Dramas y consecuencias de un absurdo: el trabajo infantil

Año 4. Edición número 160. Domingo 19 de junio de 2011
Donde hay trabajo esclavo, hay trabajo infantil. La mayor concentración es rural.
El 17,6% de los pibes entre 5 y 17 años realiza algún tipo de labor en el país. La sanción de la Asignación Universal por Hijo disminuyó la tasa, pero todavía queda mucho por hacer.

Ningún pibe nace para chorro. Y ningún pibe nace para trabajar en la edad de la escuela y el juego. Y sin embargo, muchos chicos y chicas trabajan en la Argentina de hoy. En grandes centros urbanos, el porcentaje de pibes entre 5 y 17 años que realiza algún tipo de labor alcanza al 17,6 de esa población. El dato surge de una medición realizada por el Observatorio de Deuda Social de la Infancia de la Universidad Católica Argentina (UCA) que se difundió esta semana, y que corresponde al segundo semestre de 2010. Desde el Ministerio de Trabajo, si bien tendrán sus propias cifras actualizadas en los próximos meses, ya están en condiciones de adelantar que inevitablemente el índice reflejará un fuerte descenso producido en los últimos años. Y agregan: “Esto no opera como alivio mientras esta actividad no sea erradicada por completo”.
Son niños que cartonean, trabajan a destajo en fincas recolectando frutos o manipulando agrotóxicos, cambian estampitas por monedas en el tren, cuidan diariamente a sus hermanos y se encargan de la limpieza de la casa. Así, pierden su derecho a la infancia.
“En la modernidad, lo valorizado era la razón. Se definía el ciudadano por votar y trabajar. El niño era un excluido temporal tomado por la escuela y la familia, quienes a su vez lo imbuían de la razón que lo iba a formar como ciudadano. Algo de eso se rompió en las últimas décadas, lo que inevitablemente trae efectos. Uno de ellos es la inserción de los chicos en el mundo del trabajo, pero con un montón de peligros para ellos y para todos”, afirma la analista clínica e institucional Alicia Le Fur, autora del libro ¿Chicos de la calle o trabajo chico? junto al sociólogo José Manuel Grima. En este sentido, la Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes realizada en 2004 por la Comisión Nacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (Conaeti) señala que la forma predominante de trabajo es la ayuda en la labor de los padres u otro familiar, siendo el 60 por ciento entre los niños y niñas, y el 40 por ciento en los adolescentes trabajadores.
El trabajo infantil es definido por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) como aquel que priva a los pibes de su niñez, su potencial y su dignidad, y que es perjudicial para su desarrollo físico y psicológico. En este sentido, se agrupa en tres tipos de tareas: las productivas para autoconsumo, las domésticas y el trabajo equivalente al de un adulto. El lugar de residencia es el que determina qué tipo de trabajo es el más realizado. Así, las actividades de autoconsumo son más difundidas en el campo y las domésticas en la ciudad.
En el país, la mayor parte se concentra en el campo. Ya que donde hay trabajo esclavo, hay trabajo infantil, ya que hay un grupo familiar atrapado. “Las situaciones abusivas en el trabajo agrícola existen y todavía hay mucho que hacer”, afirma María del Pilar Rey Méndez, presidente de la Conaeti. “Estamos trabajando con una modalidad de acción directa. Como la mayoría del trabajo es golondrina y se traslada todo el grupo familiar, tenemos que contar con espacios de atención en las fincas o sus alrededores. Con una red que incluye más de 90 empresas llevamos experiencias realizadas en Mendoza, Salta y Jujuy. Ahora estamos lanzando otro en Misiones para el sector citrícola. Son programas de articulación público-privada que buscan espacios como escuelas cercanas a las fincas, clubes o parroquias, en donde se establecen jardines con el personal y el mobiliario idóneo para satisfacer todas las necesidades de estos niños mientras sus padres cumplen su jornada laboral, ya que a veces la escuela no cubre toda la jornada, ni se extiende durante todo el año”.

Educación. La inserción laboral temprana inevitablemente influye en la escolaridad. Si bien de todos los niños entre 5 y 13 años que trabajan, el 2,8 por ciento no va a la escuela, los que asisten tienen altos índices de repetición, inasistencias y llegadas tardes frecuentes. Entre los adolescentes, la situación es más grave, siendo un 25 por ciento los que no asisten a la escuela.
Dos fuentes consultadas por Miradas al Sur afirman que la sanción de la Asignación Universal por Hijo tiene que haber disminuido la tasa registrada en 2004, al igual que otras medidas como el programa de inclusión educativa para fomentar la permanencia escolar o el seguro de capacitación y empleo para los padres de los chicos que estén en situación de trabajo infantil.

Salud. Hasta el año pasado, no existían en el país datos cualitativos que precisaran cuáles son los daños que el trabajo infantil ocasiona en la salud psicofísica de los menores. Rey Méndez cuenta que “en 2010 empezamos a trabajar con la Sociedad Argentina de Pediatría, para concientizar a este sector que hasta entonces estaba ausente. Hoy ya tenemos informes concretos y corroboramos que, junto con Brasil, somos el único país de Sudamérica que está trabajando en un circuito de notificación obligatorio. Se trata de que los médicos necesariamente den cuenta de todo dato de salud que detecten que haya sido ocasionado por trabajo infantil. Esto va a marcar un antes y un después en la política pública”.

Números. Según la OIT, 215 millones de niños trabajan en el mundo. Y más de la mitad lo hace en tareas peligrosas: un niño trabajador sufre un accidente, enfermedad o trauma psicológico cada minuto de cada día. Luego de la encuesta realizada por la Conaeti en 2004, que resultó de entrevistas realizadas a los propios chicos, hasta el momento no se ha realizado otro estudio que permita hacer un análisis de la situación acutal. “Para solucionar esto, lo que trabajamos este año es la incorporación de la temática en otras encuestas anuales que se realizan en el país. Y además propiciar estudios rápidos con cada Copreti (Comisión Provincial para la Prevención y Erradicación del Trabajo Infantil), brindando asistencia junto a la subsecretaría de programación técnica y estudios laborales del Ministerio de Trabajo. Esta es una metodología que propone la OIT”, cuenta Rey Méndez. Desde la perspectiva mundial, el año pasado la OIT presentó un informe donde la Argentina aparece entre los países con menor índice de trabajo infantil en Sudamérica.
Esto, de todos modos, no opera como alivio, ya que ningún pibe nace para trabajar en la edad de la escuela y el juego. Y sin embargo todavía es el medio de supervivencia de muchas familias en la Argentina.

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