El concepto de estilos de desarrollo nace como una ampliación de la definición de desarrollo, que implica mucho más que crecimiento económico, ya que se refiere no sólo al dinamismo
de las principales variables económicas sino a su estructura
y proyección política y social.
Dentro de este planteo global, se caracterizó al “estilo de desarrollo” como categoría de análisis, vinculándolo con los sistemas (capitalismo, economía mixta y socialismo) y con las estructuras (desarrolladas, camino al desarrollo y subdesarrolladas). El estilo es entonces la opción política, social y económica adoptada dentro de un sistema y estructura determinados. En el ámbito económico, se define al estilo de desarrollo como “la manera en que dentro de un determinado sistema se organizan y asignan los recursos humanos y materiales, con el objeto de resolver los interrogantes sobre qué, para quiénes y cómo producir los bienes y servicios” (Aníbal Pinto, Revista de la Cepal, Santiago de Chile, primer semestre de 1976).
El estilo de desarrollo es el resultado de la forma cómo interactúan el Estado, el poder y
el mercado en una determinada sociedad. En el fondo, se trata de orientar el desarrollo de acuerdo con ciertos valores, como la justicia, la homogeneidad social, la autodeterminación nacional y otros análogos. Pero no es un momento estático sino un proceso dinámico. Dentro de cada sistema y estructura, los estilos no sólo constituyen el “modo de vivir y trabajar de una sociedad” sino también el de “evolucionar”, es decir, pasar de una a otra modalidad dentro del sistema o de la estructura, o más aún, cambiar uno y otra, o ambos.
La circulación entre estilos de desarrollo. Los procesos políticos, económicos y sociales son muy dinámicos. Si visualizamos los distintos estilos de desarrollo posibles en la Argentina actual, tomando como puntos de referencia a los sistemas (economía mixta, capitalismo moderado y capitalismo salvaje) y estructuras (camino al desarrollo y subdesarrollo), comprobamos que si se practicara un capitalismo productivo con inclusión social, se avanzaría hacia el desarrollo y la economía mixta. Por el contrario, el país se hundiría en el subdesarrollo si se adoptara el capitalismo salvaje; en lo social, si fuéramos a una sociedad dual, el país fondearía en una estructura subdesarrollada, así como, en sentido inverso, con la integración social se daría un paso enorme hacia el desarrollo.
Si observamos los estilos de desarrollo que predominaron en la Argentina en el último cuarto de siglo, en el período 1983-1989 el país se deslizó dentro de un capitalismo moderado con un retroceso en el camino hacia el desarrollo. Después, en el período 1990-2001, el país adoptó el neoliberalismo salvaje y terminó en el subdesarrollo, como lo mostró la crisis de 2001-2002. Por último, desde 2003, se abandonó
el neoliberalismo y se ingresó en una economía mixta como una etapa en el camino hacia el desarrollo. El gráfico muestra
esas trayectorias.
Características del estilo neoliberal y del de desarrollo con inclusión social. Los tipos de sociedad que surgen de estilos de desarrollo antagónicos son muy diferentes. En el siguiente cuadro, elaborado por Alfredo Fernando Calcagno, se advierten las principales características de los dos estilos de desarrollo en pugna.
Por encima de las cuestiones de forma, la lucha entre estos dos modelos estará en el centro de la futura política argentina, porque plantea los problemas de fondo y determina qué bienes y servicios se producirán, cómo y para quiénes; y esta decisión está en la base de la inclusión o la exclusión política, económica y social.
