El cura con nombre de emperador continúa zafando de los barrotes

Año 3. Edición número 122. Domingo 19 de septiembre de 2010
Grassi fue condenado el año pasado por el tribunal de Morón. Esta semana la Cámara de Casación bonaerense confirmó la sentencia. (TELAM)
Le ratificaron a Grassi una condena por abuso, pero igual seguirá libre.

Es el peor pecado con el que se puede acusar a un sacerdote”, rumiaba Julio César Grassi el jueves pasado en el programa Estado de situación, conducido por Eduardo Feinman en el canal de noticias C5N. Dos días antes, la Cámara de Casación de la provincia de Buenos Aires había ratificado la condena de 15 años de prisión por “abuso sexual y corrupción agravada de menores” y rechazaba todos los planteos y recursos de la defensa del cura. El fallo fue unánime por parte de los tres jueces de la Sala II, Carlos Mahiques, Fernando Luis María Mancini y Jorge Celesia. Confirmaba la decisión del Tribunal Oral Nº 1 de Morón que condenó a Grassi el 10 de junio 2009.
Esa noche el cura durmió en una quinta llamada La Blanquita –de 7.200 metros, pileta olímpica, cancha de tenis– ubicada en Hurlingham, frente a la Fundación Felices los Niños. Al mismo tiempo, abogados y especialistas en derechos de niños se preguntaban como podía ser que no se lo haya arrestado y siga libre sin que nadie controle sus movimientos. La prisión morigerada –sin permanencia en la cárcel– de la que goza le permite visitar el hogar y estar en contacto con los chicos.
El viernes, la fiscalía y los abogados querellantes de la causa pidieron ante el Tribunal de Morón que se haga efectiva la prisión. “Lo importante a remarcar es que la condena es irreversible”, explicó a Miradas al Sur Juan Pablo Gallego, representante de Ezequiel. “Casación –dijo– es el único órgano judicial que revisa los hechos y pruebas del juicio oral y ya no se puede volver a debatir en tribunales superiores.”
La Cámara de Casación ratificó el fallo de primera instancia pero declaró como “formalmente improcedente en esta instancia la solicitud de detención” formulada por la fiscalía. La decisión de los camaristas se basa en artículos de tratados internacionales que defienden el derecho de la persona a apelar su condena hasta agotar todas las instancias. “Al declararse incompetente se coloca la situación en un limbo jurídico que se va a destrabar si el tribunal de Morón hace firme la sentencia, porque fueron ellos los que lo condenaron. Si responden de forma negativa recurriremos a la Cámara de Garantías de Morón. Estamos ante un pedófilo peligroso que en cualquier lugar del mundo estaría detenido, pero Grassi siempre fue privilegiado por maniobras de su entorno y hoy está gozando de un beneficio insólito, no hay ningún argumento para que esté libre”, advirtió Gallego.
El abogado es integrante del Comité Argentino de Seguimiento y Aplicación de la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño (Casacidn); está “contento” con el fallo, pero pide la prisión efectiva de Grassi. “Es una grosería extrema –revela su directora ejecutiva, Nora Schulman–. Nadie sabe por qué no está preso alguien que tiene sentencia firme y se está paseando por todos los canales de televisión, pidiendo plata.” Tampoco encuentra explicación a la libertad del cura mediático. “Lo único que veo es un acuerdo de dos grandes corporaciones, una connivencia entre la Iglesia y la Justicia”, opina Schulman. Y agrega: “De ser necesario nos vamos a presentar ante la Suprema Corte bonaerense”. En caso de confirmar su sentencia, la Iglesia adelantó que lo apartará del ejercicio sacerdotal.
A Grassi se lo condenó como responsable por el abuso sexual de Gabriel por “tocamientos y prácticas de sexo oral” durante noviembre y diciembre de 1996. “Pero se dejó afuera a Luis y Ezequiel, que tuvieron el valor y la valentía de denunciar y ya perdieron 8 años de su vida en este tema”, concluye la especialista en minoridad. Los testimonios de los dos chicos, a quienes siempre se les reservó la identidad, no se tomaron como pruebas en primera instancia ni en Casación.
El escándalo se había originado en octubre de 2002 por un informe televisivo. Lo trasmitió Canal 13 en el programa Telenoche Investiga. Fue Miriam Lewin la que presentó la investigación “Yo, Grassi”. Ahí los testimonios de los menores denunciaban que el sacerdote Grassi los tocaba y abusaba sexualmente de ellos. El juicio duró nueve meses y pasaron por él más de 130 testigos. El creador de la Fundación Felices los Niños resultó absuelto de quince hechos –la querella pedía 37 años– y acusó a Lewin de haber armado una causa en su contra. “Me llama la atención que siga libre”, comentó la periodista a Miradas al Sur. “Creo que hay dos tipos de justicia, una para el que tiene los recursos para pagar los estudios de abogados más cotizados y otra para las personas privadas en libertad de las cárceles argentinas sin condena”.
“El error de los medios fue defenderlo desde el principio –cuenta Lewin–. Y la cuestión ética se agrava, ya que es una persona que cometió delitos contra menores y encuentra un lugar en los medios para propagar su discurso”. Remarcó también la violencia psíquica para las víctimas de que un abusador esté en televisión. “Ellos se resguardan porque les resulta muy doloroso todo”, contó.
El psiquiatra y psicoanalista Enrique Stola fue el que atendió a dos de los chicos denunciantes. “Un cura amigo me explicó lo que haría en el caso de estar acusado de un delito de esa categoría y me dijo algo muy clave: ‘Primero vería que pasó con los chicos, como están’. Grassi jamás se preocupó por los nenes, sólo sale a defenderse como si él fuese la víctima”, comenta a este diario Stola.
“¿Hasta cuando tendrá fondos para seguir pagando estos estudios de primer nivel, si después peregrina por los medios con Raúl Portal hablando de la falta de recursos que tiene su fundación?”, se pregunta Lewin. Uno de sus abogados fue Jorge Sandro, defensor de Gregorio Ríos, ex jefe de la custodia de Alfredo Yabrán, condenado por el asesinato de José Luis Cabezas.
Hoy, el cura con nombre de emperador romano puede entrar al hogar y estar en contacto con los chicos, supervisado por una monja que él puede designar. Pero puede hacerlo únicamente en horario diurno. “Cómo si los delitos sexuales se cometieran sólo de noche”, se queja Stola. El psicoanalista remata: “El pedófilo no se recupera, es siempre reincidente y la sociedad entera tiene pendiente una reflexión sobre qué hacer con estos delincuentes sexuales”.

