Días de sangre y fuego en Siria
Las fuerzas de seguridad abrieron fuego contra los miles de manifestantes que este viernes a la salida de las mezquitas, protestaban contra el régimen de Bashar Al-Assad en diversas ciudades sirias, dejando un saldo de al menos doce muertos, según el Observatorio sirio de derechos humanos. Los denominados Comités de Coordinación Locales de Siria, cifraron el número de fallecidos en diecinueve. La represión ha vuelto con fuerza a Siria en una semana en la que, según la oposición, las tropas de Al-Assad han arrestado a miles de manifestantes para prevenir lo que se preveía un nuevo viernes de furia antirrégimen.
El sábado, en un nuevo avance del ejército sirio, tropas y tanques entraron en Bdama, y extendió sus operativos a toda la provincia de Idleb, a 40 km de la frontera con Turquía.
La revuelta opositora que puso a Siria como una de las fichas del dominó árabe –que comenzó a caer en Egipto y también acabó con los gobiernos autocráticos de Yemen y Túnez– tiene en Damasco a una de las dinastías más duras de derrocar que ha demostrado una férrea decisión de mantenerse en el poder aún cuando signifique sumirse en una guerra civil. Una visión categórica que sostiene el periodista sirio y corresponsal de la cadena qatarí Al Jazeera en España, Taysir Alony, para quien “el régimen está intentando arrastrar al país a un enfrentamiento religioso”. A ese escenario se suma la revelación de la presencia de milicias armadas de los Hermanos Musulmanes. Fotografías publicadas por AFP muestran a un grupo de hombres, supuestos miembros de esta organización, con rifles de caza en un puesto de control en la localidad de Jisr al-Shughour, en Idleb. Esta presencia ha dado justificación a las informaciones difundidas por la agencia oficial Sana que señala a estos milicianos como responsables de la muerte de unos 300 soldados y policías, en las operaciones y bombardeos que el ejército ha lanzado sobre distintas poblaciones para recuperar su control. La agrupación Hermanos Musulmanes se encuentra prohibida en Siria luego de los cruentos enfrentamientos que mantuvieron con el régimen del Partido Baaz en los años ’80 y existe una ley específica que condena a muerte a sus integrantes.
En lo que va del conflicto que estalló en marzo pasado, distintas ONG y la ONU han contabilizado más de 1.200 civiles muertos, centenares de heridos y unos 10 mil detenidos. Además, asciende a 10 mil el número de personas en los campamentos habilitados por la Media Luna Roja que buscaron refugio en suelo turco, escapando de la avanzada militar que comanda Maher al Assad, hermano de Bashar, al mando de la Guardia Republicana y la VI° Brigada del Ejército, a quien señalan como un carnicero despiadado. Acusación que sostuvo el propio primer ministro de Turquía, Recep Tayip Erdogan, al declarar que Maher “trata (a la gente) con barbarie”.
Todo comenzó casi como parte de los vientos democráticos que significaron para la región la llamada “primavera árabe”, cuando un grupo de adolescentes pintó en un muro de la ciudad de Deraa “As-Shaab Yoreed Eskaat el nizam!” (“¡El pueblo quiere derrocar al régimen!”). Detenidos y torturados, esto desató las primeras protestas de familiares y amigos. Reprimidas a balazos, convirtieron a esta desértica población tribal del sur en la cuna de la llama de indignación que hoy incendia toda Siria.
Desde el análisis geopolítico de la situación, el ex embajador indio en la antigua Unión Soviética, M. K. Bhadrakumar, considera que esta “revolución” se ha convertido en pieza de una disputa que tiene a Estados Unidos y Europa por un lado y a Rusia y China por otro. Tanto Moscú como Beijing se oponen a una intervención internacional armada como la que se está llevando a cabo en Libia e incluso han trabado la declaración del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que repudia la represión del gobierno sirio pero no contempla sanciones de ningún tipo en consecuencia. La aparición del crucero USS Monterrey equipado con el sistema Aegis de defensa aérea en el Mar Negro parece darle la razón a los rusos, que “consideran un motivo importante para la presión estadounidense por un cambio de régimen en Siria lograr el cierre de la base naval rusa” en esa nación. Bhadrakumar cree que el objetivo también es “romper el aislamiento regional de Israel al doblegar a Hezbollah y acabar con la alianza sirio-iraní”.

Tiempo argentino

