A mediados de la próxima semana, varios de los gremios que agrupan a los trabajadores estatales de la provincia de Buenos Aires harán un nuevo paro de 48 horas. Tomaron la decisión el viernes, luego de que el ejecutivo provincial apelara el fallo judicial que ordenaba el pago del aguinaldo a los empleados públicos bonaerenses en tiempo y forma. El jueves, el gobernador Daniel Scioli había dicho en relación al pago del aguinaldo: “Si Dios quiere tendremos buenas noticias sobre este punto”. Esta apelación a las fuerzas divinas muestra la complejidad de la situación financiera, aunque el diario El Día, de La Plata, en su edición digital de ayer, publicó que el ejecutivo provincial estaría en condiciones de terminar de pagar el aguinaldo en agosto.
La crisis ha corrido un velo sobre un debate más profundo: las diferencias de visión dentro del propio justicialismo bonaerense, más allá del enorme esfuerzo que el gobernador hace por evitar definiciones contundentes sobre casi todos los temas. No es una novedad que el peronismo puede albergar en su interior miradas disímiles, incluso antagónicas. El repaso minucioso del proceso político de esta crisis, más algunos documentos a los que accedió Miradas al Sur, muestran que el debate de modelos también está adentro del oficialismo provincial.
15 días de temblor. El martes tres julio el ejecutivo bonaerense se comunicó con las autoridades de las dos cámaras del Congreso provincial y les avisó que mandaría un proyecto de ley para declarar la emergencia económica. Cuatro días antes, Scioli había hecho pública su decisión de pagar el aguinaldo en cuotas a los empleados estatales de su distrito. El jueves cinco de julio, Gabriel Mariotto, presidente del Senado, y Horacio González, el hombre de Scioli que conduce Diputados, iban a comenzar a negociar con los bloques parlamentarios. El ejecutivo les hizo llegar ese día a los negociadores un borrador informal de los contenidos de la ley. Allí se planteaban algunas medidas de ajuste con un fuerte aroma noventista. Uno de los puntos centrales proponía la jubilación anticipada de los empleados públicos, es decir, que se les pueda adelantar esa instancia a los trabajadores a los que les faltan tres años para llegar. Esta medida produce un ahorro inmediato en el gasto corriente, porque una jubilación siempre es más “barata” que un salario. El borrador también pedía autorización para fragmentar el pago de las remuneraciones, un punto necesario para cubrir legalmente la decisión de abonar el aguinaldo en cuotas, que además dejaba abierta la posibilidad del fraccionamiento de otras remuneraciones en el futuro. Estos puntos hicieron imposible la negociación con las fuerzas parlamentarias, pero no sólo con las de oposición sino con la tropa propia.
Hay que remarcar aquí un dato que ilustra las consecuencias de centrar toda la construcción política en lo mediático, al estilo Scioli. La mayoría de los diputados y senadores bonaerenses del Frente para la Victoria no vienen del sciolismo. De los 28 miembros que tiene el FpV en la Cámara alta provincial, sólo 7 están enrolados en la agrupación La Juan Domingo. El resto –21 en total– proviene de otras vertientes kirchneristas y de algunos intendentes. Un panorama similar se encuentra en la Cámara baja, así que el primer borrador no pudo siquiera llegar a la mesa de entrada del Congreso provincial.
Segundo intento. El viernes seis de julio, al día siguiente de que quedara claro que el primer borrador no pasaba, hubo una reunión en el piso 19 del edificio del Banco Provincia, ubicado en la calle San Martín de Capital Federal. El encuentro fue para tratar de encolumnar a la tropa parlamentaria detrás de un nuevo proyecto, que se había redactado ese mismo día. En ese cónclave estuvieron varios ministros de Scioli: Alberto Pérez, Silvina Batakis, Alejandro Arlía y Cristina Álvarez Rodríguez. También estaba el secretario General de la Gobernación, Luciano Di Gresia, autor del primer borrador. Del lado parlamentario estuvieron Mariotto, González y el vicepresidente de la Cámara baja, José Ottavis.
