Desde Punta Cana, Mauricio inició un lento camino hacia el juicio oral

En el ojo de la tormenta. Tras la confirmación de su procesamiento, Mauricio Macri enfrenta la etapa más crítica de su gestión. Él sabe que su futuro es incierto. (DYN) Voceros de la desgracia. Rodríguez Larreta y Michetti se mostraron enojados ante el fallo de la Cámara. (TELAM)
En su peor hora, el mandatario porteño analiza las alternativas para salir del laberinto.

Si la teoría de la reencarnación fuese cierta, es muy posible que Mauricio Macri en una vida anterior haya sido nada menos que el protagonista del Caso Dreyfus, el capitán judío del ejército francés que en 1894 fue condenado injustamente por alta traición a raíz de un complot en el cual subyacía una oscura trama de espionaje. Al respecto, es ilustrativa una frase del mandatario porteño: “En este país no van presos drogadictos ni delincuentes, y se la agarran con uno. No quiero pensar en una supuesta conspiración contra mi figura, aunque en Argentina estamos acostumbrados a estas cosas”. Lo curioso es que, lejos de referirse al affaire de las escuchas telefónicas, semejante canto a su propia inocencia fue declamado por él en febrero de 2001, tras su procesamiento por contrabando agravado de autopartes. Ahora Macri apela a una estrategia idéntica, junto con sus adláteres más dilectos. Tanto es así que éstos responsabilizan al Poder Ejecutivo nacional de convertir al líder del PRO en un símbolo de la iniquidad en nombre de una razón de Estado. Se trata, por cierto, de un argumento asombrosamente similar al que suele esgrimir el gobierno fundamentalista de Irán ante cada fallo de la Justicia argentina por la voladura de la Amia. Y en ello hay una coincidencia más que discursiva: Macri está acusado de organizar un aparato de espionaje con personas encausadas por haber encubierto ese atentado. En tal sentido, ahora se sabe que él, para no estar en Buenos Aires durante el acto por el decimosexto aniversario de ese episodio, haya urdido con premura un viaje oficial al balneario dominicano de Punta Cana, un sitio cuyo nombre –dada su situación procesal– es como lapsus. O una premonición.

Zafarrancho de combate. El miércoles, tras mantener una reunión con el alcalde de Santo Domingo, Macri departía trivialidades en la confitería del hotel con su vocero, Iván Pavlovsky. Fue cuando un mensaje de texto enviado por el ministro Guillermo Montenegro lo puso al tanto de que la Cámara Federal había dejado en firme su procesamiento.
Horas después escribiría en su Twitter: “Terminó otro congreso de ciudades iberoamericanas. Muy útil el intercambio de soluciones concretas a problemas urbanos”. Su negación de la realidad asombró a sus colaboradores.
Recién el jueves habló por teléfono con Horacio Rodríguez Larreta. Dicen que su voz sonaba ofuscada. En tales circunstancias impartió tres órdenes: culpar al kirchnerismo, denunciar una plan para perjudicar su carrera presidencial y seguir con la campaña como si nada pasara.
Por entonces, entre la tropa del PRO reinaba el desconsuelo. Por esa razón, el jefe de campaña Humberto Aschiavoni y el primo Jorge Macri organizaron un encuentro partidario en el Hotel Panamericano. Allí se analizó cómo continuar la acción política. El resto fue todo catarsis. Y con un blanco preferencial: los integrantes de la Cámara. Poco antes, su primo había recibido de Mauricio una directiva telefónica: “ Gordo , criticalos y nombralos en los medios”. En tanto, el diputado Federico Pinedo, quien encabeza en el PRO una suerte de comité de emergencia, desempolvó su profesión de abogado para analizar las 36 fojas del fallo de la Cámara, con el propósito de explicárselas al trío formado por Gabriela Michetti, Rodríguez Larreta y Marcos Peña, puesto que los comentarios vertidos por ellos en público sobre la causa exudaban un desconocimiento que fue detectado hasta por sus propios correligionarios.

