El deporte en el año del Barça

Año 4. Edición número 189. Sábado 31 de diciembre de 2011
El mejor de la historia. El Barcelona de Messi ganó todo. Para muchos, insuperable./Dulce y amargo. El 2011 fue el año del amargo descenso de river y el campeonato de boca. El atletismo y basquet en la cima.
El equipo de Guardiola, arrasando todo en la historia, permite un recorrido por los momentos de la agenda 2011.

El mundo deportivo mira al Barcelona y a Lionel Messi. El equipo y el jugador emblema que abonaron como pocos en la historia eso de que la efectividad y la belleza del fútbol son complementarias, no paran de hacer historia. “Pienso en el Huracán del ’73 o del ’76 y veo al Barcelona, es el mismo juego”, soltó hace unos días el Pitón Osvaldo Ardiles en TyC Sports. Barcelona no inventó un estilo de juego, pero reabrió las puertas a una forma de entenderlo en un momento justo, cuando estaba tapado por los lugares comunes, esos que suponen que efectividad y belleza no van de la mano, como si los Beatles no hubiesen vendido millones de discos, como si los libros de Galeano no se agotaran en las librerías o como si Federer no ganara ningún Grand Slam.
El Barça multicampeón (y a la vez poderoso, humilde, trabajador, impactante, soberbio y destellante) es el equipo de 2011. Ningún equipo de ninguna actividad lo superó. Algunas voces de periodistas argentinos, históricamente abrazados a la ponderación de lo físico por sobre lo futbolístico, de lo utilitario sobre lo bello, o del amor por la defensa disfrazado de táctica, buscan argumentos por todos lados para negar al equipo catalán. Y no los encuentran.

Generación. Pero el Barcelona no fue único de 2011. El 10 de octubre de 2010, el periodista inglés John Carlin y el psicólogo argentino Carlos Pierini compartieron firma en un artículo del diario español El País. Hablaban del paso de Maradona por el seleccionado de fútbol: “El fracaso de Maradona en el Mundial fue el espejo del fracaso de Argentina como país. Por un lado, una falta de rigor y humildad en la planificación; por otro, un derroche de los recursos disponibles”, afirmaban. Seguramente Carlin y Pierini estarían lejos de Mar del Plata en septiembre pasado cuando el seleccionado de básquet logró la clasificación para los Juegos de Londres. Ahí estuvo el cabal ejemplo del rigor, de la planificación y el provecho de recursos para un objetivo deportivo común. Una generación de jugadores argentinos que logró convertirse en el mejor equipo de conjunto de la historia del país, con jugadores determinantes e irrepetibles. Luis Scola y Emanuel Ginóbili son los que representan a un equipo irrepetible y tiran por tierra las teorías de Pierini y Carlin.
En esa misma nota, se preguntaban: “¿Hay alguna relación entre el futbolista y el peronismo? Sí, cuando se eligen entrenadores, presidentes o sistemas de características populistas, autoritarias y con pocos pies sobre la tierra, el resultado es el fracaso. ¿Dónde ha quedado la famosa Justicia Social proclamada hasta el cansancio por el peronismo que ha gobernado la mayor parte del período democrático instaurado en 1983?”. Carlin y Pierni tampoco deben haber estado cerca de Guadalajara, México, para ver cómo Braian Toledo tiraba la jabalina a 79,53 metros y convertía esa marca en récord argentino y en medalla de bronce para el deporte nacional. El juvenil es producto de su propio talento y esfuerzo; compartía una habitación con su madre y sus dos hermanos cuando empezó a lanzar. Hoy es el deportista argentino de mayor proyección en años. Su trampolín al alto rendimiento fueron los Juegos Evita y los Juegos Juveniles Bonaerenses. Además de la medalla de bronce de Toledo los deportistas argentinos trajeron 150 Medallas de México. 75 fueron de atletas convencionales y 75 de discapacitados. Estos últimos, a pesar de redoblar los esfuerzos para llegar a México, no tuvieron cobertura alguna de la TV en la competencia. En el caso de las señales comerciales de cable es un tratamiento tradicional no dar espacios de difusión al deporte paraolímpico. La ausencia es llamativa en las señales estatales, específicamente la TV Pública, donde no existió ni un flash informativo en referencia al rendimiento de los deportistas en Guadalajara.