El sciolismo duro esgrimió su nueva propuesta. Miradas al Sur tuvo acceso a ese proyecto, que tenía trece artículos. Había varios que producían discordia, pero los más controvertidos eran dos, el 7 y el 9, que una vez más tenían una fuerte impronta neoliberal en cuanto a su visión de cómo financiar al Estado, ya que proponían la venta de activos públicos y el endeudamiento. El artículo siete decía: “El Poder Ejecutivo podrá realizar (en técnica legislativa el término “realizar” se refiere a disponer, vender, etcétera) activos del Estado Provincial, a valor de Mercado, independientemente de la valuación vigente dentro del patrimonio provincial. Asimismo podrá ofrecerlos como garantía de operaciones de crédito público”. “Facúltase al Poder Ejecutivo –agregaba ese artículo– a exceptuar de la ley 10.081 a fracciones específicas de tierra cuando razones de uso así lo ameriten, a los efectos de incorporarlas en las previsiones del presente título.” Este segundo párrafo era para poder fraccionar terrenos fiscales por fuera del Código Rural, que es la ley 10.081, y venderlos.
El artículo nueve, por su parte, remarcaba: “Autorízase al Poder Ejecutivo a modificar el objeto y/o mecanismo de endeudamiento establecidos en las autorizaciones de endeudamiento vigentes, en la medida que tales autorizaciones no cuenten con principio de ejecución. Los endeudamientos así modificados podrán ser contraídos mediante los mecanismos y/o instrumentos financieros que el Poder Ejecutivos juzgue más apropiados”. Esto implicaba que el ejecutivo podía endeudarse sin consultar a la Legislatura y también por fuera de lo presupuestado.
El proyecto no logró el respaldo de los bloques oficialistas en esa reunión que hubo en el Bapro. A la mañana siguiente, Scioli hizo su conferencia prensa en el edificio de la gobernación. Allí anunció que se estaba intentando consensuar la norma, aunque sabía que la posibilidad estaba cerrada. Los primeros días de esta semana, el motonauta dijo que adheriría a la Ley de Emergencia Económica nacional. Desde el Senado provincial le contestaron que esa adhesión existía desde el 6 de marzo del año 2002.
Opciones y giros. Una pregunta inexorable, luego de haber descripto el devenir de los acontecimientos de las últimas dos semanas, es cuáles son las opciones que tiene Scioli para financiar el hueco fiscal. El agujero es producto de haber presupuestado un endeudamiento de ocho mil millones de pesos en medio de una de las crisis más grandes que ha tenido el capitalismo, y también de problemas estructurales que son muy anteriores a la llegada de Scioli al poder bonaerense.
En el bloque del FpV evalúan varias posibilidades que tienen una impronta diferente a la ley que había redactado al gobernación. Esencialmente consiste en comenzar a cobrarle impuestos a los sectores de altos ingresos que hoy están exentos o que pagan muy poco. Un dato que ponían como ejemplo era que los countries no pagan impuesto inmobiliario por el espacio verde que utilizan. En honor al rigor, hay que recordar que fue Scioli quien comenzó a avanzar levemente en este sentido, cuando decidió incluir a las piletas de natación dentro del metraje de las casas para que paguen el inmobiliario urbano. La idea que se está estudiando ahora es que los espacios verdes de los countries, que hoy no están incluidos como parte de la propiedad, se incluyan y empiecen a pagar impuestos. Ninguno de los legisladores que habló con este medio se atrevió a arriesgar un número sobre cuánto podría contribuir esta medida a cubrir el enorme déficit, una señal de que su impacto financiero no sería tan importante.
El gobernador también ha comenzado a barajar opciones, luego del fracaso del proyecto que quiso aprobar la semana pasada. En el menú está la posibilidad de crear un tributo específico para los pools de siembra, que son fideicomisos financieros y hoy pagan las mismas alícuotas de ingresos brutos que los emprendimientos individuales. También se estudia aumentar la recaudación por el lado de los juegos de azar, que podría aportar a las arcas bonaerenses sumas importantes.
Todas estas medidas podrán ayudar para cubrir el bache fiscal de este año y sobre todo para intentar corregir el de los próximos ejercicios, pero está claro que ninguna cuenta cerrará en los meses siguientes sin el auxilio de la Nación.
Se dijo al principio de esta nota que el peronismo solía albergar proyectos disímiles. Esta flexibilidad no es una abstracción, también se traduce en una gran elasticidad pragmática de sus propios dirigentes. De allí que Scioli, ante el rechazo de las fuerzas parlamentarias del FpV a sus primeros proyectos, esté barajando opciones conceptualmente muy distintas a las que había esgrimido al principio. A lo mejor el gobernador da un giro y esta vez no hacia la derecha.

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