El 82% no es lo que era antes

Mucho se habla del 82% móvil de las jubilaciones, pero hoy no tiene el sentido que tuvo como conquista social del pasado ni como bandera histórica. Muchos confunden este dato, en algunos casos no sin intención, y hablan de elevar el haber al 82% del salario mínimo vital y móvil. Ello implicaría terminar de achatar la pirámide de los haberes previsionales y llevar a más del 95% de los jubilados a percibir la mínima.
El efecto de achatamiento de esta pirámide tuvo muchos factores y distintas épocas políticas que lo causaron. En primer lugar, la emergencia previsional del ’86, que permitió el otorgamiento de aumentos priorizando en las escalas inferiores, cuando estaban vigentes la leyes 18.037 y 18.038 y a la que se le sumaron los decretos 648/87 y 366/88 para que, renunciando a los juicios, los jubilados pudieran percibir Bocones pagaderos a 16 años con orden de prelación en los mayores de 80 años de edad. Seguido a ello y con la inauguración del sistema mixto que entregó el negocio a las AFJP, la perversa ley de solidaridad previsional, que aún sigue vergonzosamente vigente, establece que no se asocian los haberes jubilatorios a los salarios de los activos y que los aumentos se fijarán por la ley de presupuestos. Y finalmente, desde la salida de la convertibilidad y la crisis del 2001 hasta la sanción de la nueva ley de movilidad previsional de fines de 2008, la gran cantidad de aumentos otorgados a la jubilación mínima y a las inferiores a los $1.000. Estos factores responden más a decisiones políticas pero también los hay técnicos.
En primer lugar, el que durante mucho tiempo no se actualizaran las 120 últimas remuneraciones que se toman para alcanzar el promedio sobre el que se efectúa el cálculo de las componentes que conforman el haber previsional. Y en segundo lugar, que cuanto mayor sea ese promedio que surge de las remuneraciones activas, menor es la relación con el haber jubilatorio resultante. Y ello ocurre porque una de las componentes del haber -la PBU- es un valor fijo que tiende a menospreciar el haber respecto de los mayores salarios.
El proyecto de ley presentado en la Cámara de Diputados contiene dos dictámenes que plantean de manera similar que primero se recomponga el haber previsional conforme los fallos de los casos Sánchez y Badaro, para así reconstruir la pirámide de haberes sacando a muchos beneficios del mínimo y luego sí elevar el mínimo al 82% del SMVM. La diferencia es que el dictamen de minoría plantea como fuente de financiamiento la restitución de las contribuciones patronales al 16% (unos $20.000 millones anuales) y el volver a topear el FGS (con excedentes por $40.000 millones).
Recomponer la pirámide y elevar el haber mínimo supone unos $27.000 millones al año. Resulta lógico que el Sistema Previsional acumule y capitalice reservas a través del Fondo pero con el tope histórico. Si no se produce lo que ocurre en la actualidad en donde ANSES acumula por miles de millones, mientras que paga a la mayor parte de sus beneficiarios por debajo de los $1.000, con lo que se prefigura una ANSES rica que produce jubilados pobres. Otro punto que se plantea sobre esta problemática es la puesta en riesgo de la sustentabilidad del sistema si se aplicaran estas políticas.
El 82% no es un problema de caja sino un problema de decisión política. Hace 25 años se decidió que gran parte de los costos de implementar los modelos neoliberal y el neodesarrollista actual, se financiaran con los recursos genuinos de la Seguridad Social. Con la privatización de 1994 se transfirió hacia el mercado el equivalente al 110% del crecimiento de la deuda externa (dic.94-dic.2001). Así, el Estado, en aquel entonces, se convirtió en el principal hacedor y facilitador del cálculo de la ganancia para los sectores más dinámicos de la economía de mercado. Mientras que en la actualidad, si bien es positivo que el Estado invierta en la economía real para capitalizar las reservas del Sistema, no es lógico que lo haga de manera excedentaria y que siga postergando la deuda histórica que sostenemos con el sector social de los jubilados. Lo cierto es que el debate actual no soluciona el problema. Para ello se requiere poner en discusión todo el sistema, cuestionar el modelo y fijar como base tres premisas: a) que sea integral y universal, b) que sea público y autárquico y c) que se lo democratice para que las decisiones las tomen sus interesados directos. Sólo así creo que alcanzaremos la idea de la seguridad social como política de Estado permanente y dejaremos atrás el vetusto e injusto modelo que tenemos.

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Otras notas

  • En 1960 los argentinos gozábamos del derecho a una jubilación compuesta por el 82% del salario, que nos era conferido por la ley 14.449. A partir de 1968 comenzaron las sucesivas reformas legales que fueron sistemáticamente deteriorando los haberes jubilatorios.

  • El conglomerado opositor logró sacar el dictamen para que se trate en la Cámara de Diputados los diferentes proyectos que proponen llevar la jubilación mínima a un 82 por ciento móvil. A partir de ahí, se instaló un debate acerca de si existen o no los fondos para financiar ese aumento.

  • Desde el 2003 a la fecha, la cobertura previsional de la población en condiciones de jubilarse pasó de 3.185.000 a 5.585.000 de beneficiarios. La expansión de esta cobertura fue posible por la decisión de terminar con la estafa de las Afjp y de sostener dos políticas que se combinan potenciando el resultado: la creación de empleo y la promoción de la formalización laboral. Como resultado de estas políticas, la cobertura previsional pasó de cubrir el 57 por ciento al 90 por ciento del total del universo de habitantes de la tercera edad.

  • El diputado del Frente para la Victoria Héctor Recalde entiende que es totalmente justo que los jubilados aspiren a cobrar el 82% móvil. Pero también advierte que es necesario discutir seriamente de dónde y cómo se obtendrán los fondos, porque se corre el peligro de que grandes expectativas terminen convirtiéndose en grandes frustraciones. Además, señala que muchos de los diputados que hoy levantan esta bandera son los que cuando les tocó gobernar no les tembló el pulso para bajarles el sueldo a los jubilados y vaciar el sistema provisional.

  • La conducta expresada por la oposición en torno a su propia iniciativa de elevar los haberes provisionales al 82% móvil demuestra que el objetivo final es forzar a la presidenta Cristina Fernández a pagar el costo político de adoptar una medida tan impopular como vetar un aumento a los jubilados. Poco les importó a los legisladores que integran la Comisión de Presupuesto los argumentos esbozados por el ministro de Economía Amado Bodou y el titular de la Anses, Diego Bossio, acerca de la inviabilidad de la iniciativa.

  • La oposición cuestionó con dureza el monto mínimo de los haberes jubilatorios, pero en su análisis olvidó hacer referencia a los casi 2,5 millones de jubilados que se sumaron al sistema desde 2003 y a la movilidad jubilatoria.