Dos hermanos a juicio por el crimen de un abogado

Año 5. Edición número 194. Domingo 5 de febrero de 2012
Carlos Moreno. Fue torturado y asesinado.
También están acusados tres ex militares. Carlos Moreno defendía a los trabajadores de Loma Negra. Lo secuestraron y asesinaron en 1977. Estuvo cautivo en una chacra de dos civiles, que funcionó como centro clandestino en Tandil.

El próximo jueves serán juzgados ante el Tribunal Oral Federal (TOF) de Mar del Plata los civiles Emilio Felipe Méndez y Julio Manuel Méndez, el ex suboficial mayor José Luis Ojeda y los ex coroneles Julio Alberto Tommasi y Roque Italo Pappalardo. Están acusados de los delitos de privación ilegítima de la libertad, tormentos y homicidio de Carlos Alberto Moreno, un abogado laboralista de Olavarría. El juicio se desarrollará en el aula magna de la Universidad Nacional del Centro de la provincia de Buenos Aires (Unicen), en Tandil. Darán su testimonio más de 70 testigos.
A Moreno lo recuerdan con una sonrisa permanente. Como un tipo alegre, siempre dispuesto a pelear por los derechos de los trabajadores. Provenía de una familia muy humilde de Olavarría: su madre era portera en un colegio y su padre, camionero y sereno de un club. En el ’67 había ganado una beca de la municipalidad para estudiar abogacía en La Plata. “Se acercó a la política a través de la Furn, la primera agrupación orgánica del peronismo en la universidad. Terminó la carrera bastante rápido. En esos años conoció a mi madre, se casaron y se volvieron a vivir a Olavarría”, señaló a Miradas al Sur su primer hijo, Matías Moreno. Allí es cuando empezó a participar en la Tendencia, dentro del Peronismo Auténtico. “Mi viejo encaró la defensa de varios sindicatos de la zona, colaborando en la formación del sindicato de canillitas, de lo que había trabajado de chico, y el de porteras. Pero también la defensa de los trabajadores de la Asociación de Obreros Mineros Argentinos (Aoma)”.
Moreno empezó a descubrir que los embolsadores de la cementera Loma Negra tenían dificultades respiratorias. Sufrían silicosis, una enfermedad generada por la acumulación de polvo en los pulmones. Los trabajadores morían antes de llegar a jubilarse. Algunos fallos favorables resolvieron que la fábrica debía reducir la carga horaria, mejorar la seguridad e higiene laboral, e indemnizar a familiares de fallecidos. El abogado empezó a ser perseguido y a recibir amenazas.
Llovía la noche del 29 de abril de 1977. Moreno había salido de su casa a las 19, para llevar un certificado al colegio donde su esposa daba clases. Estaba embarazada de seis meses y no se sentía bien. Cuando regresó, estacionó donde lo hacía siempre. Bajo la lluvia, según testigos presenciales, lo golpearon y secuestraron. Lo metieron en un Renault 12 naranja y lo llevaron a una chacra que era propiedad de Emilio y Julio Méndez, un campo a 200 metros de la ruta 226, en Tandil. Era una quinta de fin de semana, facilitada por los hermanos para que funcione allí un centro de tortura y muerte.
La familia inició su búsqueda y se presentó un hábeas corpus firmado por todos los abogados de Olavarría. Con la investigación, se ordenaron allanamientos rápidamente y se tomaron testimonios. Moreno estuvo en la chacra hasta el 3 mayo, cuando logró escaparse. Llegó a una casa vecina y pidió auxilio. Los vecinos dieron luego testimonio de haberlo visto en muy mal estado físico y con mucha sed. Le dieron agua. Escucharon tiros y supieron que se acercaban militares y, para no comprometerlos, Moreno se fue. De todos modos, lo alcanzaron. Le pegaron con una pala, lo subieron a una camioneta y lo regresaron a la quinta. Allí lo mataron. Tenía sólo 29 años.
Su cuerpo fue entregado el 10 mayo del ’77, en La Plata, con la condición de que no fuera enterrado en Olavarría. Ya habían aparecido algunas pintadas de las comisiones internas que reclamaban la aparición con vida de Moreno. Matías tenía sólo un año y medio. Tuvieron que irse a vivir a La Plata. Con el regreso de la democracia, los abuelos paternos de Matías hicieron una denuncia. La causa avanzó, pero todo se estancó con la sanción de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Volvió a fluir cuando esas leyes se anularon. El año pasado recién se realizó la autopsia que reveló que fehacientemente había signos de tortura y que las balas le ingresaron al pecho de arriba abajo. “Supe cómo murió y los testimonios y los nombres de los asesinos, pero necesitaba saber cómo vivió”, dice Matías. A partir de allí fue una búsqueda personal. Viajaba constantemente a Olavarría y se entrevistaba con todo aquel que lo hubiera conocido. En 2001, como integrante de Hijos, Matías participó del primer escrache a los Méndez.
Matías sostiene que los ex militares fueron los autores materiales del homicidio. Pero hubo, además, dos tipos de complicidades: la primera es la material, de quienes adscribían tanto a la política económica y represiva de la dictadura y prestaron su quinta. Por otro lado, está la complicidad de los grupos económicos beneficiarios de una economía basada en el patrón de crecimiento financiero especulativo. “Si bien la dictadura se asentó en la desindustrialización y la especulación financiera, hubo conglomerados económico-comerciales que se vieron favorecidos con su política económica. Así ocurrió con la cementera, que tenía el monopolio del mercado y que proveyó a la dictadura del cemento necesario para la construcción de autopistas y la refacción de estadios de fútbol para el Mundial ’78, por ejemplo”, puntualizó. Para la familia Moreno, el verdadero sentido de justicia aparecerá recién cuando todos tengan la condena que les corresponde. Pero también si esta causa sirve para avanzar sobre los roles que tuvieron los cómplices políticos y económicos de la dictadura en localidades como Azul, Tandil, Bolívar, y tantas otras.
Hoy habrá una caravana de actividades en Olavarría. Culminará con un recital de la banda Arbolito. El jueves, el día del inicio del juicio, tocará Bersuit Vergarabat. “Que llegue la justicia debe vivirse con alegría”, explica Matías.

