Esta semana, por fin, comenzó a debatirse en la Comisión de Legislación Penal del Congreso de la Nación, el proyecto de legalización del aborto sin más requisitos que la voluntad de la madre y el límite de 12 semanas de gestación, como lo establece la Organización Mundial de la Salud. Desde hace meses se esperaba que el tema fuera tratado ya que hay tres proyectos en el Senado, pero el honor lo tuvo la Cámara baja.
Para algunos fue el comienzo de un hecho histórico, para otros, apenas un gesto. La jornada se llevó a cabo en el último día legislativo del año y, después de tanto tiempo, hay que seguir esperando, como mínimo, hasta el período 2011.
“Por lo menos empezaron y se comprometen a seguir discutiendo el año que viene. Eso es bueno. Pero, es una demostración de interés, no más que eso”, opina Mabel Bianco, que dirige la Fundación para el Estudio y la Investigación de la Mujer (Feim) y trabaja en la temática género y salud desde los ’70.
Bianco, por ahora, es pesimista respecto de la suerte del proyecto. “Se va a discutir pero no se va a avanzar –adelanta–, me parece que no hay decisión política. La voluntad que el Gobierno tuvo para el matrimonio igualitario no la expresó en este campo. Y la voluntad de miembros aislados de distintos partidos no alcanza”, reniega.
Para peor, los logros obtenidos no consiguen afirmarse. “Hay casos que se pueden atender y no se atienden. Hay que estar encima del Ministerio de Salud de la Nación y de los provinciales, todos firmaron en el 2004 un acta compromiso para disminuir la mortalidad materna que incluía la atención del aborto no punible”, recuerda Bianco. Sumado a ello, la ley de Educación Sexual promulgada no se ha implementado hasta ahora.
No saber de qué se trata. El aborto no punible es un tema sensible pero no complejo, al revés de lo que supone el sentido común. Y como éste hay múltiples ejemplos de concepciones erróneas que abonan la confusión. La ignorancia ha hecho bastante para que la legalización del aborto siga estancada. El resto, corrió por cuenta de medios privados e Iglesia.
Primera aclaración. Esta no es una discusión a favor o en contra del aborto. Porque ni quienes plantean legalizarlo lo promueven, ni quienes dan la vida porque siga siendo ilegal lo evitan.
Segunda aclaración. Tampoco se trata de grupos católicos, solamente. “Hay muchos grupos religiosos y conservadores infiltrados en distintos estamentos. Desde la cúpula sindical y empresarial, hasta partidos políticos y muchísimos otros, hay más conservadurismo, resistencia y pacaterismo en este país de lo que uno imagina”, afirma Bianco.
El martes, en la puerta del edificio Anexo del Congreso, los denominados “grupos católicos” que pugnan por penar la práctica, gritaban “asesinos” a los que se manifestaban a favor de la legalización, que, a su vez, contestaban lo mismo. Los primeros acusan a los segundos de asesinar bebés, y éstos a aquéllos de asesinar mujeres. En el imaginario antilegalización, el derecho del “niño por nacer” prima sobre el derecho de la madre a elegir. Para el imaginario opuesto, la prohibición arriesga la vida de las mujeres.
Tercera aclaración. A cargo de Bianco: “No hablamos, aunque también está, del derecho de las mujeres y su cuerpo, etcétera, sino del derecho a la vida, las mujeres se están muriendo o enfermando gravemente”.
En la Argentina, el aborto es la principal causa de muerte materna. Se cree que son entre 500 y 600 mil los abortos que se practican por año y en la última década causaron casi el 30 % de las muertes. Causan “el 40 % de las muertes de mujeres de 20 a 29 años y el 31, de las menores de 20”, llegando al 45 % entre las que no cumplieron los 15 años, dice un informe del Cefiec (Centro de Formación e Investigación en Enseñanza de las Ciencias-UBA). Y también dice que según “el registro no oficial, cada día unas 350 mujeres interrumpen su embarazo”.
Un estudio del Ministerio de Salud y la Sociedad de Ginecología y Obstetricia, encontró que en Capital Federal, “por cada muerte materna registrada, hay otras dos. Fueron 300 fallecimientos en un año que se pudieron evitar, más todas las enfermedades graves que quedan. No es un tema para tratar en abstracto. Puedo tener convicciones, religiosas, ideológicas, muy profundas, pero tengo una situación así con una hija mía y, a lo mejor, cambio totalmente”, explica Bianco.
Globalizados. En el mundo, el aborto es legal en 117 países. El 74% de la población mundial. Totalmente legal en 50 países. Requiere fundamentación en 14. Y en los otros 53 Estados se permite sólo en casos seleccionados.
Cuarta aclaración. La experiencia mundial desmiente que la legalidad haga aumentar la cantidad de abortos, tanto como que la penalización la reduzca. Bianco señala una relación que sí es evidente: la ilegalidad y la muerte, “en los países en que es ilegal hay más muertes”.
Entonces, no está en discusión abortar o no, ni la prioridad de los derechos, ni la vulnerabilidad de los protagonistas. “La ley va a permitir que la gente que se vea en una situación horrible, que espero que nadie tenga que pasar, pero muchísimas familias la viven, por lo menos no esté obligada a poner en riesgo su vida”.
La prohibición no evita que los índices de aquí dupliquen a los de países en donde está permitido, pero es responsable por los niveles de mortalidad que provoca. La cantidad de casos señala la existencia de una necesidad concreta. La ilegalidad permitió a la pujante actividad clandestina del aborto desarrollarse en las bondades del libre mercado pero a salvo del control estatal y cualquier exigencia de calidad. Así, el problema recae sobre los mismos de siempre, porque mueren las que no pueden pagar los servicios médicos y terminan en cualquier lado. Mueren las pobres. “Como, por lo general, son mujeres que tienen hijos chiquitos, dejan en banda una familia, esa muerte es una tragedia, y no tiene valor económico, sino social, psicológico, humano, inmensos”, alerta Bianco.
Quinta aclaración. El argumento de los antiabortistas, que fundamenta la primacía de su postura en la vulnerabilidad del que dicen defender, cuanto menos, está en duda. Eso no quiere decir que no haya conflicto de intereses entre dos derechos, el de la mujer y su familia y el del por nacer, pero “que cada uno resuelva ese derecho por sí, no siempre comprometiendo la vida de la mujer y del grupo familiar. En muchos casos hay conflicto y, sin embargo, la ley no se paraliza, deja abierta la posibilidad de que cada uno elija cuál derecho hace primar”, concluye Bianco. Al menos que para eso sirva este debate, para aclarar las cosas.