Esperanza blanca en apuros. Lo cierto es que por estas horas, Mauricio cavila desde la soleada Punta Cana las alternativas de su futuro. Hasta que la confirmación de su procesamiento, él venía maniobrando para postergar –lo más posible–, su definición entre la candidatura presidencial y un segundo período como en la Ciudad. Sin embargo, ninguna de las dos opciones que hasta el jueves barajaba tuvo en cuenta la posibilidad del procesamiento. Desde un punto de vista formal no existen impedimentos jurídicos para que, estando procesado, aspire al sillón de Rivadavia. Más aún, su referente político, Carlos Menem, lo hizo justamente para garantizar su inmunidad, pero a Macri le lloverán las impugnaciones opositoras, mientras que en el frente interno los pases de facturas y las deserciones estarán a la orden del día.
Curiosamente, el mejor salvoconducto para Macri se lo ha lanzado el jefe del bloque kirchnerista, Diego Kravetz, quien –aduciendo falta de mayoría para el juicio político–, propuso conformar una comisión investigadora, la cual por lógica contaría con una mayoría del PRO. A Macri le viene como anillo al dedo tal alternativa, puesto que deslegitimaría lo actuado por Oyarbide y la Cámara Federal. En tanto, el mandatario comunal se apuró a frenar las intrigas palaciegas, aclarando que pedirá licencia. Pero también sabe que su juicio oral es ya inexorable.
En la mesa chica del PRO se está evaluando seguir el consejo de Eduardo Duhalde, quienle sugirió a Mauricio una candidatura para la Ciudad por otros cuatro años, y convertir así esa campaña en un plebiscito de su inocencia en un territorio amigable. La propuesta del ex presidente interino no es desinteresada: en el caso de aceptarla, Macri dejaría de rivalizar con el PJ disidente.
Y desde China, su padre, Franco Macri, se sumó a ese consejo. Ello en realidad multiplica las chances de que Mauricio rechace la oferta por el secreto placer que le brinda desafiar a papá.
Replegarse sobre Buenos Aires le daría al cascoteado Mauricio un beneficio extra: zanjar sin heridos la interna entre Gabriela Michetti, quien ya se siente su sucesora, además de poner en caja al siempre postergado Rodríguez Larreta, cuya falta de carisma se ve reflejada en las encuestas.
Por otro lado, el escenario de sus alianzas no es menos complejo. Si Macri llega a un acuerdo con Elisa Carrió y Fernando Pino Solanas, podría conseguir los 40 votos necesarios para derogar la Ley 875 que establece fechas distintas para la elecciones porteñas y las presidenciales. Si él hace coincidir ambos comicios, tendrá más tiempo para clamar que es una víctima.
De todos modos, el tambaleante líder neoliberal teme convertirse en un rehén de la Coalición Cívica y Proyecto Sur en la Legislatura. Si no hay acuerdos satisfactorios, la oposición podría avanzar en la búsqueda de los 40 votos para el juicio político. De hecho, la señora Carrió, ya tomó distancia de las acusaciones del PRO contra el kirchnerismo y remarcó que la resolución de la Cámara Federal “está muy bien fundada y es impecable. No comparto la posición de que este fallo responde a una voluntad del Gobierno”, aseguró ella, luego de que el macrismo volviera a apuntar hacia la Casa Rosada y, particularmente, sobre el ex presidente Néstor Kirchner, a quien acusa de estar atrás del fallo de la Cámara Federal.
“Yo fui la primera en decir que sobre la base de un fallo de Oyarbide no íbamos a tomar ninguna decisión, porque está claro que no es un juez confiable”, recordó Carrió, pero subrayó que en ese momento también dijo “que los hechos existieron y eran graves”.
Alrededor del jefe de Gobierno se mueve un grupo de dirigentes asustados. Michetti y Rodríguez Larreta, se agreden generosamente en todas las reuniones; Montenegro –cercano a Michetti– y el ministro de Hacienda, Néstor Grindetti, ya están explorando las posibilidades de candidatearse como intendentes de San Isidro y Lanús por fuera de la estructura de Jorge Macri, quien es el principal armador del PRO en la provincia.
Justo en el momento en que Macri más necesita que la Legislatura le responda, también se le complicó el frente legislativo. La reciente salida del peronista Daniel Amoroso –que se pasó a las filas de Francisco De Narváez–, redujo el bloque a 24 miembros y desencadenó una catarata de rumores sobre nuevas fugas.
Francisco de Narváez viene especulando con incorporar a los dirigentes que abandonan el macrismo. Si hay fuga de dirigentes, el heredero de Casa Tía sería a todas luces el beneficiario.
Por otra parte, Macri está ahora más obligado que antes a mantener su candidatura presidencial. Abandonarla en este contexto de debilidad agudizaría su crisis poque implicaría aceptar la responsabilidad política en las escuchas que hasta ahora ha negado.
Si optara por la licencia para evitar el procesamiento, su territorio sería gobernado por el vicepresidente primero de la Legislatura, Oscar Moscariello, un demócrata progresista que nunca formó parte del círculo íntimo del jefe de Gobierno porteño.
Convertido en una suerte de héroe por accidente, la peor pesadilla macrista es que Moscariello –quien integró la dirección ejecutiva de la Entidad Binacional Yaciretá, bajo la conducción de Martínez Raymonda–, se transforme en el Cobos del PRO.
Lo cierto es que el alicaído ex presidente de Boca no las tiene todas consigo; jaqueado por los yerros de la gestión y con su imagen en caída libre, tal vez haya asumido su responsabilidad en la virtual acefalía institucional que amenaza a la ciudad en caso de su caída. No fue gratuita el quiebre de la cadena sucesoria, cuando obligó a Gabriela Michetti a dejar la vicejefatura para ser diputada nacional. El omnipotente Macri no había previsto ninguna emergencia, pues estas cosas en las empresas de su padre no pasaban.a