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Otras notas

  • Los militares Julio Alberto Tommasi, Roque Ítalo Pappalardo y José Luis Ojeda; y los civiles Emilio y Julio Méndez recibieron en Tandil la resolución del fallo por el crimen del abogado laboralista Carlos Moreno. La causa de el Negro no era sólo un caso más, era sinécdoque de la lucha entre los modelos de país en pugna en los setentas.

  • El decreto en cuyo texto se basaron las dramaturgas para realizar este espectáculo fue escrito por Mariano Moreno, a la sazón uno de los dos secretarios de la Primera Junta de Gobierno. El original fue publicado por la Biblioteca Nacional y los hechos que aparecen en la obra se atienen a la verdad histórica. Surgen así algunas cuestiones incontestables: Mariano Moreno fue quien redactó las leyes y reglamentos que dieron vida a la Nación y ésta lleva el estigma del primer asesinato político. La obra puede verse los sábados de julio a las 21 en el Espacio Cultural Carlos Gardel (Olleros 3640).

  • Nada de minero trucho, como se sugirió desde algunas usinas periodísticas. Armando Domínguez, hombre de fuerte entonación criolla y amante del folclore surero, es nieto, hijo y sobrino de mineros de las canteras de la zona de Olavarría. El hombre agrega que suma bastante más de 30 años como laburante minero, siempre en la misma empresa, la que invirtió 85 millones de dólares en la planta que acaba de inaugurarse en Olavarría.

  • El ex gobernador tucumano Antonio Domingo Bussi y el ex comandante Luciano Benjamín Menéndez, ambos condenados por crímenes de lesa humanidad y con prisión domiciliaria, volverán a sentarse en el banquillo de acusados en Tucumán. Esta vez, deberán responder por el secuestro y tortura de Emma del Valle Aguirre. El 17 de febrero de 1977, un grupo de encapuchados volteó a patadas la puerta de la casa donde vivía Aguirre. Se la llevaron vendada y con las manos atadas con alambre.

  • Los chuparon de sus casas varios tipos de civil que se identificaron como de la Federal y que se movían en vehículos militares. Era el 30 de junio de 1976. Enrique Heinrich y Miguel Ángel Loyola eran obreros gráficos de La Nueva Provincia, de Bahía Blanca, un diario que llevó al paroxismo la complicidad con la dictadura. En aquellos años, como delegados del Sindicato de Artes Gráficas, Heinrich y Loyola habían logrado mejoras laborales para sus compañeros. Eso les valió ser catalogados por la empresa como “la infiltración más radicalizada del movimiento obrero”.

  • De los cinco hermanos Villalba, Diego es el mayor: tiene 28 años. Vive junto a su mujer y dos nenes en una construcción de ladrillos a la vista de dos ambientes, baño, y un terreno en el fondo. Es albañil y electricista. Por haber criado a sus hermanos cuando quedaron huérfanos, y por temperamento, se cargó al hombro la causa que investiga el asesinato de su hermano Juan, de 18 años, asesinado a golpes de puño, ladrillazos y puntazos, hace un mes. El viernes al mediodía recibió en su casa a Miradas al Sur.