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  • El fiscal general adjunto de departamento judicial de Morón, Alejandro Varela, pidió al Tribunal Oral Criminal la detención del sacerdote Julio Grassi por violar las condiciones que la Justicia le impuso tras la condena.
    “La fiscalía solicitó que se tome declaración a la periodista Romina Manguel, por una nota realizada por ella en el diario La Nación, donde el abogado Fernando Burlando habría manifestado haberse reunido con Grassi en la sede de la Fundación Felices Los Niños”, explicó el funcionario.

  • Grassi va a repetir sus errores.” Un hombre anciano y vestido de traje pronunció esas palabras el 10 de junio de 2009, a la salida de los tribunales de Morón. Casi nadie escuchaba su discurso. La atención de los periodistas aquel día estaba puesta en el propio Julio César Grassi, que acababa de ser condenado a quince años por abuso sexual de menores, pero seguía en libertad por una inexplicable benevolencia de los jueces.

  • La investigación por el asesinato de Candela Rodríguez amenaza con volverse un campo de batalla para dirimir la interna judicial de Morón. El miércoles pasado, cuando la imagen del cura condenado por abuso empezó a circular en los medios, varios se agarraron la cabeza al estilo Tano Pasman, aquel hincha de River cuyo único mérito fue putear de manera estruendosa.

  • Ricardo Alberto Barreda es el protagonista exclusivo de una historia criminal y penitenciaria que deja en evidencia las contradicciones argentinas respecto de la justicia, la seguridad y las relaciones familiares. Desde distintos principios ideológicos o morales se dice de Barreda lo blanco y lo negro. Lo cierto es que el mediodía del domingo 15 de noviembre de 1992, en la ciudad de La Plata, este dentista reservado, de mediana estatura y lentes para miopía, asesinó con una escopeta calibre 16.5 a toda su familia: esposa, dos hijas y suegra.

  • En el principio de esta trama, cuando Candela Sol Rodríguez aún era buscada por unos 1.600 policías, el ministro de Justicia y Seguridad, Ricardo Casal, solía prestarse con beneplácito a la requisitoria periodística, al igual que el jefe de la Bonaerense, comisario Juan Carlos Paggi, y el fiscal general de Morón, Federico Nievas Woodgate. Pero tras el hallazgo del cuerpo sin vida de la niña en un descampado de la avenida Vergara, todos ellos se llamaron a silencio. Ahora, en cambio, la voz cantante del caso la tienen los abogados.

  • “Pero al que escandalice a uno de
    estos pequeños que creen en mí,
    más le vale que le cuelguen al cuello
    una de esas piedras de molino que
    mueven los asnos, y le hundan
    en lo profundo del mar”.

    (Jesús, en Mat.S 18: 6)

    Le entregué mi hijo a ese cura como si se lo estuviese entregando a Dios’, recordó Aparecida da Silva, madre de un niño que había sido violado por el sacerdote brasileño Tarcisio Tadeu Sprícigo”.