El complejo ajedrez de la diplomacia

En las recientes tres reapariciones de Fidel se le volvió a dar el trato de Comandante en Jefe, no el simple "compañero" con el que firma sus "reflexiones". (AP)
En el caso de los llamados “prisioneros de conciencia”, cada paso dado tuvo su correlato público o reservado, según las necesidades de La Habana.

El ministro de Asuntos Exteriores español, Miguel Ángel Moratinos, lo celebra como un triunfo propio, la Iglesia Católica cubana hace lo mismo y la disidencia interna en la isla también. Desde afuera, por derecha e izquierda, dicen que la revolución se debilita y el gobierno cubano mantiene un mutismo que algunos creen claudicación.
Este breve relato del estado de cosas que generó la liberación de un grupo de opositores presos en Cuba alcanzaría para entender sólo un fragmento de la realidad cubana que suele ser más compleja de lo que hasta sus amigos sostienen. Esto es así porque sus dirigentes, empezando por Fidel y Raúl Castro, hacen de la diplomacia un enorme juego de tablero. No en vano José Raúl Capablanca, “la máquina del ajedrez”, es venerado casi como un prócer y el torneo que lleva su nombre es uno de los más importantes del mundo.
Los movimientos, el silencio, la espera y la paciencia, son virtudes que los dirigentes cubanos han sabido cultivar. En el caso de los llamados “prisioneros de conciencia”, cada paso dado tuvo su correlato público o reservado, según las necesidades de La Habana. Hasta se logró que Elizardo Sánchez, presidente de la opositora Comisión de Derechos Humanos, declarara que “Cuba alcanzó la cifra más baja de presos políticos de los últimos 50 años”.
Mientras los primeros liberados arriban a Madrid, van saliendo a la luz algunas de esas movidas. Por caso, el Departamento de Estado (DE) acaba de reconocer que el cardenal Jaime Ortega visitó Estados Unidos en junio. Este viaje, aun cuando Ortega asegurara que las conversaciones con el presidente Raúl Castro eran sobre “cosas de cubanos”, revela que la decisión de liberar a los prisioneros conlleva una intención de mayor relevancia que el abandono de la “posición común”, por parte de la Unión Europea. ¿La libertad de los cinco agentes cubanos encarcelados desde hace más de una década en cárceles estadounidenses? Nadie lo afirma de manera oficial, pero para Julia Sweig del Consejo para Relaciones Exteriores, entidad que asesora a la Casa Blanca, “hay cierto paralelismo interesante con el reciente intercambio de espías entre EE. UU. y Rusia” y que “con buena diplomacia y voluntad política, es posible imaginar una solución en el horizonte”, más aún si en futuras negociaciones se incluye a Alan Gross, un contratista del DE detenido en Cuba cuando distribuía material de comunicaciones a grupos civiles, y que podría ser moneda de canje.
Los trebejos se corrieron de sus casilleros y el próximo turno no está en la Plaza de la Revolución, pero los contactos bajo la superficie continúan y así lo ha declarado el vicecanciller de Barack Obama, Arturo Valenzuela, quien reconoce que hay “diálogo fluido sobre temas migratorios” además de ciertos acuerdos comerciales en productos agrícolas. Lo que Valenzuela omitió decir, es que el Congreso de su país tiene en estudio un proyecto para levantar las restricciones a los viajes de los estadounidenses a la isla y el mismo Obama ha prorrogado la suspensión de la ley que sanciona a empresas de EE.UU. que comercien con Cuba.
Son gestos que responden a otros y pueden ser caras de la misma moneda: la necesidad de desahogo que la economía cubana está necesitando con urgencia. Le urgen unos 10 mil millones de dólares como fondo de emergencia. De lograrlos, debería realizarse el VI Congreso del Partido Comunista a mediados del 2011, en donde se presentarán las reformas estructurales en las relaciones de producción y políticas que garanticen mayor participación popular, cuestiones que surgieron de los tres millones de opiniones recogidas en foros de debate, a los que el propio Raúl convocó a poco de asumir la presidencia.
“¿Viste la tercera parte de Duro de matar ?”, comenta un joven a otro, con el clásico humor habanero, sobre la reaparición pública de Fidel Castro. En el mismo instante en que Moratinos y Ortega declaraban exultantes que liberarían a los confinados por razones políticas, Fidel visitaba el Centro Nacional de Investigaciones Científicas. Se trata de la primera salida más allá de los límites del barrio de Jaimanitas, donde tiene su residencia, en casi cuatro años desde su enfermedad, pero fue mantenida en secreto hasta un par de días después, cuando se dio a conocer el resultado de las negociaciones por los reclusos. De haberse hecho de otro modo, una noticia habría opacado inmediatamente a la otra.
Hubo una tercera aparición del veterano líder, televisiva, en donde se lo vio lúcido. Ahora paseó por el Acuario Nacional y después se reunió con los funcionarios de la Cancillería cubana. En todas se le volvió a dar el trato de Comandante en Jefe, no el simple “compañero” con el que firma sus “reflexiones”.
Señales que, con uniforme o sin él, dejan en claro que continúa cerca del poder y cada paso tiene su aval o al menos, cauto, no hace notoria su oposición.

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