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  • Management & Fit, que trabaja para Francisco De Narváez –que promueve a Javier Castrilli en la Capital–, en un estudio del 8 de marzo pasado, le da 42% de apoyo del electorado a la presidenta Cristina Kirchner, el nivel más alto desde su asunción para esa consultora. La respuesta espontánea ante la pregunta “¿A quién votaría para Presidente?” tiene a Cristina Kirchner con 17,1%, seguida por Macri pero con sólo el 5% de las respuestas. La aprobación de la gestión de Mauricio Macri, en cambio, es del 26,2%.

  • A partir de la confirmación de su procesamiento como miembro de una asociación ilícita, la personalidad aristocrática, autoritaria, blindada e incombustible de Mauricio Macri, comenzó a agrietarse de un modo tan inesperado que –hasta hace un par de meses–, nadie hubiera podido imaginar los acontecimientos que durante estos días conmovieron a la ciudad de Buenos Aires.
    La ratificación de su procesamiento coincidió con una transformación apenas perceptible en Mauricio Macri: primero apareció con un moretón en el ojo y explicó que había recibido un codazo mientras jugaba al fútbol.

  • Cuando asumió como jefe de Gobierno, jamás lo imaginó y ahora, que lleva dos años y medio de gestión, Mauricio Macri todavía no puede creerlo, pero es cierto. Su fuerza, el PRO, se está resquebrajando en sectores casi irreconciliables. Dentro de la Legislatura, la prolongada desatención del Ejecutivo porteño con sus propios legisladores ha empezado a dar sus frutos, especialmente para la oposición, que suma fortaleza gracias a los errores políticos del macrismo, la fuerza que empezó el año con 26 diputados en su bloque y que ha comenzado a desgranarse.

  • • CUMBRE SIN MICHETTI. El jefe de Gabinete porteño, Horacio Rodríguez Larreta, convocó, el viernes al mediodía, a una reunión urgente al bloque de legisladores del PRO. No estuvieron los cuatro diputados que responden directamente a Gabriela Michetti.

    • SE AVIVÓ EL ALBERTO. El precandidato del Peronismo Federal, Alberto Rodríguez Saá, aseguró ayer que existe “un pacto” entre Eduardo Duhalde y el jefe de Gobierno porteño –y también candidato– Mauricio Macri. Saá pidió que “lo transparenten”.

  • Abrumado porque los resultados de las encuestas lo siguen mostrando muy lejos de Cristina Fernández en la carrera presidencial, la indefinición de Mauricio Macri en cuanto a dar la pelea principal o resignarse a ir por otro mandato en la ciudad, profundiza las grietas internas del PRO y genera desconfianza en sus posibles aliados políticos.

  • El autojuicio a medida está perdido. La Legislatura porteña aprobó la creación de una Comisión Investigadora para esclarecer la responsabilidad de Mauricio Macri en el caso de las escuchas ilegales y la creación y puesta en marcha de la Policía Metropolitana. El macrismo, derrotado por 36 votos contra 24, agotó, sin éxito, todos los mecanismos para alargar la sesión o pasar a un cuarto intermedio. Sin embargo, el PRO no pudo frenar a la oposición, que hasta diciembre proximo analizará si finalmente corresponde iniciarle juicio político al jefe de Gobierno.