Los ojos ciegos bien abiertos
Por obra e influencia, la tracción a sangre de PJ Harvey, la ética innovadora de Björk y el despliegue de Tori Amos constituyen los faros creativos femeninos más potentes de los ’90 a la fecha. Casi a pesar de ella misma, Fiona Apple siempre estuvo en condiciones de disputar un lugar en ese podio, pero su naturaleza autoconflictiva la demoró una y otra vez. Después de siete años de espera, la cantante, pianista y compositora llega a su esperado cuarto disco y vuelve a desplegar su particular capacidad para lanzarse en carne viva y aún así alumbrar belleza. También confirma nuevamente su talento para construir canciones que nunca son obvias: ya sea por su esmerada construcción y arreglos, como por sus matices musicales, su dinámica y su inquietante abordaje vocal. The Idler wheel is wiser… suena más austero que sus predecesores. El trabajo se sostiene en el piano y la voz de Apple, a los que se le suma el despliegue percusivo de Charley Drayton. En ese contexto transcurren las diez canciones, que siempre atraen y nunca se sabe hasta donde llegarán. El inicio de cajita musical de “Every single night” y su estribillo arengador, el repiqueteo percusivo y la bella melodía de “Daredevil”, la balada densa y martilleante “Jonathan” (una declaración de amor obsesiva a su ex novio, el escritor Jonathan Ames), el boggie boggie agrio y de dientes apretados “Left Alone” y el ambiente tribal y la superposición de Fionas en “Hot Knife” resultan apenas algunos de los puntos salientes de un disco que atrapa y sigue creciendo a medida que se suman escuchas. Sí, la pequeña gran manzana lo hizo de nuevo.
En busca de las ligas mayores
Con el adictivo Sistema Nervioso Central (2006), Estelares alcanzó el punto más alto de su canción rock elegante y melancólica. Ese disco los puso a las puertas de la masividad y con El costado izquierdo la banda platense se muestra más decidida que nunca a conquistarla. El corte “Doce chicharras” es muy claro en esa búsqueda. Una buena melodía, la voz de Manuel Moretti en primerísimo plano, un arreglo final casi kitsch y un tono general luminoso. La búsqueda del trabajo cobra su dimensión más manifiesta en “Necesito”, donde el clima beat que domina el álbum pasa a un virtual tributo a Palito Ortega.

Tiempo argentino

