparto de la torta publicitaria y, tragándose un sapo importante, lo convocó sin importarle los costos internos y externos. “El diario de mayor circulación en lengua hispana no puede tener un canal que va tercero entre cuatro”, planteó el CEO por entonces. “Al que no le guste…ya sabe”, subrayó. Mario Pergolini se dio por aludido y se fue a Telefé, por ejemplo. La mayoría del resto, incluso los gerentes, hizo lo de casi siempre, quedarse en el molde. Lo mismo pasó cuando Radio Mitre contrató a Chiche Gelblung para intentar achicar la brecha histórica que la separa de Radio 10 en las mediciones. El año pasado por primera vez en la historia desde 1990, el 13 le ganó el año a Telefé, aunque por un pellizco. Para eso, el promedio de rating del escandaloso Bailando por su sueño fue vital. Tinelli es a Canal 13 lo que Lio Messi es al Barcelona. Y Tinelli lo sabe, por eso se desmarca de la obediencia debida, aunque sea un poco.
Es que Tinelli sabe que en el Grupo lo necesitan pero no lo adoran, y que las pruebas históricas están publicadas en las mismas páginas de Espectáculos del diario Clarín, cuyos periodistas a veces sienten vergüenza ajena de tener que alabar “por orden de arrriba” contenidos con los que discreparían en cualquier reunión de amigos. Magnetto siente que tiene en su equipo una estrella a la que no puede manejar y disciplinar como al resto completo de sus planteles, por lo que lo trata con todo el tacto de que es capaz. En 2007, en plena campaña para Cristina presidente, cuando Tinelli agradeció en el aire del 13 el fuerte apoyo económico que el Gobierno Nacional le había dado para su proyecto del polideportivo que en Bolívar, su ciudad natal, lleva el nombre de su abuelo, el número uno del Grupo no tuvo más remedio que ser explícito. “Tu vida es tu vida y tus negocios son tus negocios”, le dijo con su estilo de síntesis brutal. “Pero no me hagas kirchnerismo desde la pantalla del canal”. A buen entendedor, pocas palabras. Por eso es que Tinelli dijo esta semana lo que siente hablando por radio. Y por eso es que Clarín lo tradujo con la tosquedad con que lo tradujo. En medio del avispero revuelto ni Magnetto lo llamó a Tinelli ni Tinelli lo llamó a Magnetto.