Para todos. No obstante, el deporte ganó lugar en la grilla de Canal 7 a pasos agigantados. El 25 de febrero, Cristina Fernández lanzó oficialmente el programa Deporte para Todos en la Casa Rosada, mediante el cual los eventos deportivos de interés general pasaron a verse por canal de aire. Fue un regreso a lo que sucedía con estos eventos en la década del ’80; la Presidenta remarcó que “es una deuda que teníamos con el pueblo”. Resultó llamativa la presencia de los directivos de Torneos y Competencias allí, lo mismo la de Enrique Macaya Márquez, el comentarista que había asegurado a principios de 2009 una probable “desafiliación de la Fifa” si el Estado intervenía en la televisación del fútbol. El 29 de julio, la AFA rompió unilateralmente el contrato Trisa S.A. (TyC Sports) y sumó el Nacional B a la televisión abierta. Torneos y Competencias (parte accionara de Trisa junto con el Grupo Clarín) fue quien aportó sus periodistas y algunos de sus técnicos a las televisaciones del Nacional B y avanzó sorpresivamente sobre Fútbol para Todos.
La televisación del Nacional B en la TV abierta llegó a partir del arribo de River a la división, luego de perder la promoción con Belgrano el 26 de junio. El equipo que dirigía J. J. López pagó por varios errores, pero el costo mayor fue la pérdida de su identidad. La administración Aguilar, un progresista de manual que cautivó al fútbol con un discurso de izquierda pero con billetera a la derecha, dejó caer las divisiones inferiores, trianguló pases millonarios al exterior y se olvidó qué era River. Esto fogoneó la aparición de hinchas jóvenes propensos a ser más hinchas de la hinchada que del equipo, que se olvidaron del paladar negro y aplaudieron a figuras como Danilo Gerlo y Cristian Fabbiani. Daniel Passarella, una vez en la presidencia, no supo sacarlo del fondo, más bien hizo la misma que hacía como jugador y entrenador: murió con las botas puestas y nunca pidió ayuda.

Uno. El próspero empresario Daniel Vila, quien en 2009 había comparado a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual con la dictadura, creyó que el descenso de River era momento para “democratizar la AFA” y se lanzó al sueño por el que venía remando. No necesitó hablar mucho, sólo se metió en el cuerpo de Alejandro Fantino. Claro que la ambición le quedó grande: no pudo convencer ni al principal enemigo de Grondona en ese momento, Daniel Passarella. Eso sí, hizo una actuación histórica sobre tablas en la puerta de la AFA el 18 de octubre, que incluyó un llamado desde adentro que lo proclamaba como presidente y otro de su pareja, Pamela David, que le avisaba que estaba lista la cena. A la hora, Grondona bajó ganador y también golpeado por el paso del tiempo.
Horas antes de las elecciones, América TV, el canal de Vila, publicó una cámara oculta que Carlos Ávila, aquel de la idea de Torneos y Competencias, le había hecho a Don Julio, quien a su vez había permitido que la idea del productor paraguayo creciera, al parecer, a cambio de unos cuantos millones de dólares. Fue la primera vez que un empresario se hacía una denuncia a sí mismo. Grondona, engañado, hablaba de la “plata negra” que recibía de Clarín y de la complicidad en el negocio con los directivos de Torneos. No tuvo más apariciones públicas.

