El año pasado, la producción manufacturera local cerró con un crecimiento del 6,5 por ciento, por debajo de los 9,7 puntos porcentuales que registró en 2010 y del promedio de la economía para 2011, que se estima rondará el 9 por ciento. Un panorama nada desalentador en un contexto internacional signado por el estancamiento que registran las principales economías del mundo. Más alentador se torna aún si se tiene en cuenta que, según las estimaciones oficiales y privadas, la industria se expandirá durante 2012 entre un 6 y un 7 por ciento a pesar de una crisis internacional que devino en guerra comercial. El contexto, según las fuentes consultadas, refuerza la necesidad de profundizar la integración argentino-brasileña y pone de relieve la importancia del eje estratégico tendido entre Buenos Aires y Brasilia. Un camino esencial, según los actores involucrados. Incluso para la Federación de Industrias del Estado de San Pablo (Fiesp), que criticó con dureza la decisión del Gobierno Nacional de redoblar los controles sobre los productos importados con la finalidad de preservar divisas, proteger el nivel de actividad y sostener el empleo.
Quejas y retruques. Los analistas sostienen que Brasil tiene una mayor capacidad para enfrentar la crisis que Argentina, principalmente por su muy extendido mercado interno. “Los industriales brasileños siempre se quejan. Sus exportaciones tienen un gran impacto en sectores de nuestra economía, pero la realidad es que hay muchos productos que se importan desde Brasil y se podrían producir aquí”, asegura Roberto Maceri, vicepresidente de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (Came).
Según Paulo Skaf, titular de la Fiesp, el requisito de realizar una declaración jurada anticipada para las compras en el exterior vulnera las reglas del Mercosur y resultará en un perjuicio para el flujo bilateral, que el año pasado alcanzó la cifra récord de 40 mil millones de dólares, con un déficit para la Argentina de unos 5 mil millones. Además, la central paulista señala que la Argentina pidió y obtuvo en la última cumbre del Mercosur una suba en el arancel externo común.
“Como pequeños y medianos empresarios valoramos la simplificación de trámites a través de la ventanilla única. También esperamos que le sirva al Estado para controlar las transacciones comerciales. No es la primera vez que se intenta limitar ciertas importaciones. El año pasado, la ministra de Industria, Débora Giorgi, elevó una carta a su par brasileño donde expuso claramente que el comercio con Brasil está en déficit y que del lado brasileño ponían trabas para la línea blanca argentina”, recuerda Eduardo Fernández, titular de la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios (Apyme).
“Brasil es un fuerte exportador que busca colocar excedentes y sumar más productos a su comercio exterior. Indudablemente, posee una economía de gran escala y con mejores precios, además de una lógica exportadora que es histórica. En la Argentina, por el contrario, domina una cultura que piensa que lo que viene de afuera es mejor. La importación indiscriminada nos llevó a la desindustrialización. La relación comercial con Brasil es muy importante, pero nadie, ni siquiera Brasil, está exento de la crisis global”, analiza Maceri.
Desde la Cámara de Importadores de la República Argentina (Ciara) afirman que la idea de la Secretaría de Comercio Interior de monitorear los flujos comerciales es acertada. Su gerente, Manuel Ponce, dice que le permitirá al sector privado “evitar demoras y bajar costos”, al tiempo que el Estado podrá “controlar los volúmenes y los precios” de los productos importados; pero también examinar “el comportamiento de los sectores protegidos con licencias no automáticas para verificar si invirtieron, si contrataron mano de obra y si mantuvieron los precios”.
Los números. La expansión de la economía local impulsó una paulatina reducción del superávit en el comercio bilateral con Brasil, a raíz de los significativos incrementos que se registraron entre 2003 y 2010 en las importaciones de bienes de capital (295%), bienes intermedios (153%), piezas y accesorios (591%), combustibles y energía (162%) y vehículos (599%), sector este último de un peso fundamental en el déficit y que responde a las estrategia de las compañías multinacionales. El derrotero refuerza la idea de que la tendencia se relaciona más con la reactivación que con una supuesta avalancha brasileña.
Los analistas privados vaticinan que la balanza en su conjunto cerrará este año con un superávit menor que en 2011 –algunos hablan de U$S 7.000 millones–. Las mismas fuentes arriesgan que la sequía restará unos U$S 3 mil millones y pronostican que las necesidades en materia de energía –esencialmente de gasoil y fueloil– implicarían gastos por unos U$S 7 mil millones. En el Gobierno desestiman esos cálculos y aseguran que se generará un saldo superior a los U$S 10.000 millones. El suficiente para mantener la autonomía en la toma de decisiones. Además, desdramatizan el panorama y, aunque reconocen la necesidad de preservar divisas, apuntan que al año pasado –cuando mayores trabas a las importaciones se pusieron– terminó con un intercambio récord de unos U$S 150 mil millones. Explican, también, que la decisión de requerir una declaración anticipada para las importaciones se suma a un criterio mundial. En un contexto más amplio, agregan que el mundo está inmerso en una crisis que devino en guerra comercial, y que la Argentina está lejos ser el único país que pone trabas a las importaciones.
El panorama también es complicado del otro lado de la frontera. El año pasado, el superávit de Brasil alcanzó los U$S 30 mil millones. Este año, caerá un 23 por ciento, según el Banco Central de Brasil. De cumplirse, las importaciones crecerán un 8 por ciento (U$S 245 mil millones), mientras que las exportaciones ganarán apenas 4 puntos porcentuales (U$S 267 mil millones). Para la balanza de pagos, la entidad anticipa un deterioro de la cuenta corriente –un saldo negativo de U$S de 65 mil millones–. Por el lado de la cuenta de capital y financiera, se espera que el superávit caiga (U$S 40 mil millones) y la Inversión Extranjera Directa (IED) descienda un 40 por ciento.
Sostener el rumbo. En el Gobierno estiman que hacia el segundo semestre del año se verificará un sobrestock mundial de bienes por la caída de los mercados globales, razón por la que no descartan incorporar nuevas licencias no automáticas con la intención de promover la producción local de máquinas, textiles, muebles y calzados, entre otros rubros. Dos datos: en muchos sectores, los insumos importados representan el 50 por ciento del producto. En el caso de los autos, siete de cada diez piezas provienen del exterior, mayoritariamente de Brasil. Hoy, la Argentina aplica licencias no automáticas a unas 600 posiciones arancelarias. Hasta fines del año pasado, la tarea recaía en la Secretaría de Industria. Ahora, es responsabilidad de la Secretaría de Comercio Exterior, que conduce Beatriz Paglieri.
En Apyme aseguran que los pequeños y medianos empresarios abogan por más integración y complementariedad. Al mismo tiempo, advierten que algunos sectores locales que no parecen dispuestos a resignar ganancias extraordinarias. “En el Gobierno hay voluntad de mantener el actual proceso económico y social. Los mensajes ante la Unión Industrial y la Cámara de la Construcción fueron claros con relación al rol del Estado en resguardo de las fuentes de trabajo mediante el mantenimiento del mercado interno. Debemos profundizar el rumbo y avanzar sobre el sector financiero y fiscal, a través de impuestos a las transacciones financieras y una reforma impositiva”, finaliza el titular de Apyme.
Según el economista e historiador Mario Rapoport (ver nota relacionada), el terreno está maduro para profundizar la relación comercial, pero también productiva. Se diría que el desafío pasará, entonces, por generar protocolos industriales capaces de alentar la aparición de cadenas de valor que abarquen los tejidos sociales de Brasil y Argentina. Un primer anillo que, paulatinamente, debería extender a todo el Mercosur y la Unasur.