Campeón. Boca, por su parte, enderezó el barco. Luego de un Clausura en el que fue un espectador del título de Vélez, puso rumbo fijo en la pretemporada de Brasil. Allí, mientras se difundía un video grabado de un celular de los jugadores bailando en una disco, estos arreglaban las diferencias. Días antes, la partida de Palermo había dejado el lugar para acabar con las internas. El Titán se retiró estando quinto en la tabla de goleadores histórica del fútbol argentino y el máximo en la historia de Boca. Había arrancado de arquero en inferiores de Estudiantes. Le dieron la nueve a los doce años y de ahí no paró.
Sin él, Riquelme encontró las condiciones, en el vestuario y en la cancha, para conducir a Boca al campeonato. Jugó poco más de la mitad del torneo y fue reemplazado por Cristian Chávez, que lo hizo en ocasiones mejor que él. Pero el equipo remontó de la mano de Román. Esto, sumado a la solidez defensiva y el equilibrio en el vestuario aportado por Schiavi, llevaron al equipo de Falcioni al título en un campeonato de los más pobres que se recuerden.
El equipo que lo intentó seguir de cerca fue Racing. Diego Simeone, su ex técnico, es un amante de lo europeo. Lo denotan la forma de parar los equipos, la manera de planificar los partidos, inclusive su modo de vestir. Su regreso a la Argentina estuvo rodeado de romanticismo, ya que volvía a jugar al club del cual había sido hincha y socio. Apenas se fue el técnico que lo estaba dirigiendo, Teté Quiróz, ya tenía puesto el buzo de entrenador. A los meses fue despedido y recaló en Estudiantes. Estaba casi en la misma situación que Racing tenía con Boca en este campeonato. Pero el equipo de La Volpe se deshizo y el Pincha llegó al campeonato en el desempate. Ya con el título, River parecía ser la oportunidad de su vida. Y con la rapidez de un rayo se mudó a Núñez. Fue campeón del Clausura 2008, último campeonato que ganó el club, y Ortega fue figura, un futbolista que intentó reemplazar de todas las maneras posibles. Cuando se fue de Núñez, el equipo estaba último y había sufrido una humillación histórica en San Lorenzo en la Copa Libertadores. Marcelo Tinelli lo llevó al club de Boedo. Su paso no dejó mucho: el resultado está a la vista. Su regreso a Racing lo marcó por el poco diálogo con el plantel y su miedo al juego ofensivo. No le va a venir mal su regreso a Europa; en línea con su admiración con el Viejo Mundo, quizá pueda contagiarse del Barcelona, acaso el mejor equipo de la historia.

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  • Un repaso por las figuras, sobre todos aquellas emparentadas con el buen juego, transforman el Clausura Néstor Kirchner en un torneo prometedor, o al menos algo más que los anteriores. El hecho de que de los dos grandes haya uno comprometido como nunca antes en un probable descenso y otro que –a pesar de la brisa veraniega– también tenga la obligación de sumar, es un escenario inimaginado un tiempo atrás.

  • Jugado­r de gran talento, hombre culto, medido y de bajo perfil, pasa a ocupar un puesto que quema.

  • No es intención de esta nota bajar línea sobre la escrita por el periodista inglés John Carlin y el psicoanalista argentino Carlos Pierini y reproducida con entusiasmo por diarios y varios medios del país. Sí es intención, entender la (rápida) capacidad que existe para estandarizar los ejemplos y mezclar todo con vehemente facilidad, cuando se trata de contar un país desde el deporte. Y, sobre todo, cuando en medio de esto está Maradona.

  • Antes de que el marketing deportivo tuviera espacios en el subte y en la TV, ya había tipos que estaban en tema. Alberto J. Armando dijo a mitad de los ’60 que Boca era la “mitad más uno” del país. Nunca registró el slogan, de lo contrario hubiese cobrado un buen dinero. De hecho, pasaron 45 años y a ningún publicista se le ocurrió una manera mejor de definir la popularidad de Boca. En esa misma época, el Puma vio que había mucho tiempo entre la finalización de un torneo oficial y el arranque del siguiente, y visualizó en la Costa el lugar para jugar al fútbol en verano.

  • Apenas cinco meses y cinco días de vida tenía Juan Sebastián Verón cuando River Plate se quitaba de encima aquella otra mufa de su historia, que por 18 años le había negado la consagración. El ex club millonario se daba el lujo de tener en el banco al exquisito Alejandro Sabella y, casualmente, obtuvo ese campeonato del ’75 relegando al segundo lugar al Estudiantes de Juan Ramón Verón. Como la Bruja, Pachorra y la Brujita dejaron su marca en Estudiantes. Y en el fútbol argentino y en el inglés.

  • Carlos Santoro, el Sapo, veía que las cosas se estaban complicando. Julio Grondona y su ladero, Eduardo Deluca, recorrían con una carpeta los pasillos de los canales de aire, tratando de ubicar un producto que no seducía, el fútbol. Para ellos era imprescindible que estuviese en el marco del crecimiento que iba a tener la TV. Corría 1985, Argentina todavía no estaba clasificada al Mundial y el técnico era Bilardo.